viernes, 23 de abril de 2010

Fuera del clóset

Dicen que hay dos cosas que no se pueden ocultar: el amor y el dinero. Pero yo agregaría una categoría adicional: la homosexualidad. Esto viene a colación luego de las declaraciones de Ricky Martin en relación a sus preferencias sexuales.

No veo la necesidad de hacer esas confesiones porque cada quien es dueño de su vida y no hay que dar explicaciones a los demás de lo que uno haga o deje de hacer. Pero seguramente para esas personas, reconocerse abiertamente homosexuales implica quitarse un gran peso de encima al no tener que fingir más lo que no son para encajar en los convencionalismos.

Muchos se espantan de tanta ‘puñalez’ por doquier, de tanta ‘mariconería’ en todos lados; que si se quieren casar, que si quieren adoptar hijos… pero lo cierto es que la homosexualidad siempre ha existido – y existirá –, con la diferencia que la sociedad de todos los tiempos, mayoritariamente heterosexual, se ha empeñado en vetarla.

Volviendo al caso del cantante puertorriqueño, este afirmó que muchos allegados le recomendaron no hablar de sus preferencias abiertamente porque eso podía dañar su carrera. Pero yo digo, ¿a alguien le ha importado que Michelangelo Buonarroti fuera homosexual, o Federico García Lorca, Pedro Almodóvar, Freddy Mercury, Sócrates, Oscar Wilde, Elton John, Leonardo da Vinci o Tchaikowsky (y también se habla de Alejandro Magno, el emperador Julio César y Federico el Grande, entre otros destacados personajes)?

Además, con o sin talento, a la gente se le debe aceptar tal como es, sin importar sus tendencias, gustos o inclinaciones, guardando en todo momento el respeto que cada parte merece. Y esa aceptación, que se convierte en reconocimiento, es fundamental, porque anularlos no significa que vayan a desaparecer (y vaya que en la historia se han registrado atrocidades y atropello y medio en contra de minorías sexuales, raciales o religiosas, pero no por ello han dejado de existir).

Gracias a la libertad de expresión y a la tolerancia como valor de convivencia, la situación parece transformarse, porque si bien para muchos la homosexualidad no es algo normal, poco a poco se irá viendo como algo más cotidiano y natural (por ejemplo, no sé si a raíz de la aprobación de las leyes que permiten los matrimonios homosexuales, en el Centro Histórico de la Ciudad de México ha sido frecuente a últimas fechas encontrar a parejas de hombres tomados de la mano, ya sea paseando, comiendo o viendo ropa en las tiendas).

Y el hecho de que figuras públicas digan abiertamente ‘esto es lo que soy’ abre el camino para que muchos más dejen atrás los tabúes y vivan de acuerdo a sus preferencias (qué tal todos los que salieron del clóset con tal de preciarse de haber besado a Ricky Martin hace años… Bueno, ‘Pablito’ Ruiz no tenía que aceptar lo obvio…).

Y es mejor que un homosexual se reconozca como tal a que le juegue al heterosexual, deshaciendo la vida de otros, ya sean cónyuges o incluso hijos, por llevar una vida socialmente correcta pero interiormente miserable.

Finalmente, como dijera César, sólo falta que Miguel Bosé y Juan Gabriel ‘se destapen’ (pero como afirmara este último, ‘lo que se ve no se juzga’, y tiene mucha razón!!).

(Nota: que si los homosexuales nacen o se hacen no sabemos, pero de lo que sí tenemos certeza es que no son producto del consumo de pollo transgénico por tener hormonas femeninas, como dijo el burrazo de Evo Morales, presidente de Bolivia. Ese si se vio rupestre como pocos…).

viernes, 9 de abril de 2010

Las deficiencias de nuestro sistema educativo

Hace unas semanas, César y yo íbamos al súper y, al pasar por el Colegio México, nos percatamos que había un gentío en las cercanías. ¿El motivo? La aplicación del examen para entrar a la UNAM.

Recordé que yo estuve en el mismo trance hace catorce años. En aquel entonces, la estadística señalaba que había 52 lugares disponibles para cursar la Licenciatura en Relaciones Internacionales – mi carrera – y que 1,200 personas la solicitaban… Definitivamente nada esperanzador para la mayoría, porque conforme ha pasado el tiempo la demanda ha aumentado y los trabajos se han vuelto cada vez más escasos.

Justamente ayer, los medios informaron que más de 115 mil personas presentaron aquel día de 2010 la evaluación de ingreso y sólo fueron aceptados poco más de 10 mil. A sabiendas de eso y recordando a todas esas familias esperando a sus hijos, me quedé pensando: ¿por qué todo mundo cree que tiene que ir a la universidad? (sin afán de sonar discriminadora y siendo simplemente realista).

Se puede decir que, hace décadas, ser universitario implicaba un ascenso en la escala social, que podía conducir a un mayor ingreso y que otorgaba cierto prestigio. Pero actualmente, el mundo necesita más técnicos y personal especializado, que son los ámbitos para los que casi nadie se prepara profesionalmente.

Por ejemplo, en México, ser carpintero o trabajador de la construcción significa que un familiar enseñó el oficio o que sobre la práctica se ha adquirido la experiencia para ejercer. ¿Y eso en qué deriva? En que se menosprecien esas actividades, pensando que son ‘de poca monta’, que son para ‘el pueblo’ y que ‘ya se está para aspirar a más’.

(Por esos complejos enraizados en la sociedad mexicana es que ahora, a cualquier ‘escuela patito’ le atribuyen el título de ‘universidad’, contribuyendo al desgaste del término y al desprestigio de las auténticas universidades).

En cambio, países como Alemania o Canadá – el mismísimo ‘primer mundo ‘ – exigen que un plomero o un panadero acudan a una escuela especializada para certificarse como profesionales de la plomería y la panadería y, por lo mismo, se les paga un salario decoroso, se les otorgan prestaciones y son personas respetables.

Lo que vi en la UNAM son dos cosas: 1. que buena parte de los que estaban ahí por obra y gracia del ingrato ‘pase automático’ lo hacían por mera inercia, pensando que era el siguiente paso escolar – como pasar del kínder a la primaria y de ahí a la secundaria, sin preguntarse qué es lo que realmente quieren en la vida; y 2. que contados eran los que verdaderamente tenían una vocación universitaria – la mayoría no leían ni el equivalente a 5 o 10 fotocopias, cuando en todas las carreras que se impartían en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales se tenían que leer dos o tres libros completos a la semana –.

Y llego aquí a uno de los puntos medulares: qué daño hace el mentado pase automático, pues con el simple hecho de tener 7 de promedio, cualquier mediocre se vuelve acreedor a un lugar en la universidad (que para esos ‘tesoros’, ‘tener un lugar’ es literalmente ir a calentar el asiento a los salones de clase).

Por lo anterior, es muy común encontrar que taxistas, taqueros, ambulantes y otros más digan ‘yo estudié en la universidad, pero nunca encontré trabajo en eso’. Claro: si no tenían ni la vocación ni los conocimientos para dedicarse a otros ámbitos.

Sinceramente, es más digno y plausible ser un buen estilista, un buen dibujante, un buen funcionario de aduana o un buen técnico en computación – profesionales, preparados, 100% calificados – que un pseudo profesionista que nunca va a conseguir trabajo ad hoc a sus estudios.

No menospreciemos las carreras técnicas (y eso debe iniciar por las autoridades educativas) ni magnifiquemos las universidades: cada quien que haga caso a su vocación, dejando a un lado las deficiencias perpetuadas por el sistema educativo.

viernes, 26 de marzo de 2010

Un demonio llamado Marcial Maciel

Qué escalofriantes fueron las declaraciones de dos de los hijos de Marcial Maciel durante una entrevista radiofónica realizada por Carmen Aristegui; el muy tipo no se conformó con crear un imperio religioso a costa de la manipulación del prójimo y aprovecharse de su posición para cometer actos de pederastia, sino que tuvo el atrevimiento de abusar sexualmente de sus propios hijos.

Hay quienes dicen que esos muchachos son unos vivales y lo único que quieren es sacar dinero de todo esto. Pero, aunque así fuera, difícilmente obtendrán un beneficio económico, ya que quien abusó de ellos fue el propio Maciel y no la Legión de Cristo; él ya murió y no les dejó un clavo, así que estrictamente no tendrían por qué indemnizarles como organización.

(Se suponía que Maciel había creado un fideicomiso para beneficiarlos, pero en los bancos dicen que no hay fondos en esa cuenta. A mi no me sorprende: si hizo lo que hizo con sus hijos, ¿habría de interesarle su futuro? Por supuesto que no).

Personalmente dudo que esas revelaciones sean una mentira o un chantaje, pues hay que tener muchos pantalones para confesar en radio y televisión las más terribles perversiones contra su persona por parte de ese sujeto – y actos como ese no se compensan ni con todo el oro del mundo –.

Además no son casos únicos: gente respetable que conocemos personalmente como el Dr. José Barba, uno de los mejores profesores del ITAM por su calidad humana, o Alberto Athié, actualmente asesor del Secretario de Educación Pública, han dado la cara, al igual que decenas de personas, para denunciar los abusos del fulano.

Lo que no he podido entender es la relación de Marcial Maciel con el Papa Juan Pablo II: ¿por qué un hombre inteligente, con el corazón tan grande como él, no pudo ver las perversiones que había detrás de la máscara de fe que el sujeto utilizaba, por qué no dar crédito a las innumerables acusaciones que hubo en contra del fundador de los legionarios, por qué no promovió la justicia para todos los afectados?...

Ahora, habrá que esperar a que sigan saliendo los incontables deshechos de la cloaca creada por Maciel, que podrían incluir favores de políticos y empresarios, lavado de dinero y posibles homicidios (sólo Dios y los implicados saben hasta dónde llegó el tipo).

Si abusar de un niño aparece como uno de los crímenes más grandes que se pueden cometer, violentar a los propios hijos definitivamente no tiene perdón. Por eso, seguro el demonio ese está ardiendo en el infierno, porque nunca pareció arrepentirse de nada.

viernes, 19 de marzo de 2010

De ‘Alicia’ y otras maravillas fílmicas

De unos meses a la fecha, los parabuses y otros anuncios urbanos mostraban carteles con el rostro de un hombre muy particular, con una especie de sombrero de copa adornado por un lazo rosa, pelo rizado color naranja, piel de blanco fantasma, los ojos verdes de una brillantez atípica enmarcados por una sombra morada, pestañas blanquecinas, corbata de moño gigante con estampado de flores y una expresión facial que asoma una faceta locuaz; con una mano sostiene una taza y con otra el plato correspondiente. ¿Quién podría ser…?

Nada más y nada menos que el sombrerero de las historias de Lewis Carroll que llevan por nombre Alicia en el país de las maravillas y Alicia detrás del espejo, en esta ocasión visto bajo la óptica del creativo director estadounidense Tim Burton, quien se encargó de filmar una nueva versión de este clásico.

Su título original es Almost Alice, que me parece más adecuado que Alicia en el país de las maravillas porque la película no es íntegramente esta última –lo digo con conocimiento de causa porque leí ese libro y de él sólo coinciden la caída en la madriguera y algunos personajes–, sino una mezcla de las mencionadas historias de Carroll.

El resultado fílmico me parece buenísimo, tanto en lo visual como en la trama: en primer lugar, porque en sí no son libros sencillos – y mucho menos para niños –, y en segundo, porque sólo alguien como Burton podía imaginar y escenificar Wonderland como la vemos en el cine.

Me encantó que la protagonista no sea Alicia niña sino una adolescente, y también me gustó que en el transcurso del relato sea constante la dualidad realidad-ficción que tanto ha maravillado a la humanidad – lo vemos desde ‘La vida es sueño’ de Calderón de la Barca, hasta otras películas como ‘Abre los ojos’ del español Alejandro Amenábar –; ¿lo estoy viviendo o lo estoy soñando?...

Por otra parte destaca la música, original de Danny Elfman, el mismo compositor que trabajó con Burton para pelis como Charlie y la fábrica de chocolate – que es una de mis favoritas, y cómo le gustó a Lita cuando la vimos en el cine!! –, El cadáver de la novia, Batman y El extraño mundo de Jack.

Y qué decir de los personajes, que son la delicia misma de la película, desde Alicia y el conejo con chaleco y reloj de leontina, pasando por otras exquisiteces como la oruga sabia que fuma un narguile (y adivinen de quién es la voz… ¡de Severus Snape! Bueno, del actor Alan Rickman, quien lo personifica en las pelis de Harry Potter), el gato de Cheshire que sonríe y tiene manchas tornasol en la piel, las ranas-lacayo y los peces-mesero que atienden en el castillo de corazones, la reina roja con una cabeza colosal, los gemelos regordetes Tweedledum y Tweedledee, la reina blanca y sus movimientos delicados, el pesado que se quiere casar con la protagonista – qué feo y qué antipático es, jaja – y la liebre y el lirón que toman té con el sombrerero, todos chiflados, fuera de sí.

Adicionalmente, el final es una grata sorpresa que no decepciona a nadie, porque es original, porque cierra perfecto y porque es una invitación a nuevas aventuras.

En serio, si les gustan los filmes fantásticos, las buenas historias y las creaciones de Tim Burton, Alicia es una película que no se pueden perder!!

viernes, 12 de marzo de 2010

La decadencia de los partidos políticos en México

No cabe duda que estamos ‘en el hoyo’ con nuestro sistema de partidos. Comenzando el año vimos algo insólito: César Nava, dirigente nacional del PAN, tomado de la mano de Jesús Ortega, quien encabeza al PRD, ambos levantando los brazos en señal de victoria, muy contentitos por las alianzas que están estableciendo para ganarle al PRI en las elecciones estatales por venir.

¿Cómo podría eso funcionar si el PRD ha dicho que el presidente de México, militante panista, es un gobernante espurio y su investidura no tiene validez por venir de un proceso electoral fraudulento? Y en caso de ganar alguna gubernatura, ¿con base en qué principios van a elaborar su programa de gobierno, cómo se van a repartir el hueso?

Pienso en los militantes de esos partidos y qué situación más desconcertante, porque agua y aceite no se mezclan: aunque el fin parezca justificar los medios, esas sustancias siempre estarán separadas por su misma esencia y eso pasa con partidos como PAN y PRD, que son como los extremos de un mismo péndulo.

Un caso más: el del pelmazo de César Nava negando categóricamente haber firmado un acuerdo con el PRI, cuando al poco tiempo sale Beatriz Paredes con el documento en mano conteniendo su firma, la del Secretario de Gobernación Fernando Gómez Mont, la de un representante del ‘goberladrón’ Peña Nieto y la del propio Nava…

No sé qué fue peor: que lo negara dos o tres veces, como un Judas cualquiera, o el motivo por el cual suscribieron el documento, que era evitar que el PAN se aliara con cualquier fuerza política para contender por el Estado de México a cambio de aprobar el presupuesto 2010.

Y qué tal el circo de más de cinco horas montado esta semana en pleno Congreso de la Unión (omitiendo lo de ‘honorable’ porque sus integrantes son una vergüenza nacional): hubo descalificaciones, actitudes cínicas, desprecio por el encargo público y hasta un ‘Pinocho’ instalado en una curul. ¿Que esos son nuestros representantes?... Al menos, míos no… (bendito voto en blanco, jaja!!).

Que alguien me explique qué clase de cochinero es ese!! La única explicación es que nuestro sistema de partidos está en franca decadencia, que los políticos siguen respondiendo a intereses de grupo y no de la ciudadanía, y que, desafortunadamente, hagan lo que hagan tienen ganados los espacios en la vida pública de este país.

Lo mínimo que tendrían que hacer dos que tres de esos torpes es sencillamente renunciar, por respeto, por dignidad, y más el tracalero de Nava, que es un mustio, un antipático, un cobarde en el que no podría confiar nadie como cabeza de un partido político a nivel nacional. Y lo más alarmante es que el Comité Ejecutivo Nacional del PAN avala sus errores y los respalda – valiente estructura… –.

Ahí está nuestra democracia, esa es, no hay otra: la de la deshonestidad, la de las mafias de los grupúsculos, la del conformismo ciudadano ante tanta transa, que derivará en votar por esos mismos partidos chapuceros cuando sea época electoral.

viernes, 5 de marzo de 2010

Hasta en las mejores familias

Todavía no pasan ni dos meses del sismo que sacudió Haití cuando despertamos con la noticia de que un terremoto de 8.8 grados Richter se había registrado al sur de Chile, uno de los países con mejores niveles de desarrollo del continente.

La mañana que siguió a la destrucción, la presidenta Michelle Bachelet dijo ante los medios de comunicación que su gobierno evaluaría la situación y que de momento no necesitarían ayuda humanitaria.

¿Segura?... Más tardó en decirlo a que en televisión se repitieran escenas similares a las de Haití: más allá de lo predecible – inmuebles derrumbados, postes caídos, automóviles aplastados –, hordas desbocadas saqueaban los almacenes en busca de víveres. Pero no sólo eso, sino que también se estaban llevando ropa y electrodomésticos, la plena barbarie.

De los haitianos se esperaba porque se dice que son un pueblo miserable, ignorante, sin educación ni sentido de la solidaridad. Pero, ¿Chile, qué no se supone que son ‘muy civilizados’ dentro de la región?... Incluso han quemado supermercados al no encontrar botín disponible.

Probablemente sea parte de la condición humana, que en cuanto siente peligrar su integridad o su entorno, deja libre el instinto sobre la razón y se ven escenas como la de los saqueos.

Adicionalmente, es sorprendente y un poco preocupante que justo ahora esté temblando tan fuerte en todo el mundo: en un breve lapso del tiempo les tocó a Haití, Chile, Taiwán y Japón. Y en México parece que nos pasa la vida como si nada y que la memoria histórica posterior a 1985 fue borrada, porque luego de terremotos tan cercanos, yo ya me hubiera puesto las pilas para intensificar la cultura de protección civil.

No es que tengamos que entrar en pánico con lo ocurrido a los vecinos, sino tomar conciencia y tener presente lo que debemos hacer ante un desastre natural; en familia, ¿han establecido un lugar para reunirse en caso de colapso en los inmuebles, tienen una caja con insumos básicos (linterna, cerillos, radio, alcohol, algodón, vendas, paracetamol, etc…), tienen los documentos más importantes protegidos?

Y si para Chalco ya no había recursos de apoyo porque hubo un despliegue bárbaro para los haitianos, de plano Chile que ni se haga ilusiones (la verdad no peca pero incomoda…). Sólo hay que pedir a Dios que el desplazamiento de placas tectónicas provocado por los temblores al sur del continente no llegue hasta aquí porque de plano nos agarra ‘brujas’, sin un clavo en el bolsillo… (y que diga el gobierno, ¿qué ganó con lo de Haití? Porque prestigio y liderazgo en la zona, para nada…).

viernes, 26 de febrero de 2010

Todo viene de casa

Ante el alarmante crecimiento de la obesidad infantil en México, la opinión pública se ha dedicado a buscar culpables de tan severo problema. Los señalamientos más recientes apuntan a las escuelas como primera fuente responsable por vender alimentos de escaso valor nutricional. Y yo pregunto, ¿por qué las escuelas?

En su lugar, yo señalo al hogar, a la casa, como origen principal de vicios y virtudes de las personas. En el caso de la comida, es responsabilidad de los padres (abuelos, tíos o quienes vivan bajo el mismo techo) preparar a los pequeños diariamente para asistir a la escuela, y eso implica uniforme, libros, aditamentos diversos y, en el mismo de nivel de importancia – si no es que más – el conocido lunch.

Quienes acusan a las escuelas se justifican con lo siguiente: ‘es que con la dinámica matutina y el ritmo de vida actual no hay tiempo de prepararlo. Además, algunas mamás trabajan. Por eso, para que los niños no se queden con el estómago vacío a media mañana, mejor se les da dinero para que compren algo durante el recreo’.

Desmenucemos la frase y veremos que no tiene sentido:

- Arguyen la falta de tiempo en la mañana para hacer el lunch. Pero, ¿por qué no levantarse un poco antes para hacerlo o por qué no prepararlo la noche previa? No toma más de 15, máximo 20 minutos. Recordemos que se trata de dar a los niños una opción rica y sana para mediodía: un sándwich de jamón y queso, fruta picada, un yogurt, una barrita de cereal o unas galletas, nada muy elaborado.

- El hecho de que las madres de familia trabajen tampoco es excusa: mi mamá siempre trabajó y siempre llevé mi lonchera llena de cosas ricas preparadas por ella y por Lita: jícama, pepino, zanahoria o germen de alfalfa con sal, limón y chilito, y un termo con agua de limón (ya ven de dónde saqué mi incipiente gusto por frutas y vegetales, jaja. Ah, y en ocasiones llevaba sándwich de cajeta o mermelada como algo más especial, mmm).

- También se curan en salud diciendo que dan efectivo a los pequeñines para que se compren algo. Sin embargo, es evidente que la mayor parte de los niños, por su misma condición, elegirán una golosina chocolatosa o una bolsa de frituras para saciar el hueco a la hora del recreo. ¿Por qué no mejor ayudarles a cultivar buenos hábitos alimenticios? No está mal el dinerillo de vez en cuando para algún antojo, pero diario es mera holgazanería casera.

Echados a tierra todos los justificantes, no cabe duda que quienes atribuyen la culpa del sobrepeso en menores de edad a las instituciones educativas están en un gran error, pues los hábitos alimenticios por la casa empiezan: ¿que por qué los niños compran porquerías para comer en la escuela? Porque en su casa no se preocupan por prepararles lunch; ¿y por qué las escuelas no mejor venden sólo comida sana? Porque los hábitos alimenticios tienen que inculcarse en el hogar sin importar que el entorno esté repleto de antojos y comida deliciosamente pecaminosa (porque a quién no le seduce un dulce pastelito o una dona glaseada…).

La gente es chistosa: quiere que la escuela supla las funciones inherentes a los padres, como son rutinas de higiene, valores, gusto por la lectura, hábitos alimenticios y enseñanza religiosa, entre muchos otros. Tengámoslo muy presente: todo viene de casa.