viernes, 3 de abril de 2009

‘Apagones’ por el planeta

¿Cómo vieron ‘La hora por el planeta’, ustedes apagaron la luz? Nosotros sí. El sábado pasado, entre 20.30 y 21.30 hrs., dejamos de utilizar energía eléctrica para sumarnos a la iniciativa que la organización World Wildlife Fund (WWF por sus siglas en inglés) instó a aplicar a escala global.

Se habló de apagar las luces en casas, edificios públicos y monumentos. De esta manera, sitios emblemáticos como la Ópera de Sidney, las Torres Petronas de Malasia, el Coliseo romano, la Torre Eiffel, las pirámides de Gizah en Egipto y nuestro mexicanísimo Ángel de la Independencia dieron el espaldarazo a la continuidad de la vida en la Tierra.

Pero, ¿qué es el calentamiento global, por qué nos tiene que preocupar? Mucho se habla de él pero poco se difunde la importancia de tomar medidas para controlar la temperatura del planeta. A continuación un breviario ambiental:

La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático define éste como una modificación en el clima directa o indirectamente provocada por la actividad humana, la cual altera la composición de la atmósfera mundial.

Esa actividad humana, principalmente desde la revolución industrial (1750), ha provocado un aumento considerable en las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI), especialmente por el uso intensivo de combustibles fósiles (es decir, el petróleo y sus derivados que se emplean en el funcionamiento de máquinas, medios de transporte, elaboración de materiales, etc…).

Los GEI son dióxido de carbono (CO2), gas metano (CH4) y óxido nitroso (N2O), además de tres gases industriales fluorados: hidrofluorocarbonos (HFC), perfluorocarbonos (PFC) y hexafluoruro de azufre (SF6), que en conjunto provocan un aumento en la temperatura atmosférica del planeta.

Si las emisiones de GEI continúan en ascenso y, con ello, el calentamiento global se agudiza, la tendencia de deshielo en los polos continuará. Con ello aumentará el nivel del mar y habrá cambios en la salinidad, provocando la inundación de algunas zonas de la tierra y la extinción de especies marinas.

Asimismo, la temporada de lluvias será más prolongada e intensa, lo mismo que los huracanes y las ondas de calor. Con esto vendrán sequías que generarán una disminución de áreas cultivables, el deterioro de ciertos ecosistemas y la irremediable extinción de numerosas especies terrestres. Y naturalmente se registrará una calidad de aire deficiente, afectando la salud de las personas.

Instrumentos jurídicos internacionales como el Protocolo de Kioto pretenden que las emisiones de GEI vuelvan a niveles de 1990 para evitar que siga subiendo la temperatura global. El llamado principal va para los países desarrollados, quienes tienen buena parte de culpa en todo esto por su acelerado proceso de conversión industrial. Por ello se les quiere comprometer a que reduzcan sus emisiones y que compartan nuevas ‘tecnologías limpias’ con los países en vías de desarrollo.

Sin embargo, ya sean unos países u otros, falta voluntad real para que gobierno, sector productivo y sociedad civil actúen a favor de la Tierra. Ahí radica la importancia de los ‘apagones’ como el del sábado pasado: se quiere demostrar que es posible la acción conjunta y que es urgente tomar el problema con seriedad, no sólo como parte del discurso.

Ahora sabemos porqué el calor está tan fuerte, el invierno ya no es tan frío y la temporada de lluvias ‘ya no tiene hechura’. También nos queda claro porqué se recomienda usar lo menos posible el automóvil, los platos desechables, la secadora de ropa, el unicel, las bolsas de plástico y los aerosoles, por mencionar los más comunes; porque si sigue aumentando la temperatura, nosotros y las generaciones por venir pagaremos las consecuencias.

No hay comentarios: