jueves, 8 de noviembre de 2012

Nuevas necesidades


Un día de la semana pasada llegaba la hora de la comida. Lety tenía listos sopa de brócoli, pechuga de pollo y chícharos que sólo requerían calentarse, así que, como ocurre con cierta frecuencia, nos dispusimos a ponerla en recipientes para microondas y proceder.

¿Cuánto será bueno? Mmm 30 segundos, que viene del refri. Programado, listo, inicio, y de repente que empezamos a oír una especie de turbina destartalada acompañada por una luz anaranjada en el interior del horno. Ups!! Detuvimos el proceso e intentamos de nuevo por si acaso hubiera sido sólo imaginación. Pero nada de eso, de nuevo la luz a medio encender y ahora el acompañamiento de un olorcillo a quemado que nos llevó a apartar para el reciclaje la provisión (quién sabe qué pudo haber despedido el aparato ese…).

De entonces a la fecha, en espera de una buena promoción para renovar nuestro microondas (tipo meses sin intereses, buen fin o cupones de descuento), nos hemos visto en la necesidad de prescindir del citado adminículo, y es increíble percatarse de cuánta falta hace; las tres mamilas del día de Lety (y la esterilización de sus respectivas chupetas), el café de César en la mañana, nuestra leche de la noche, el queso de los molletes, mi agua en ayunas en la madrugada (si no la tomo tibiecita corro el riesgo de irritarme la garganta)…

Y me pregunto, ¿en qué momento nos hicimos tan dependientes del horno de microondas? Porque es evidente que la humanidad ha pasado siglos y siglos calentando en leña, carbón y recientemente en estufa los alimentos, pero en un lapso de 20 años el mentado hornito se ha vuelto un ‘must’ en las cocinas de todas las casas, al grado que me atrevería a decir que muchas personas sobreviven con cama, tele, refrigerador y microondas.

Y no sólo ese caso, sino también el del teléfono celular, que si se le acaba la batería o se olvida en casa o alguna otra parte se siente uno como desnudo, desvalido, y piensa ‘Chispas, no tengo teléfono, ¿qué hago si pasa algo en el camino, cómo avisar, o cómo me avisan de algo importante que pase en este preciso momento?’, cuando antes andaba uno así como así por la vida, con lo puesto más lo de la bolsa y no pasaba absolutamente nada. ¿Y las emergencias? Desde un teléfono fijo o utilizando monedas en los de carácter público.

Sin embargo, es de suponerse que el avance tecnológico y la posibilidad de simplificar las labores cotidianas son las que generan estas nuevas necesidades –que se convierten en necesidades reales–, porque en el caso del microondas sí hay una gran diferencia entre poner 5 segundos el yogurt de Lety al hornito para que no lo tome tan frío o esperar unas tres o cuatro horas para que el mismo lácteo alcance la temperatura ambiente. 

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