viernes, 17 de abril de 2009

‘Hay un monstruo al final de este libro’

El cuento.

Cuando yo era niña tenía un libro titulado ‘Hay un monstruo al final de este libro’. En la portada venían el título y Archibaldo, el muñequín de color azul que en la serie infantil Plaza Sésamo enseñaba los colores, las figuras y otras monerías. Conforme pasaba uno las páginas, Archibaldo insistía que no había que seguir avanzando pues la advertencia estaba hecha: había un monstruo al finalizar del texto y seguramente uno no se quería topar con él.

Para evitar que continuaras, Archibaldo intentaba amarrar las páginas, tapiaba el paso a la otra sección o ponía piedras para no dar vuelta a la hoja. Era una insistencia tal que llegaba el momento en que uno, de niño, dudaba en continuar por lo que fuera a aparecer.

En la penúltima hoja, Archibaldo hacía la última súplica de no pasar al final del libro con la advertencia del monstruo, y cuál era la sorpresa que él era quien estaba en la última parte. En pocas palabras, él era el monstruo al final del libro, una falsa alarma.

El re-cuento

Hace unos días, el gobierno de la ciudad, la Comisión Nacional del Agua y los medios de comunicación lanzaron y difundieron el aviso: no habría ni gota de agua durante la Semana Santa por mantenimiento al Sistema Cutzamala, que en parte abastece al Distrito Federal del vital líquido.

Los focos rojos eran permanentes: no habría agua ni para acordarse, nada nos salvaría de tan fatales días. Para ello habían dispuesto pipas, habían hecho listas enteras de las 400 colonias que se verían afectadas al 100% en las 16 colonias de la capital del país, etc… etc…

Puro cuento!!

Oh, no: nuestra colonia, Pedregal de Carrasco, formaba parte del listado de zonas que se vería afectado. Eso no había sucedido en los cortes anteriores, pero ahora que el Apocalipsis parecía anunciarse optamos por tomar algunas medidas:

Apartamos agua en dos grandes cubetas con tapa, pusimos varias lavadoras (por aquello de los colores y los tejidos distintos), alistamos platos, vasos y cubiertos desechables y decidimos darnos un baño adicional la noche del miércoles por si al día siguiente no había agua (eso sin contar con la gran ventaja que afortunadamente tenemos: si suspendían el suministro podíamos ir al club).

Los días pasaban, las horas transcurrían irremediablemente, (como las páginas del libro de Archibaldo), y finalmente llegamos a los días críticos de Semana Santa. Jueves por la mañana, me aproximé temerosa al grifo del lavabo, lo abrí poco a poco y el agua brotó sin problemas, fiu!! Nos bañamos, desayunamos y para lavar los trastes nuevamente la apertura paulatina de la llave, y nuevamente había agua!!

Así transcurrieron todos los momentos que tuvimos necesidad de utilizar la instalación hídrica de la casa, y gracias a Dios en cada uno de ellos hubo agua a raudales. Pero, ¿a qué nos lleva esto? A afirmar que la tan anunciada suspensión fue tan falsa como el monstruo al final del libro de Archibaldo. No dudo que delegaciones como Iztapalapa sí hayan padecido el recorte de agua, pero definitivamente entre el apartado y medidas adicionales como ‘bañarse doble’ seguro se utilizó una cantidad de agua mucho mayor de la que esas mismas personas hubieran (o mejor dicho, hubiéramos) empleado habitualmente.

miércoles, 8 de abril de 2009

Cuando ‘el que se adorna sale raspado’

Seguro les ha pasado: están en una plática y el interlocutor, por hacerse cultillo, pretende utilizar frases, términos o palabras que le den un aire interesante. Pero en realidad, el resultado es de pena ajena porque el término no sólo resulta inapropiado, sino completamente erróneo. Es decir, por quererse adornar, la persona resulta raspada.

Por ejemplo, en la oficina, una persona quería dar a entender que no estaba bien hacer distinciones entre las personas que conforman un equipo de trabajo. Para ello, dijo de manera muy digna: ‘yo le dije al Director General que eso es muy demigrante para el personal’.

¿¿¿¿¿¿¿??????? La primera vez que lo dijo no entendí, pero bastó una segunda mención para que me cayera el veinte: estaba haciendo referencia a ‘denigrar’, así que el sustantivo que quiso utilizar era ‘denigrante’, con N de ‘No te pases’. Y peor porque se precia de contar con estudios universitarios…

Pero otro fulano de la misma oficina de plano se lleva el premio al ‘pobre diablo’: el muy tipo osó utilizar el término ‘costarriqueño’ como gentilicio de Costa Rica, ¡y se atreve a decir que tiene un posgrado!

En otra ocasión, hablando de negocios, el mismo individuo tuvo el descaro de afirmar ‘Es que con la construcción de los puentes, esos previos aumentaron su valor’. ¿¿¿¿¿¿¿??????? Así como lo oyen… Pero lo que quiso decir no fue ‘anterior a’, sino ‘predio’, o sea, un terreno cualquiera.

Y no conforme con meter la pata como excepción sino declarando su gusto por vivir en la ignorancia, el mismo tipo, creyéndose ‘de mundo’, citó un estudio de mercado donde, según él, se hablaba de la relación precio-calidad, o algo por el estilo. La cosa es que dijo: ‘Comparaban el vodka Appleton con otro, de esos famosos…’. Zaz: en primer lugar, Appleton no es un vodka, sino un ron, y si de plano no conoce una marca de vodka con la cual comparar, verdaderamente debería abstenerse de hacer el papelazo.

Hubo otro célebre raspón con aquello de las versiones singular-plural de una palabra. Cierto día, otro personaje dijo enfáticamente: ‘Ahí puedes poner tu teni’. ¿¿¿¿¿¿¿??????? Qué tal, presenciando el momento exacto en que se creaba un nuevo singular para ‘tenis’, o sea el par de cacles que usamos para hacer ejercicio!!

Y como esas hay para idiomas, arte (aunque en este rubro hay que ser bastante nerdillos para sorprender a alguien en la incultura), geografía, noticias de actualidad, cultura general, historia, gobierno y un larguíiiiisimo etcétera.

Por eso tengan mucho cuidado, no olviden que ‘el que se adorna, sale raspado,’ jaja.

viernes, 3 de abril de 2009

‘Apagones’ por el planeta

¿Cómo vieron ‘La hora por el planeta’, ustedes apagaron la luz? Nosotros sí. El sábado pasado, entre 20.30 y 21.30 hrs., dejamos de utilizar energía eléctrica para sumarnos a la iniciativa que la organización World Wildlife Fund (WWF por sus siglas en inglés) instó a aplicar a escala global.

Se habló de apagar las luces en casas, edificios públicos y monumentos. De esta manera, sitios emblemáticos como la Ópera de Sidney, las Torres Petronas de Malasia, el Coliseo romano, la Torre Eiffel, las pirámides de Gizah en Egipto y nuestro mexicanísimo Ángel de la Independencia dieron el espaldarazo a la continuidad de la vida en la Tierra.

Pero, ¿qué es el calentamiento global, por qué nos tiene que preocupar? Mucho se habla de él pero poco se difunde la importancia de tomar medidas para controlar la temperatura del planeta. A continuación un breviario ambiental:

La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático define éste como una modificación en el clima directa o indirectamente provocada por la actividad humana, la cual altera la composición de la atmósfera mundial.

Esa actividad humana, principalmente desde la revolución industrial (1750), ha provocado un aumento considerable en las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI), especialmente por el uso intensivo de combustibles fósiles (es decir, el petróleo y sus derivados que se emplean en el funcionamiento de máquinas, medios de transporte, elaboración de materiales, etc…).

Los GEI son dióxido de carbono (CO2), gas metano (CH4) y óxido nitroso (N2O), además de tres gases industriales fluorados: hidrofluorocarbonos (HFC), perfluorocarbonos (PFC) y hexafluoruro de azufre (SF6), que en conjunto provocan un aumento en la temperatura atmosférica del planeta.

Si las emisiones de GEI continúan en ascenso y, con ello, el calentamiento global se agudiza, la tendencia de deshielo en los polos continuará. Con ello aumentará el nivel del mar y habrá cambios en la salinidad, provocando la inundación de algunas zonas de la tierra y la extinción de especies marinas.

Asimismo, la temporada de lluvias será más prolongada e intensa, lo mismo que los huracanes y las ondas de calor. Con esto vendrán sequías que generarán una disminución de áreas cultivables, el deterioro de ciertos ecosistemas y la irremediable extinción de numerosas especies terrestres. Y naturalmente se registrará una calidad de aire deficiente, afectando la salud de las personas.

Instrumentos jurídicos internacionales como el Protocolo de Kioto pretenden que las emisiones de GEI vuelvan a niveles de 1990 para evitar que siga subiendo la temperatura global. El llamado principal va para los países desarrollados, quienes tienen buena parte de culpa en todo esto por su acelerado proceso de conversión industrial. Por ello se les quiere comprometer a que reduzcan sus emisiones y que compartan nuevas ‘tecnologías limpias’ con los países en vías de desarrollo.

Sin embargo, ya sean unos países u otros, falta voluntad real para que gobierno, sector productivo y sociedad civil actúen a favor de la Tierra. Ahí radica la importancia de los ‘apagones’ como el del sábado pasado: se quiere demostrar que es posible la acción conjunta y que es urgente tomar el problema con seriedad, no sólo como parte del discurso.

Ahora sabemos porqué el calor está tan fuerte, el invierno ya no es tan frío y la temporada de lluvias ‘ya no tiene hechura’. También nos queda claro porqué se recomienda usar lo menos posible el automóvil, los platos desechables, la secadora de ropa, el unicel, las bolsas de plástico y los aerosoles, por mencionar los más comunes; porque si sigue aumentando la temperatura, nosotros y las generaciones por venir pagaremos las consecuencias.

viernes, 27 de marzo de 2009

La magia de Chapultepec

En fechas recientes, César y yo hemos ido a Chapultepec y no cabe duda que es un lugar sensacional, de tradición, donde chicos y grandes la pasan fenomenal, con una oferta cultural, deportiva y de entretenimiento única.

En febrero fuimos al mariposario y al insectario, ambos en el interior del Zoológico Alfonso L. Herrera – de quien hay que saber que fue el fundador del lugar, interesado en que los mexicanos conocieran animales de México y el mundo –. En el mariposario, con una buena ambientación, nivel de humedad controlado y jardineras por doquier, es posible ver mariposas por todos lados, acompasando su vuelo con el agua de una cascada y una relajante música instrumental.

Lo mejor es que los biólogos del lugar – porque eso sí, toda la gente que trabaja ahí es especialista en flora y fauna – te dan un recipiente especial con un lepidóptero – que es el nombre científico de mis queridas farfalle – para que la liberes ahí mismo. Y te recomiendan que pidas un deseo, se lo cuentes a la mariposa antes de su vuelo y que ella se encargará de divulgarla para que se cumpla.

En el caso del insectario, cómo me acordé de mi Abuelín y sus colecciones: había toda clase de bichos ponzoñosos con sus buenas descripciones de ubicación geográfica, grado de peligrosidad, información de cada especie y, dado el caso, aviso de su riesgo de extinción.

A medio día un biólogo da una plática donde se habla de los mitos y realidades de insectos, arácnidos y otros bichos, con la posibilidad de poder tenerlos en la mano. Y lo más loco fue que me animé y me caminaron por el brazo una cucaracha de Madagascar, un escorpión (casi era del tamaño de mi brazo, impresionante!!) y una tarántula, uffffffffff!!!!!!!!!!!!!!

Y hace ocho días fuimos a los triciclos acuáticos del Lago Mayor. Qué grato fue ver que especies locales como garzas, patos y tortugas han regresado gracias a las tareas de rescate de Chapultepec. Además, todo está muy organizado: la renta de equipo, el otorgamiento de chalecos salvavidas, el personal está uniformado y capacitado y todo tiene señalamientos bien hechos.

De ahí fuimos a echar un vistazo a las actividades de la Casa del Lago, que incluyen talleres, exposiciones, un buen rato en las hamacas que están en los jardines (que se antojan para leer) y un paseo alrededor de la estatua de León Felipe, sobre un montículo lleno de flores.

Y así se pueden citar innumerables actividades que puede uno realizar en ese bosque que encierra un encanto tan particular: visitar museos, hacer ejercicio, organizar un día de campo, andar en bici, pasear a las mascotas, comer chicharrones con limón y salsa, andar en bici, recetarse unos buenos algodones de azúcar y festejar los cumpleaños, porque cuántas fiestas no vivió uno ahí!! En mis fotos de infancia figuran dos que fueron particularmente memorables por los pasteles: uno de Blanca Nieves y los Siete Enanos, y otro de Tortuga con todo y su sombrerito.

Por esto y más, Chapultepec ha sido, es y será parte del imaginario colectivo de los defeños: nuestro gran pulmón citadino, nuestro lugar de esparcimiento, la memoria viva de la ciudad.

viernes, 20 de marzo de 2009

El exilio del Dalai Lama: la resistencia de la fe

La semana pasada se cumplieron 50 años de que el Dalai Lama abandonara Lhasa, en el Tíbet, rumbo al exilio en Dharamsala, India, debido a la invasión china. Como les comenté anteriormente en otro blog, he seguido con atención el tema y no deja de ser lacerante, triste e indignante la situación de los 6 millones de tibetanos que padecen el acoso diario de los chinos.

Parece increíble que la Guerra Fría haya terminado, que el Muro de Berlín haya caído – con todo lo que ideológicamente llevaba consigo –, que llegara a su fin el apartheid, y el Dalai Lama siga en la India clamando por respeto a los derechos humanos de su gente. Y lo más triste es que no creo que pueda regresar a casa…

Hace unos años escribí un cuento histórico titulado La resistencia de la fe, que transcurre justo el día en que el Dalai Lama parte al exilio y donde se plasma la veneración del pueblo hacia su líder espiritual. Está basado en lo que sucedió, incluyendo los ritos, la simbología, las relaciones personales del Dalai Lama, las manifestaciones de la gente y el desenlace.

A continuación lo comparto con ustedes:

* * * *

Está amaneciendo. Parece una mañana tibetana como cualquier otra, con el frío del mes de marzo y el horizonte levantándose en medio del extraño verdor árido de esa tierra. Algunos yaks caminan por la calle, se escuchan sus pasos, y la luz de las lámparas de mantequilla sigue siendo más fuerte que los rayos del sol. Con la tranquilidad que obedece a sus años, Tenzin se levanta de la cama. El té está listo. Después de beber un poco se asoma por la ventana y respira profundamente mirando las casas vecinas. Todas son iguales a la suya, con su techo plano y las paredes de piedra y lodo.

¡Todavía pienso en el desfile de hace unos días!, añoraba, dirigiéndose a su esposa Gyari. Su Santidad finalmente es doctor en Estudios Budistas. Es tan joven y sin embargo su rostro muestra tanta firmeza… ¡Qué figura más admirable! Ese día la alegría nos invadía al pueblo entero. Sonaba el cuerno que anuncia el paso de la comitiva oficial. Aún puedo sentir la seda de la túnica de un guardia que rozó mi brazo, ¡qué suavidad, qué ligereza! Los caballos, señoriales, con la cabeza bien alta, pasaban erguidos frente a nosotros…

La mujer suspiró y no dijo nada. Sus ojos estaban empañados y había tristeza en su semblante.

Él continuó. Su voz se escuchó emocionada: Pasé la infancia, la adolescencia y buena parte de la vida adulta escuchando relatos de los ancianos en torno a los ritos monásticos y al Dalai Lama. El que más me sorprendía era el del desfile al finalizar su formación. Ahora, en mi vejez, he tenido el privilegio de presenciarlo. ¡Y desde hoy hasta que muera seré yo quien cuente la magnificencia que se posó ante mis ojos!

Tenzin pudo seguir inmerso en su memoria si no hubiera sido por el alboroto que empezó a escucharse. Un río de personas invadía el paisaje antes evocador. La gente caminaba aceleradamente rumbo al Norbulingka, palacio donde residía en ese momento el Dalai Lama. Hace años que los chinos habían invadido la región. Pero desde que los militares comunistas invitaron a Su Santidad al cuartel general con el pretexto de ver un espectáculo de danza y le pidieron que lo hiciera sin escolta, todos los tibetanos se volcaron a las puertas del palacio para defenderlo.

Aquél era día de descanso de Tenzin, quien llevaba una vida trabajando como barrendero de los palacios reales. A diferencia de otras épocas en que dedicaba el asueto para ir al campo, desde el comienzo de las protestas se lanzaba en compañía de su familia a la defensa de su líder.

Particularmente esa mañana las calles se volvieron hogar de un sinnúmero de personas de todas edades, pasando por niños, mujeres de largos vestidos y coloridos delantales, monjes, hombres de cabello trenzado con borlas rojas y rifle al hombro, ascetas y ancianos como Tenzin y Gyari. Cada uno de ellos con la firme convicción de no moverse de ahí hasta saber que el Dalai Lama estaba seguro y que no iría al cuartel chino.

La multitud que ahí se congregaba bien pudo sumar treinta mil tibetanos. Muchos se aferraban a la rueda de oración para pedir por su líder. Otros eran vencidos por el cansancio de días a la intemperie y dormían. Algunos más charlaban.

Un anciano contaba: Mi hijo menor nos visitó en la madrugada. Dijo que se rumora en la frontera con la India que Su Santidad podría exiliarse en ese país. No pudo darnos más detalles porque su estancia en cualquier lugar tiene que ser breve. Todos los ‘luchadores por la libertad’ se sienten perseguidos por los militares chinos.

Guardaron un breve silencio. El siguiente en tomar la palabra fue Tenzin, quien al ser barrendero de los palacios reales tenía la oportunidad de convivir con el Dalai Lama: a últimas fechas, se le ha visto pasear meditabundo por los jardines. No es el mismo desde el ultimátum que los chinos enviaron a sus asesores: que si los manifestantes no regresamos a nuestras casas, el ejército arremeterá contra nosotros sin importar las consecuencias. Ante eso, no se sabe con certeza lo que hará: si se quedará aquí o si otro país lo acogerá. Sólo nos queda esperar.

Era bien sabido por todos que los barrenderos eran buenos amigos del decimocuarto Dalai Lama. Él llegó muy pequeño al Potala y el misticismo que encerraba ese palacio le provocaba las dudas naturales de un niño. Tenzin conoció al Dalai Lama cuando éste último tenía apenas cinco años.

Su encuentro fue casual, cuando el niño buscaba grillos entre una columna y un pasillo. Le preguntó si él era el maestro de canto del insecto y que si no sabía dónde se encontraba en ese momento, pues lo oía pero se le escondía a la vista. Tenzin le contestó: Es que el grillo es muy tímido. Pero si escuchas su canto es porque lo hace para ti porque quiere ser tu amigo. No pasó un día desde entonces en que el Dalai Lama no buscara a Tenzin. Aunque fueran unos minutos, ambos disfrutaban de las palabras que intercambiaban.

Gyari se limitaba a escuchar la conversación sin dejar de pensar en sus tres hijos: ¿Dónde estarán en este momento? Ellos dicen que es su deber resistir y luchar, y aunque estoy orgullosa de ello, no dejan de ser mis hijos antes que ‘luchadores por la libertad’. Me aterra pensar en que puedan caer en manos de esos perversos torturadores y asesinos comunistas. ¡No quiero ni imaginar lo que pueden estar pasando! …

Mas Gyari no era la única en estremecerse al pensar en la gravedad de la situación. Un monje adolescente que escuchaba atentamente a los ancianos, se decía: Y si supieran otras cosas que circulan por ahí… En mi monasterio ya sólo quedamos unos cuantos. Los militares han entrado violentamente en dos ocasiones a la caza de rebeldes. Llegaron golpeando lo que encontraban a su paso. Nos insultaron, nos miraron uno a uno y quien tuvo la osadía de encararlos ya no está para contarlo. O su boca quedó impedida para hacerlo…

La gente no se movía, ni comía y por largos ratos el silencio parecía apoderarse de la multitud. El bullicio venía cuando entre ellos encontraban a alguien con apariencia de espía chino. Quien así resultara era recibido con piedras y corrían tras él hasta que terminaba el muro del palacio. Al instante regresaban, diciendo entre dientes que no caerían en ninguna provocación comunista para abandonar sus posiciones.

Las horas transcurrían sin novedad alguna hasta que las sombras hacían su aparición: eran los militares chinos. Iban en parejas o en grupos de 5 oficiales. Nunca iban solos, y aunque no cruzaban por en medio de la gente, su presencia a unos metros bastaba para que todos esos rostros tibetanos se paralizaran, víctimas del temor y del coraje. Su apariencia era muy distinta a la de la multitud. Llevaban uniforme militar y el pelo casi a rape. Como no dejaba de intimidarlos el número de tibetanos en la calle, tomaban con fuerza el fusil que les colgaba del hombro. Pero lo que verdaderamente los diferenciaba era esa mirada desafiante, altiva, desconfiada, con la que miraban a las personas ahí reunidas.

Cuando los comunistas se alejaban, hasta el palacio parecía enmudecer. Nadie se movía. Pasando los minutos, poco a poco el murmullo se hacía escuchar de nuevo. Ahora la caza es paulatina, se están tomando su tiempo, pensaba el mismo monje.

De repente, la puerta principal se abrió. En el aire flotaban toda clase de sentimientos que iban de la incertidumbre a la esperanza. Un guardia salió y dio el aviso: Su Santidad se ha comunicado con los militares chinos para rechazar la invitación al cuartel, así que pierdan cuidado, no hay otro motivo por el que ustedes tengan que seguir aquí, pasando frío y hambre.

Tal pareció que en lugar de tranquilizarlos, el anuncio motivó las sospechas. Seguramente ese hombre era un comunista, especulaba una mujer. Tal vez los chinos se apoderaron del palacio y quieren que nos vayamos para asesinar al Dalai Lama, ¡pero no lo permitiremos, yo no me muevo de aquí! Y entre el cuchicheo se alzaban otras voces: ¡Yo tampoco me muevo!, Ni yo, ni yo, se escuchaba.

Después del movimiento propiciado por el guardia, el silencio regresó. Más gente se unió a las oraciones y algunos rebeldes llegaban de otros poblados para reforzar la resistencia. Que no crean que nos pueden dominar fácilmente. Que los chinos noten que el Dalai Lama no está solo, gritaba uno de los ‘luchadores por la libertad’ recién llegado. En su mayoría, ese grupo estaba formado por jóvenes que venían de todos los poblados del Tíbet y no tenían miedo a los comunistas. Sólo esperaban tener municiones para enfrentarlos. Como eso no era frecuente se contentaban con hacerlos correr tras la rebeldía.

El sol también se había cansado de esperar y decidió cruzar las montañas. Las lámparas eran encendidas una a una y, nuevamente, se escuchó el ruido de una puerta. Esta ocasión salió a la calle un hombre común. No era de la guardia, ni un miembro del Consejo. Era simplemente un barrendero. La gente no pareció darle mucha importancia. Sin embargo, Tenzin lo conocía bien por ser un compañero de trabajo.

Con la confianza con que se le habla a un amigo, Tenzin se le acercó: ¿Qué sucede ahí dentro? Cuéntame todo lo que sepas. A lo que el hombre respondió: Se va esta misma noche. Él consultó los oráculos y después de dos negativas hoy casi le imploraron que parta. Se irá a la India como se venía diciendo. Lo hace por nosotros. Su Santidad y su bondad no tienen límites. Hace un rato salió a nuestro encuentro en uno de los patios y se despidió de nosotros. Nos agradeció nuestro trabajo y en menos que te lo cuento, desapareció por uno de los pasillos. En este momento yo pensaba ir a buscarte porque él se acordó de ti. El barrendero sacó de entre sus ropas una kata, pedazo de seda blanca que se da en Tíbet en señal de aprecio.

Los hombres no dijeron más. Por la calle caminó el barrendero hasta perderse al doblar una esquina. Tenzin, mudo de la emoción, sólo pudo colocar la kata alrededor de su cuello. ¡Tan suave como la seda del desfile!

No muy lejos, el aire se impregnaba de un mismo ritmo. El golpeteo monótono de las botas acalló a los manifestantes. El ambiente volvió a tornarse gris. Gyari no pudo evitar algunas lágrimas que de rabia caían por sus mejillas: ¡Cómo han cambiado las cosas! Quién diría que toda la tranquilidad que bañaba nuestros lugares vendría a quebrarse bajo el yugo chino. ¡Esos chinos! Son crueles. A veces dudo que tengan un ápice de humanidad en su cuerpo y en su alma.

No debemos darnos por vencidos, añadió Tenzin. Su Santidad expresa siempre que la felicidad y la paz surgen a partir del interior. A pesar de su juventud ha sabido ponernos el ejemplo al no claudicar. Estemos tranquilos, no tenemos nada que temer.

El rostro de Tenzin esbozó una sonrisa plena. Y así, envestido de serenidad, sólo escuchó la ráfaga de las ametralladoras, y como había cerrado los ojos ni siquiera se dio cuenta que su amada Lhasa se teñía de grana.

viernes, 13 de marzo de 2009

Starbucks o El Jarocho: un falso dilema

No es raro que un fin de semana digamos ‘Vamos al Jarocho’, y eso significa tomar un buen café con dona en Coyoacán. El sábado pasado mi mamá y yo fuimos y, como es costumbre por la compañía y por el lugar, pasamos un rato sensacional tomando un delicioso capuchino con cajeta, ese que tiene el punto exacto de dulce, mmm.

Nos instalamos afuera del local, bajo el cielo azul y el sol de la mañana, justo enfrente de un puesto de flores, muy cerca de una churrería y de una sucursal de El Sótano, que les quedó particularmente bien.

Ahí platicamos mientras veíamos pasar a la gente; iban y venían las familias, los niños en sus carritos, los perros, los vendedores de artesanías oaxaqueñas de madera (qué bonitos son los separadores y los palillos botaneros pintados a mano!!), los vendedores de collares y pulseras, los boleros con todo y carrito, los merengueros y un sinnúmero de personajes citadinos.

Terminamos el café y al entrar de nuevo al lugar para tirar el vasito vimos que en una de las paredes estaba la reproducción de un artículo publicado por el periódico Reforma con el título ‘¿Starbucks o El Jarocho?’.

En respuesta al supuesto dilema, he aquí mi análisis comparativo:

Los locales comerciales de ambos son muy distintos: Starbucks vende el concepto de mundo global, con acceso a internet, sillones, detalles minimalistas y música new age, en tanto que El Jarocho hace gala de lo local, con banquitas de hierro forjado en la banqueta, guacales de plástico (que sí va con g, de acuerdo a la Real Academia de la Lengua Española) a manera de mesas y la música esporádica de los trovadores que van a la plaza coyoacanense.

La variedad de bebidas es casi la misma, pues El Jarocho está diversificando la oferta y ahora también tiene las opciones light, fría y deslactosada, más capuchino con malvaviscos o vainilla.

Para acompañar, Starbucks tiene pastel de chocolate, limón, manzana y zanahoria, que no le piden nada a las trenzas, donas y panqués de El Jarocho (me confieso aficionada a los paletones, que son donas ensartadas en un palito de paleta de madera, cubiertas de chocolate y espolvoreadas con chochitos de colores. Esas las he comido toda la vida, desde que íbamos mi mamá, mis abuelitos y yo al Doni Donas de Insurgentes, mmm).

Y si alguien quiere algo salado, Starbucks tiene ensaladas, sándwiches y focaccias con carnes frías, quesos y versiones veggie (sólo vegetales), mientras que El Jarocho vende las tradicionales tortas y sincronizadas de jamón y queso.

Los precios sí se van a los extremos: un capuchino de Starbucks, tamaño estándar, con leche light, está en unos 35 o 37 pesos, mientras que el mismo capuchino en El Jarocho cuesta 10.50 pesos. Es decir, por un Starbucks se compran 3 Jarochos y con una módica diferencia hasta alcanza para un panecito, que cuesta 6.50 o 7 pesos.

En cuanto a la esencia, o sea la calidad del café, ahí si ni hablar: El Jarocho es muy superior a Starbucks, pues como su nombre lo indica, es café veracruzano que, junto con el chiapaneco, conforman la mejor oferta nacional por su aroma y grado de acidez.

Todo lo anterior sólo muestra que Starbucks y El Jarocho son dos conceptos completamente distintos que, a mi gusto, ni siquiera compiten entre sí. La cadena estadounidense tiene su propia estrategia de expansión y su mercado, en tanto que El Jarocho se inclina por lo tradicional y cuenta con una clientela segura sin importar que sólo tenga 7 locales contra los cientos de establecimientos Starbucks ubicados en toda la ciudad.

Yo diría que es cuestión de preferencias, y si de estas se trata, la mía es bien clara: basta con recordar las mañanas de sabadito en una banca de hierro forjado bajo el sol y el cielo azul que les conté al iniciar este blog.

viernes, 6 de marzo de 2009

Slumdog millionaire, sueños y realidades del mundo en desarrollo

Qué buena peli esa de Slumdog millionaire. Es un filme riquísimo, no sólo por su calidad cinematográfica, sino por retratar la realidad que comparten diversos países en desarrollo, sin dejar de lado el indiscutible toque local que sólo dan las identidades y los imaginarios colectivos propios de cada nación.

Slumdog millionaire trata a profundidad la problemática social del mundo globalizado: pobreza, trata de personas, prostitución infantil, conflictos interreligiosos, mafias locales que operan a nivel regional, corrupción, niños en situación de calle, medios de comunicación tramposos y profundos resentimientos sociales generados por la desigualdad.

También refleja los cambios que ha experimentado la ciudad india de Mumbai, antes Bombay (y no dije hindú porque ese término alude al hinduismo, en tanto que indio es el gentilicio de la India), incluyendo los contrastes que generan los rascacielos contra los barrios que se extienden por los suburbios, y el hecho de crecer económicamente dos dígitos anuales aunque al menos 13 de sus 19 millones de habitantes ni siquiera tengan acceso al agua potable, a un baño (sin ponerle siquiera el adjetivo de digno) o al drenaje.

Quisiera ser millonario, como se le tituló en México, lleva como melodía en sus dos horas de duración el que casi se ha convertido en un anhelo universal para la humanidad: cómo ser adinerado. Algunos juegan a la lotería, otros posan su cabeza en la almohada para soñarlo y los menos apuestan el todo por el todo en programas televisivos que se convierten en una especie de ‘culto a Cenicienta’, donde ‘todo es posible’, en los cuales los televidentes se ven reflejados en el propio participante, aplaudiendo cada respuesta correcta como si hubieran sido ellos mismos.

Hay que destacar que la película tiene más mérito por venir de Danny Boyle, un director británico (no un cineasta estadounidense), porque fue filmada en la India (no en Estados Unidos) y porque todos los actores fueron locales (nada de Pitt, Cruise o cualquier estrella que acostumbramos ver en las revistas de espectáculos). Todo tiende a ser original, novedoso, yendo de las escenas dramáticas a la risa del público espectador.

Y no hay que olvidar que también se aborda el lado místico-racional del ser humano: ¿la vida se construye a diario o el día a día nos lleva a ese algo que ya estaba escrito?...

En serio que da gusto ver filmes como ese: denle una oportunidad y verán que se quedarán con el mejor sabor de boca, una peli que los tendrá enteramente al pendiente de lo que sigue.

Y el final… ese lo tienen que ver ustedes, lo mismo que la trama desenvuelta en cada uno de sus detalles. Slumdog millionaire, simplemente buenísima!!