viernes, 16 de octubre de 2009

Hasta que se hizo justicia: Luz y Fuerza del Centro de patitas a la calle!!

El pasado fin de semana sucedió lo inesperado (tanto o más insólito como el retiro de los fishers de Reforma): por decreto, se liquidó a la Compañía de Luz y Fuerza del Centro (LFC), ese nido de haraganes que no hacían más que engrosar las filas de malos servidores públicos del país, una verdadera vergüenza regional.

Y lo digo con conocimiento de causa, como una usuaria agradecida ante el acto de justicia finalmente registrado, porque varias veces nos tocó padecer los abusos, la prepotencia, el ‘vale gorrismo’ y los cobros indebidos de tan poco redituable negocio.

Uno se veía en la penosa necesidad de interactuar con esa mafia cuando no llegaba el estado de cuenta a tiempo. Eso implicaba que el pago debía hacerse en las oficinas de LFC, ya no en los bancos. Ah, y sólo en el local cercano al domicilio, porque no importaba que uno tuviera una oficina de Luz y Fuerza de camino a la oficina: su cerrazón era tal y sus bases de datos – si es que existían – tan deficientes que no aceptaban el pago si no correspondía zona; así de burocrático era el procedimiento.

Ahí iba uno a hacer fila desde las 7 o 7.15 hrs., aun cuando la apertura de los locales es a las 8. La fila crecía y crecía, y cuando daba la hora y uno pesaba que todo se iba a agilizar, nada, porque abrían alrededor de 15 minutos después.

La puerta se abría, uno entraba en orden, subía las escaleras y volvía a pensar que pronto saldría del trámite… pero nada, aunque ya estaba al interior de la oficina no había quien atendiera, porque los fulanetes iban llegando a las 8.30.

Aparecían al fin, uno volvía a hacerse ilusiones de pronto pago, veía que se acomodan en su respectiva caja y… oh sorpresa, después de ‘checar tarjeta’ y saludar a los cuates, se salían a desayunar, ya fuera salir y comprar algo o de plano darse a la fuga otra media hora. Total que de 6 u 8 cajas no funcionan más de una o dos.

Cuando llegaba el turno, en lugar del ‘buenos días’, los personajes lo recibían a uno con la típica actitud prepotente, amargada y resentida que sólo respalda un sindicato, esa que no conoce los conceptos ‘calidad’, ‘eficiencia’ y ‘atención al cliente’ porque sabe que su permanencia laboral es intocable.

Eso suponiendo que uno iba por lo del pago, pero si era por algo ‘más complicado’ como cambio de domicilio y necesitaba ir a casa y regresar con otro documento, más valía haber llegado a más tardar a las 7.30 o mejor regresar otro día, porque como en concreto lo venían atendiendo a uno alrededor de las 9, 9.30 de la mañana, la vuelta podría ser infructuosa porque cerraban a las 14 hrs. el changarro.

Y a pesar de todo, ellos tenían el trabajo asegurado (igual que los profes, pues tal parece que una plaza de esas es vitalicia e incluso heredable a los descendientes. Y uno preocupándose por hacer su trabajo lo mejor posible para conservarlo…), con jubilaciones del 180% del salario a los 50 años de edad o menos (y uno tiene que esperarse a cumplir 60 y chutarse 30 de servicio…) y no pagan por el suministro de luz en su domicilio, cuántos colmos juntos!!

Por todo eso, qué bueno que el gobierno supo mover las piezas: lo hizo en sábado, con la noticia de la Selección de Futbol habiendo calificado para el Mundial y todo mundo festejando. Seguro hasta el domingo o incluso hasta el lunes que llegaron a las 8.30 a su lugar de trabajo, se enteraron esos parásitos de que su reinado había terminado.

Anden, malditos, ahora a padecer. Y que si no fue la forma adecuada para tomar las instalaciones, que si el gobierno hubiera negociado con los electricistas, etc… etc… nada cuenta: lo importante es que nos quitamos a esa lacra de encima, que ahora tiene el descaro de pedir el respaldo de la ciudadanía: sufran, infelices, y que el mismo sistema que los fabricó los haga pasar malos ratos como lo hicieron con nosotros, los usuarios.

Y que los demás sindicatos tomen nota, porque un día les llegará ‘su San Martín’: puñado de holgazanes…

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