viernes, 15 de julio de 2011

Una de cal por las de arena

Qué satisfactorio fue ver por televisión el pasado domingo la final del Mundial Sub-17, en la que nuestra Selección ganó –y bien ganado– 2-0 a Uruguay, conquistando el título y llevándose el trofeo.

Qué emocionante fue apreciar las caras de esos chicos con sus medallas al pecho, llorando, abrazándose, vitoreando a su entrenador, disfrutando palmo a palmo su merecida gloria deportiva.

Qué buena respuesta de la afición que se sumó al entusiasmo de la Sub-17 y se desbordó a las calles para apoyar y festejar, que agotó las entradas de los estadios donde jugó y aplaudió al día siguiente el recorrido de la Selección en turibús por toda la ciudad.

No cabe duda que ahí se escribió un capítulo importante en el deporte de nuestro país, con esa calidad de juego y un resultado que no solemos tener a nivel futbolístico. Pero, ¿a qué se debe que ellos pudieran hacerlo, a diferencia de la mal llamada ‘Selección Mayor’, que no ha sido más que una vergüenza nacional?

En primer lugar son jugadores desconocidos, que si bien todos deben tener proyectos, sueños e ideales de colocarse en equipos de primera división de México o en otros países, lo cierto es que por ahora se les ve auténticos, ‘limpios’, el juego por el juego, el triunfo per se.

Asimismo, por su carácter hasta cierto punto anónimo (que ya no lo es tanto luego de ese campeonato), aun no llaman la atención de los patrocinadores ni de las televisoras, que como una especie de Rey Midas contaminan todo lo que tocan y le restan legitimidad (eso sí, en cuanto terminó el partido se fueron cual chacales a apoderarse de aquellos a los que ven potencial ‘para vender’, qué actitud…).

Lo mismo sucede con los directivos de la Federación Mexicana de Futbol, que tiende a cumplir el requisito de enviar selecciones a las contiendas deportivas para cumplir con los compromisos adquiridos, pero no necesariamente se preocupa por el nivel más allá de la ‘Selección Mayor’ por lo que ésta implica.

Independientemente de lo que suceda con esos chicos, con su entrenador y su futuro, lo cierto es que ya nos tocaba y lo hemos disfrutado mucho, y digo ‘nos tocaba’ como público ávido de buenos resultados.

(Lo que me parece patético en cualquier situación es que si alguien destaca en tal o cual ámbito se le organice su consabida visita a Los Pinos, yéndose de gorra con las victorias en las que no tuvieron naaaada que ver…).

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