Un día de la semana pasada llegaba la hora de
la comida. Lety tenía listos sopa de brócoli, pechuga de pollo y chícharos que
sólo requerían calentarse, así que, como ocurre con cierta frecuencia, nos
dispusimos a ponerla en recipientes para microondas y proceder.
¿Cuánto será bueno? Mmm 30 segundos, que
viene del refri. Programado, listo, inicio, y de repente que empezamos a oír
una especie de turbina destartalada acompañada por una luz anaranjada en el
interior del horno. Ups!! Detuvimos el proceso e intentamos de nuevo por si
acaso hubiera sido sólo imaginación. Pero nada de eso, de nuevo la luz a medio
encender y ahora el acompañamiento de un olorcillo a quemado que nos llevó a apartar
para el reciclaje la provisión (quién sabe qué pudo haber despedido el aparato
ese…).
De entonces a la fecha, en espera de una
buena promoción para renovar nuestro microondas (tipo meses sin intereses, buen
fin o cupones de descuento), nos hemos visto en la necesidad de prescindir del
citado adminículo, y es increíble percatarse de cuánta falta hace; las tres
mamilas del día de Lety (y la esterilización de sus respectivas chupetas), el
café de César en la mañana, nuestra leche de la noche, el queso de los molletes,
mi agua en ayunas en la madrugada (si no la tomo tibiecita corro el riesgo de
irritarme la garganta)…
Y me pregunto, ¿en qué momento nos hicimos
tan dependientes del horno de microondas? Porque es evidente que la humanidad
ha pasado siglos y siglos calentando en leña, carbón y recientemente en estufa los
alimentos, pero en un lapso de 20 años el mentado hornito se ha vuelto un ‘must’ en las cocinas de todas las casas,
al grado que me atrevería a decir que muchas personas sobreviven con cama, tele,
refrigerador y microondas.
Y no sólo ese caso, sino también el del
teléfono celular, que si se le acaba la batería o se olvida en casa o alguna
otra parte se siente uno como desnudo, desvalido, y piensa ‘Chispas, no tengo teléfono, ¿qué hago si pasa
algo en el camino, cómo avisar, o cómo me avisan de algo importante que pase en
este preciso momento?’, cuando antes andaba uno así como así por la vida,
con lo puesto más lo de la bolsa y no pasaba absolutamente nada. ¿Y las
emergencias? Desde un teléfono fijo o utilizando monedas en los de carácter
público.
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