En diversas ciudades del mundo, como Amsterdam, Copenhague y Estocolmo, el uso de la bicicleta es ‘pan de cada día’, siendo el vehículo más utilizado por encima del transporte público o privado. Entre sus bondades destacan que no contamina y que las personas hacen ejercicio al tiempo que realizan sus traslados.
Siguiendo esas tendencias, la Ciudad de México ha impulsado la utilización de bicis en la zona centro de la metrópoli: la primera acción fue adaptar parte de lo que era la ruta del ferrocarril a Cuernavaca como ciclopista; luego fue cerrar vialidades un domingo de cada mes para que la gente pudiera circular en sus unidades alternas sin el riesgo de automóviles; y posteriormente instalaron módulos para préstamo de bicicletas –básicamente para quienes no poseen una o para que las usen los turistas–
Más adelante, siguiendo el modelo parisiense, el gobierno local creó el Programa Ecobici, con el que pagando una cuota anual se tiene derecho a utilizar por dos horas continuas cualquier bicicleta de las que están instaladas a lo largo del Paseo de la Reforma sin tener que dejarla en el lugar donde se tomó, y, dado el éxito obtenido, lo último ha sido crear un carril exclusivo para ciclistas en la misma avenida, desde la Puerta de los Leones de Chapultepec y hasta el Centro Histórico.
Tal evolución parecería indicar el éxito rotundo de las políticas ‘probici’ en el Distrito Federal. Sin embargo, uno que vive a diario la expansión de esos programas se da cuenta que las cosas no son tan color de rosa como parecen.
Los primeros días que uno veía a los ciclistas usando las ecobicis pensaba ‘Mira qué loco, cuántos oficinistas de la zona han optado por ese medio de transporte, ya sea para llegar al trabajo o para dar un paseo a la hora de la comida, esta es una bicimanía’.
Ya con el carril exclusivo todo se fue a pique: al principio casi nadie circulaba, pero conforme adquirieron confianza Reforma se ha convertido en una auténtica barbarie vial: los autobuses no son más que la misma ‘gata microbusera’ pero revolcada, porque los conductores manejan pésimo, no respetan las paradas y utilizan a placer el carril de alta velocidad; los automovilistas se pasan la preventiva o los altos y dan vuelta a la izquierda cuando está prohibido; y qué decir de los policías, que en lugar de agilizar entorpecen el tráfico al hacer caso omiso de los semáforos, guiados por su falta de sentido común.
A eso hay que sumarle que los ciclistas están desbocados: manejan en sentido contrario, tampoco respetan el alto, van volados, no les basta el carril confinado y van sobre la banqueta y uno como peatón está a expensas de sufrir algún incidente por culpa de cualquiera de esos infelices –lo peor es que amenazan con apoderarse también de Coyoacán y Tlalpan…–.
Pienso que antes del abrir el carril exclusivo en Reforma se debieron incluir los artículos pertinentes en el reglamento de tránsito que normen la forma en que circulan: ¿qué multas se les van a aplicar en caso de circular donde no deben o de atropellar a alguien?
Los ciclistas se quejaban siempre de que los automovilistas no los respetaban, pero ¿acaso ellos no están haciendo lo mismo con los peatones?... Que los reglamenten o que se vuelvan a limitar a los circuitos a los que siempre se les había confinado. Por lo pronto, me conformaré con que la lluvia haga lo propio ahuyentándolos esta temporada, jaja!!
Siguiendo esas tendencias, la Ciudad de México ha impulsado la utilización de bicis en la zona centro de la metrópoli: la primera acción fue adaptar parte de lo que era la ruta del ferrocarril a Cuernavaca como ciclopista; luego fue cerrar vialidades un domingo de cada mes para que la gente pudiera circular en sus unidades alternas sin el riesgo de automóviles; y posteriormente instalaron módulos para préstamo de bicicletas –básicamente para quienes no poseen una o para que las usen los turistas–
Más adelante, siguiendo el modelo parisiense, el gobierno local creó el Programa Ecobici, con el que pagando una cuota anual se tiene derecho a utilizar por dos horas continuas cualquier bicicleta de las que están instaladas a lo largo del Paseo de la Reforma sin tener que dejarla en el lugar donde se tomó, y, dado el éxito obtenido, lo último ha sido crear un carril exclusivo para ciclistas en la misma avenida, desde la Puerta de los Leones de Chapultepec y hasta el Centro Histórico.
Tal evolución parecería indicar el éxito rotundo de las políticas ‘probici’ en el Distrito Federal. Sin embargo, uno que vive a diario la expansión de esos programas se da cuenta que las cosas no son tan color de rosa como parecen.
Los primeros días que uno veía a los ciclistas usando las ecobicis pensaba ‘Mira qué loco, cuántos oficinistas de la zona han optado por ese medio de transporte, ya sea para llegar al trabajo o para dar un paseo a la hora de la comida, esta es una bicimanía’.
Ya con el carril exclusivo todo se fue a pique: al principio casi nadie circulaba, pero conforme adquirieron confianza Reforma se ha convertido en una auténtica barbarie vial: los autobuses no son más que la misma ‘gata microbusera’ pero revolcada, porque los conductores manejan pésimo, no respetan las paradas y utilizan a placer el carril de alta velocidad; los automovilistas se pasan la preventiva o los altos y dan vuelta a la izquierda cuando está prohibido; y qué decir de los policías, que en lugar de agilizar entorpecen el tráfico al hacer caso omiso de los semáforos, guiados por su falta de sentido común.
A eso hay que sumarle que los ciclistas están desbocados: manejan en sentido contrario, tampoco respetan el alto, van volados, no les basta el carril confinado y van sobre la banqueta y uno como peatón está a expensas de sufrir algún incidente por culpa de cualquiera de esos infelices –lo peor es que amenazan con apoderarse también de Coyoacán y Tlalpan…–.
Pienso que antes del abrir el carril exclusivo en Reforma se debieron incluir los artículos pertinentes en el reglamento de tránsito que normen la forma en que circulan: ¿qué multas se les van a aplicar en caso de circular donde no deben o de atropellar a alguien?
Los ciclistas se quejaban siempre de que los automovilistas no los respetaban, pero ¿acaso ellos no están haciendo lo mismo con los peatones?... Que los reglamenten o que se vuelvan a limitar a los circuitos a los que siempre se les había confinado. Por lo pronto, me conformaré con que la lluvia haga lo propio ahuyentándolos esta temporada, jaja!!
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