viernes, 4 de septiembre de 2009

Son mentadas

(Con la libertad de expresión que me confieren los artículos 1, 6 y 7 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos)

Varios meses han pasado desde que las autoridades de nuestro país reconocieron que México había entrado en recesión económica. Pero lejos de presentar la más mínima mejoría, esto sigue cayendo en picada, sin visos de revertir la tendencia negativa. Es más: organismos como el Fondo Monetario Internacional afirman que México es el país más afectado por la crisis de toda América Latina.

Y la situación no sólo se presenta grave para las miles de personas que diariamente pierden su empleo y con ello ven mermada su calidad de vida, sino también para las finanzas públicas, que con la caída en la recepción de remesas y la reducción en los precios del petróleo han tenido que contraerse varios miles de millones de pesos.

Fue entonces cuando por primera vez en los tres años que van de esta administración que se sustituyó ‘combate a la delincuencia’ por ‘¿y ahora qué hacemos?’, porque verdaderamente la contingencia económica está muy rebasada.

Y que sacan su varita mágica, ‘tríiiiin’ (sonido del momento en que salen las hadas en los cuentos, jaja), y en escena, o mejor dicho en el discurso, que aparece con letras de salvación la palabra austeridad. Calderón pidió a la nación ‘ajustarse el cinturón’, hacer un esfuerzo colectivo para salir del bache (o del abismo, dijeran los más perjudicados…).

La ciudadanía entera apechugamos a fortiori, porque no nos queda más que pagar pesos adicionales por los mismos bienes y servicios que consumimos. No así ha respondido el sector público, donde la doble lectura de un mismo texto es la vergonzante realidad.

O qué tal el call center habilitado para ‘difundir los logros’ del gobierno federal, o el magno evento montado en Palacio Nacional para que ‘sólo los elegidos’ tuvieran la fortuna de aplaudir tan loables acciones y no respondieran con críticas a la inoperancia generalizada.

O qué les parece una austeridad tan plausible que los altos funcionarios ya no viajan en primera clase (pero, parafraseando el libro de Verne, siguen dando la vuelta al mundo en menos de 80 días) y ahora sólo tienen un vehículo oficial (del cual no pagan ni la gasolina ni el salario del conductor que lo opera y muchas veces lo utilizan para fines estrictamente personales).

Cómo ven que por ley los servidores públicos no pueden ganar más que el presidente (pero siguen embolsándose decenas de miles de pesos a la quincena por ‘hacer que hacen’ calentando el asiento 12 horas al día) y que en las reuniones sólo ‘amenizan’ con galletas Gamesa y ya no con costosas pastitas de más de 100 pesos por unos cuantos gramos (pero se compran decenas y decenas de cajas de galletas ‘surtido rico’).

Y como tienen la camiseta bien puesta, en lugar de utilizar jarras de cristal con agua, mandan hacer botellitas de plástico con los logos del gobierno federal, bien coloridas, con todas las tintas posibles, porque ahí sí, qué importa lo que se gaste con tal de hacer una buena campaña de comunicación social.

¿Austeridad…? Son mentadas.

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