viernes, 16 de octubre de 2009

Hasta que se hizo justicia: Luz y Fuerza del Centro de patitas a la calle!!

El pasado fin de semana sucedió lo inesperado (tanto o más insólito como el retiro de los fishers de Reforma): por decreto, se liquidó a la Compañía de Luz y Fuerza del Centro (LFC), ese nido de haraganes que no hacían más que engrosar las filas de malos servidores públicos del país, una verdadera vergüenza regional.

Y lo digo con conocimiento de causa, como una usuaria agradecida ante el acto de justicia finalmente registrado, porque varias veces nos tocó padecer los abusos, la prepotencia, el ‘vale gorrismo’ y los cobros indebidos de tan poco redituable negocio.

Uno se veía en la penosa necesidad de interactuar con esa mafia cuando no llegaba el estado de cuenta a tiempo. Eso implicaba que el pago debía hacerse en las oficinas de LFC, ya no en los bancos. Ah, y sólo en el local cercano al domicilio, porque no importaba que uno tuviera una oficina de Luz y Fuerza de camino a la oficina: su cerrazón era tal y sus bases de datos – si es que existían – tan deficientes que no aceptaban el pago si no correspondía zona; así de burocrático era el procedimiento.

Ahí iba uno a hacer fila desde las 7 o 7.15 hrs., aun cuando la apertura de los locales es a las 8. La fila crecía y crecía, y cuando daba la hora y uno pesaba que todo se iba a agilizar, nada, porque abrían alrededor de 15 minutos después.

La puerta se abría, uno entraba en orden, subía las escaleras y volvía a pensar que pronto saldría del trámite… pero nada, aunque ya estaba al interior de la oficina no había quien atendiera, porque los fulanetes iban llegando a las 8.30.

Aparecían al fin, uno volvía a hacerse ilusiones de pronto pago, veía que se acomodan en su respectiva caja y… oh sorpresa, después de ‘checar tarjeta’ y saludar a los cuates, se salían a desayunar, ya fuera salir y comprar algo o de plano darse a la fuga otra media hora. Total que de 6 u 8 cajas no funcionan más de una o dos.

Cuando llegaba el turno, en lugar del ‘buenos días’, los personajes lo recibían a uno con la típica actitud prepotente, amargada y resentida que sólo respalda un sindicato, esa que no conoce los conceptos ‘calidad’, ‘eficiencia’ y ‘atención al cliente’ porque sabe que su permanencia laboral es intocable.

Eso suponiendo que uno iba por lo del pago, pero si era por algo ‘más complicado’ como cambio de domicilio y necesitaba ir a casa y regresar con otro documento, más valía haber llegado a más tardar a las 7.30 o mejor regresar otro día, porque como en concreto lo venían atendiendo a uno alrededor de las 9, 9.30 de la mañana, la vuelta podría ser infructuosa porque cerraban a las 14 hrs. el changarro.

Y a pesar de todo, ellos tenían el trabajo asegurado (igual que los profes, pues tal parece que una plaza de esas es vitalicia e incluso heredable a los descendientes. Y uno preocupándose por hacer su trabajo lo mejor posible para conservarlo…), con jubilaciones del 180% del salario a los 50 años de edad o menos (y uno tiene que esperarse a cumplir 60 y chutarse 30 de servicio…) y no pagan por el suministro de luz en su domicilio, cuántos colmos juntos!!

Por todo eso, qué bueno que el gobierno supo mover las piezas: lo hizo en sábado, con la noticia de la Selección de Futbol habiendo calificado para el Mundial y todo mundo festejando. Seguro hasta el domingo o incluso hasta el lunes que llegaron a las 8.30 a su lugar de trabajo, se enteraron esos parásitos de que su reinado había terminado.

Anden, malditos, ahora a padecer. Y que si no fue la forma adecuada para tomar las instalaciones, que si el gobierno hubiera negociado con los electricistas, etc… etc… nada cuenta: lo importante es que nos quitamos a esa lacra de encima, que ahora tiene el descaro de pedir el respaldo de la ciudadanía: sufran, infelices, y que el mismo sistema que los fabricó los haga pasar malos ratos como lo hicieron con nosotros, los usuarios.

Y que los demás sindicatos tomen nota, porque un día les llegará ‘su San Martín’: puñado de holgazanes…

viernes, 9 de octubre de 2009

La nueva era de los Juegos Olímpicos

En 1896 nacieron los Juegos Olímpicos modernos por iniciativa del francés Pierre de Coubertin, con los cuales se rescató la tradición griega de la competencia deportiva a gran escala. Casi cien años después, en Barcelona ’92, una nueva era en el olimpismo parecía anunciarse: la de las grandes ganancias, las magnas inauguraciones, los constantes escándalos por dopaje y la rapiña por obtener la sede olímpica.

En el caso de ‘los dineros’, se ha confirmado la máxima de que ‘con dinero baila el perro’, siendo Atenas el caso más claro; por obvias razones, se pensaba que sería la sede natural para albergar los Juegos Olímpicos del centenario. Pero entre que Grecia es un país atrasadón, que no contaban con la infraestructura necesaria (ni tiempo ni recursos para construirlos) y que Estados Unidos hizo sus gestiones políticas al más alto nivel en el Comité Olímpico Internacional (COI), Atlanta albergó los juegos de 1996.

Le siguieron Sidney 2000 (que por su ubicación geográfica ‘nos condenó’ a vivir de las repeticiones televisivas), Atenas 2004 (una sede otorgada ‘de perdis’, cuando concluyeron los trabajos iniciados para 1996) y, los más recientes, Beijing 2008 (sin comentarios, lo chino no es lo mío).

En cuanto a las sedes olímpicas, la cosa se ha convertido en verdadero asunto de Estado, tal como lo pudimos ver la semana pasada cuando Tokio, Chicago, Rio de Janeiro y Madrid contendían por la sede de 2016.

En Copenhague, a la espera del anuncio, estaban atletas de la talla de Michael Jordan y Pelé, sumados a personalidades como los Reyes de España, Zapatero, Lula da Silva y el mismísimo Obama, cada uno con ‘su santo’ (aunque creo que eso no debería contar del todo porque lo que se requiere son instalaciones deportivas y una gran capacidad logística, más allá de ‘los pesos pesados’ que intentan intimidar, perdón, convencer a los jueces que dan el visto bueno).

Yo soy partidaria de la planeación (incluso me declaro ‘planeadora extrema’) y creo que el lanzamiento anticipado de candidaturas para albergar los Juegos Olímpicos obedece a que así se puede tener todo listo a tiempo. Pero aun así, pienso que ir en avanzada dos ediciones es un exceso, y más si tomamos en cuenta que las que se postulan son ciudades ‘pudientillas’, o sea que no parten de cero.

En la sesión del viernes pasado, la ciudad ganadora fue Río, donde un factor decisivo fue el hecho de que hace décadas no se celebra una Olimpiada en América Latina, aunado a que Madrid quedaba fuera casi en automático porque la sede previa es Londres y tradicionalmente no hay ‘sedes consecutivas’ en el mismo continente, que Tokio estuvo un poco ‘apagadito’, y que Chicago no tuvo un arranque espectacular aunque los Obama quisieron hacer el sprint final.

(Nota al margen: no sé en qué momento Brasil ‘nos rebasó’ hasta en los deportes; tienen mejores combustibles, ya superaron la crisis, tienen una política exterior de miedo, etc… etc… etc… La respuesta es fácil: simplemente un caso de ‘querer es poder’…)

viernes, 2 de octubre de 2009

Nuevos impuestos: que se los pague su abuela

Con la propuesta económica 2010, no cabe duda que las autoridades ya abusaron: siempre somos los cautivos de los que se quieren colgar para sacar los recursos que les faltan. Y por cautivos me refiero a los asalariados, a los consumidores de bienes y servicios y a quienes generan estos últimos.

Concretamente haré referencia al impuesto de 2% generalizado al consumo que pretenden implantar, que para mi no es más que un IVA disfrazado que va a llegar para quedarse.

¿Se acuerdan que en la crisis derivada del llamado ‘error de diciembre’ de Ernesto Zedillo aumentaron el IVA del 10 al 15% como medida ‘temporal’ para aumentar la recaudación y con ello acelerar la salida del bache? 13 años después seguimos pagando el mismo 15%.

O el caso de la tenencia vehicular, que nació para generar recursos que financiaran los Juegos Olímpicos de 1968; 41 años después, año con año nos llega sin falta el requerimiento para hacer el pago correspondiente (y, curiosamente, aunque día a día el valor del auto se deprecia, la tenencia es cada vez más costosa…).

Y un ejemplo más: el del predial, que fue creado como medida provisional para que el gobierno renovara la flota pesquera del país… y ni se renovó nada ni se eliminó el impuesto.

Ante esos escenarios fiscales yo me pregunto, ¿porqué tenemos que pagar doble por lo que tenemos, porqué si ya pagamos un auto además debemos aportar una especie de renta anual, lo mismo que por tener un bien inmueble? Ahora qué, ¿también tenemos que pagar 2% como pago de un derecho a comprar o qué les pasa?

Si el gobierno federal necesita dinero, yo les propongo algunas medidas elementales para recortar gastos y así contribuir con la economía nacional:

- Suspender la construcción de edificios públicos. No es posible que en estos tiempos difíciles se continúe con la edificación de inmuebles como el del Senado, al cual veo crecer diariamente a pasos agigantados, sin detenerse por falta de presupuesto, como si actualmente no tuvieran las sedes de Xicoténcatl y El Caballito.

- Eliminar privilegios de mandos superiores. ¿Por qué las altas jerarquías del gobierno van a tener gasolina, comidas de lujo ‘todo pagado’, celular, vehículo oficial, chofer, etc… etc… además de un salario privilegiado? Dijeran los economistas que eso es ‘regresivo’, pues quienes deberían tener prestaciones para transporte y despensa son los que menos ganan. Como dijera una chica del trabajo, ‘Al momento de contratarte, ¿apoco te preguntaron cómo ibas a llegar a la oficina?’ Por supuesto que no!! Así que cada quien que pague lo elemental.

- Suspender la remodelación de edificios públicos. Tampoco concibo que contemplen partidas millonarias para continuar remodelando oficinas gubernamentales. Tal es el caso de SEDESOL, donde a pesar de que se necesita una ‘manita de gato’, se puede aguantar con lo que se tiene; en estas circunstancias, las remodelaciones son un lujo del que se puede (y se debe) prescindir.

- Homologar salarios entre funcionarios públicos. No sé si ustedes sepan, pero existen diversos tabuladores en el gobierno federal. Cada puesto tiene una clave (O para jefes de departamento, N para subdirectores, M para directores, L para directores generales adjuntos, etc…) y dentro de éstas las clasificaciones 1, 2, 3 y A, B, C. Es decir, los A1 son ‘los básicos’ dentro de la estructura y los C3 los más altos. Pero, ¿por qué las diferencias, por qué no respetar la máxima de ‘a trabajo igual, condiciones iguales’, por qué catalogar a los funcionarios como de primera, segunda, quinta y hasta de novena (de acuerdo a las combinaciones alfanuméricas) si cumplimos las mismas funciones aunque sea en distintas dependencias? Que dejen a todos con A1 para ahorrar.

- Suspender la renovación de plantas vehiculares institucionales. No veo la razón por la que el presupuesto deba incluir un monto para comprar vehículos nuevos: ¿qué pasa si un alto funcionario es trasladado en un auto del 2007 y no del 2009, qué diferencia existe entre hacer trabajo de campo en una camioneta del 2006 y no del 2010? No pasa absolutamente nada.

No conozco el texto íntegro de la propuesta económica (ni pienso hacer corajes adicionales leyéndolo), pero el documento no es más que una salida fácil al problema financiero que atraviesa nuestro país desde hace unos meses, una especie de ‘peor es nada’ económico que no parece aportar gran cosa a la nación.

‘Mangos’ con eso de que es para los pobres: será para ellos, sí, pero como una caridad y no como un instrumento para crearles mejores condiciones reales de vida, como un empleo digno que les permita superar su condición de pobreza. En pocas palabras, dejemos a un lado las limosnas de pescado y mejor enseñemos a pescar a esas personas.

Y si con nuevos impuestos pretenden salir adelante – o mejor dicho, no caer más profundo, porque lo que quieren no es terminar con el problema sino administrarlo a su conveniencia –, yo les digo con toda la cortesía del mundo: ‘Señores, que se los pague su abuela’.

viernes, 25 de septiembre de 2009

No más 'fishers' en Reforma

Nota: para mí, fisher es una expresión propia que alude al pesero, aquellos camiones que cobraban la tarifa de un peso, y he utilizado el término desde que estaba en secundaria (hace casi 20 años, uuuhh… jajaja). Pero jugando con el lenguaje, como en inglés fish significa pez, entonces fisher sería pesero, jajaja.

El primer paso fue Insurgentes, donde se dio lo que parecía imposible: de la noche a la mañana dejaron de circular por esa vía los cientos de microbuses que provocaban buena parte del caos (sumados a los valet parking y a los ‘vale-gorrín’ que de plano se paraban en el carril de extrema derecha sin límite de tiempo, emulando el ejemplo de los microbuses).

Qué maravilla, qué hazaña la de haber desalojado esa linda calle – la más larga de la ciudad – de tan infame plaga. Esa medida, aunada a la prohibición de quedarse en doble fila y con la introducción del metrobús como un servicio de transporte público decente (con todo y el ensardinamiento de las horas pico), mejoró para los usuarios de a pie y de auto el traslado de un extremo a otro de la ciudad.

Ante los resultados y tomando en cuenta su importancia y vistosidad, escogieron Reforma para continuar con la renovación vial. ‘Qué bueno’, dijimos, ‘no más fishers en Reforma’, con su música de mal gusto a todo volumen, parándose en cada esquina, frenando como si llevaran ganado, con una altura interior de 1.60-1.65 en la cual con trabajos quepo parada (ya se imaginarán cuando el pobre César los tiene que utilizar…), más las modificaciones que hacen para que entre toda una tropa, dejando unos asientitos de miniatura en los cuales de plano no cabe uno (y eso también es literal).

Adiós, malditos pes-cerdos, nunca más los tendremos que padecer por estos lares, qué bueno, por fin los van a borrar de la avenida, del mapa, ya no más virulencia vial, qué bueno!! Porque a mi juicio, ellos son los responsables de que la circulación en la ciudad se volviera un desorden, pues como nadie les aplicaba la ley, la ciudadanía se contagió de los mismos vicios: pasarse el alto, no dejar pasar a quien pone la direccional y dar ‘cerrones’, entre los más comunes.

Durante mi convalecencia, vimos por televisión las imágenes de la puesta en marcha de los nuevos autobuses: modernísimos, menos contaminantes, algunos con aire acondicionado, con la consigna de sólo detenerse en las paradas establecidas. ‘Qué bien va a estar eso’, afirmamos.

Inocentes nosotros: el primer día de oficina luego de la operación empecé a padecer el nuevo azote. Al salir del trabajo, me dirigí a la parada de autobuses, feliz de iniciarme en tan civilizada medida. Cual fue mi sorpresa que, al ver venir uno con todo y su letrero electrónico de primer mundo (que no les ha durado ni el mes porque ya les están poniendo los cartones con letras fluorescentes que usaban los desvencijados microbuses) y disponerme a subir, este se siguió, abarrotado de gente por todas partes. Y así otro, y otro, y otro, y otro más.

No menos de 10 minutos esperé para subirme a uno, y con el coraje adicional de que en las paradas la gente no hace fila, sino que es de ‘a ver quién gana’ y el apeñusque se puede poner rudo.

Ay, fishercito, cómo te extraño… (imagínense el grado de desbarajuste: ya para que les llore y les hable con cariño…): cuando circulabas por estos lares laborales me daba el lujo de escoger en cuál me quería subir, si tenía prisa llegaba en dos segundos y por un costo 66% menor al que pago ahorita por una chafez de servicio…

viernes, 18 de septiembre de 2009

Cerco gubernamental

Mi optimismo inicial ante esta crisis va decreciendo, y más ante la propuesta económica presentada por las autoridades fiscales de este país que, con tal de subsanar el déficit existente de 300,000 millones de pesos en las arcas públicas, han ideado una serie de sogas colectivas para exprimirnos hasta el tuétano.

Que si vamos a pagar 30% de ISR, que si habrá un impuesto de 2% generalizado al consumo, que si habrá una tasa para gravar el uso de celulares y de nuevo ronda el fantasma de extender el IVA a alimentos y medicinas.

Peor aun: como funcionarios públicos del gobierno federal, el palazo es mayor, porque pagamos las medidas generales además de las específicas, como si uno no fuera un ciudadano cualquiera, como si verdaderamente tuviéramos una condición extraordinaria (al menos no en el nivel donde estamos ubicados, que no tenemos ni vehículo oficial, ni nos pagan la gasolina, ni tenemos chofer, ni nada de eso).

Por ejemplo, eso de congelar los salarios a mandos medios y superiores, lo cual no es nada nuevo, pues desde los dos últimos años de la administración Zedillo no han subido un peso a los empleados federales, y en ese tiempo – más de 10 años –, esos sueldos han perdido 40% de su poder adquisitivo (en contraposición a las empresas privadas, donde al menos les otorgan aumentos salariales por el equivalente a la tasa inflacionaria).

Y ahora ‘con el Jesús en la boca’, porque entre las politiquerías y la miopía institucional, están proponiendo desaparecer Secretarías como cualquier cosa, con un simple plumazo. Voy de acuerdo en que Reforma Agraria dejó de funcionar hace décadas, porque cuántas veces no se ha repartido el equivalente a todo el territorio nacional, pero Turismo, Turismo…

Reducidos los ingresos petroleros y la recepción de remesas, el turismo es la tercera fuente de ingresos para México, y veo en la desaparición de SECTUR el mayor desprecio gubernamental de los últimos años.

El turismo planificado es una verdadera panacea: genera empleos directos e indirectos, contribuye a preservar la cultura, promueve el desarrollo sustentable y genera buenos montos de ingresos, entre otras bondades.

Pero qué les importa, qué más da turismo que cultura, deporte o la manga del muerto por igual, porque en serio que ni siquiera saben y de un día para otro borran todo un sector de vital importancia para nuestro país (y si el turismo no es importante, que le pregunten a Francia, España o Estados Unidos, que reciben millones de millones en divisas por esa vía).

Con propuestas como la de desaparecer SECTUR me han hecho dudar aun más respecto a la posibilidad de que se concrete aquella contundente y maravillosa frase de Don Samuel Ramos, nuestro filósofo mexicano de principios del siglo XX: ‘Creo en la salvación de este país’.

La descubrí en su libro El perfil del hombre y la cultura en México – altamente recomendable, de donde pienso que Octavio Paz se pirateó ideas para su famoso El laberinto de la soledad –. La utilicé como epígrafe de la introducción de mi tesis, con la firme convicción de que el turismo cultural puede ser la mejor estrategia para impulsar el desarrollo y el crecimiento de México. Ahora, con todo esto, en serio que veo difícil lo que está por venir.

viernes, 11 de septiembre de 2009

Antes del 9/11

Justo hoy se cumplen 8 años de los atentados terroristas a las Torres Gemelas de Nueva York, esas moles de corazón de acero y piel de hormigón que parecían inalterables. Y no dejo de recordar cada año que tres meses antes de tan terribles acontecimientos, mi mamá y yo estábamos en Manhattan festejando de lo lindo su cumpleaños.

Les voy a platicar la experiencia, al tiempo que pasan por mi mente todas y cada una de las escenas de ese increíble viaje:

Luego de tomar el barco que nos llevó a la Isla de la Libertad, donde se encuentra la famosa estatua con antorcha y corona, decidimos caminar hasta el World Trade Center, donde tenían toda una sección habilitada para que cientos (o miles) de personas conocieran diariamente las Torres.

Hicimos fila, pagamos los 13.50 dólares que cobraban por persona (sí, carito, bastante carito el asunto…) y en la banda de seguridad por la que uno pasaba sus pertenencias para evitar que alguien introdujera armas o algún utensilio prohibido (irónico, ni una bomba ni una pistola fueron el problema posterior), me dijo el guardia de seguridad, un señor negro corpulento, al encontrar a Chiqui, nuestra ardilla de peluche:

El ñor, en tono súper serio: ¿Quién es?
Yo: Mi ardilla.
El ñor: No puede subir… bueno, sólo cerciórate que no muerda a nadie arriba.
(Qué pasó, si somos gente civilizada, jajaja)

Sonrió, reímos ante la puntada y pasamos al área de elevadores, donde decenas de personas nos dirigiríamos al piso 107, sólo tres niveles debajo de la azotea.

Qué cosa más impresionante, qué experiencia tan particular la de haber estado allá arriba. Todas las ‘paredes’ que daban a la calle eran cristales de piso a techo, así que si te acercabas a ellos sentías que te ibas por la borda. Incluso había algunas bancas para observar hacia abajo, pero la altura era tal que ni siquiera conseguía uno ver el fin del edificio, sino que este parecía hundirse en sí mismo, como orillando al observador a un precipicio…

Vértigo, fascinación, escalofrío… Mejor nos paramos de ahí, pero en serio que qué impresión, con la Gran Manzana a nuestros pies, casi al nivel de las nubes, admirando lo que la ingeniería y la arquitectura (supongo que fue obra de ambas disciplinas) pueden crear: un edificio al que nada podía pasarle, una especie de faro urbano que se erigió como uno de los íconos de la ciudad, que observaba y era observado, que interactuaba con propios y extraños, que tejió un sinnúmero de relaciones laborales, personales, turísticas y de vida.

Seguimos rodeando el piso, donde se contaba la historia de la construcción del inmueble, visitamos la tiendita y posteriormente nos dispusimos a descender los pisos, y pisos, y pisos hasta llegar a nivel de calle para ir a la librería Borders, en la zona comercial del mismo complejo urbanístico, donde compramos dos o tres libros de cocina.

Al poco tiempo, tal pareciera que este relato no fue más que la fantasía de un viajero con imaginación. Pero ahí están las fotos, los dos tickets por 13.50 dólares cada uno, la nota de Borders y excelentes recuerdos de aquel viaje.

viernes, 4 de septiembre de 2009

Son mentadas

(Con la libertad de expresión que me confieren los artículos 1, 6 y 7 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos)

Varios meses han pasado desde que las autoridades de nuestro país reconocieron que México había entrado en recesión económica. Pero lejos de presentar la más mínima mejoría, esto sigue cayendo en picada, sin visos de revertir la tendencia negativa. Es más: organismos como el Fondo Monetario Internacional afirman que México es el país más afectado por la crisis de toda América Latina.

Y la situación no sólo se presenta grave para las miles de personas que diariamente pierden su empleo y con ello ven mermada su calidad de vida, sino también para las finanzas públicas, que con la caída en la recepción de remesas y la reducción en los precios del petróleo han tenido que contraerse varios miles de millones de pesos.

Fue entonces cuando por primera vez en los tres años que van de esta administración que se sustituyó ‘combate a la delincuencia’ por ‘¿y ahora qué hacemos?’, porque verdaderamente la contingencia económica está muy rebasada.

Y que sacan su varita mágica, ‘tríiiiin’ (sonido del momento en que salen las hadas en los cuentos, jaja), y en escena, o mejor dicho en el discurso, que aparece con letras de salvación la palabra austeridad. Calderón pidió a la nación ‘ajustarse el cinturón’, hacer un esfuerzo colectivo para salir del bache (o del abismo, dijeran los más perjudicados…).

La ciudadanía entera apechugamos a fortiori, porque no nos queda más que pagar pesos adicionales por los mismos bienes y servicios que consumimos. No así ha respondido el sector público, donde la doble lectura de un mismo texto es la vergonzante realidad.

O qué tal el call center habilitado para ‘difundir los logros’ del gobierno federal, o el magno evento montado en Palacio Nacional para que ‘sólo los elegidos’ tuvieran la fortuna de aplaudir tan loables acciones y no respondieran con críticas a la inoperancia generalizada.

O qué les parece una austeridad tan plausible que los altos funcionarios ya no viajan en primera clase (pero, parafraseando el libro de Verne, siguen dando la vuelta al mundo en menos de 80 días) y ahora sólo tienen un vehículo oficial (del cual no pagan ni la gasolina ni el salario del conductor que lo opera y muchas veces lo utilizan para fines estrictamente personales).

Cómo ven que por ley los servidores públicos no pueden ganar más que el presidente (pero siguen embolsándose decenas de miles de pesos a la quincena por ‘hacer que hacen’ calentando el asiento 12 horas al día) y que en las reuniones sólo ‘amenizan’ con galletas Gamesa y ya no con costosas pastitas de más de 100 pesos por unos cuantos gramos (pero se compran decenas y decenas de cajas de galletas ‘surtido rico’).

Y como tienen la camiseta bien puesta, en lugar de utilizar jarras de cristal con agua, mandan hacer botellitas de plástico con los logos del gobierno federal, bien coloridas, con todas las tintas posibles, porque ahí sí, qué importa lo que se gaste con tal de hacer una buena campaña de comunicación social.

¿Austeridad…? Son mentadas.