Luego de un viaje a Chile, César me regaló un
cuadrito muy mono con una cita del francés Marcel Proust que dice ‘Las cosas más lindas suceden cuando sin
darnos cuenta compartimos lo más simple’, y cuánta razón tienen esas
palabras.
Caí en cuenta de eso justo ayer, que en
Estados Unidos celebraron el Día de Acción de Gracias, y es que esas aparentes
simplezas son lo que hace que la vida sea vida y que podamos alcanzar la
plenitud como seres humanos, cada uno en su propio contexto.
Así, a pesar de que aquí no significa gran
cosa esa fecha –aunque allá igual es hasta más importante que la mismísima
Navidad–, aprovecho para dar gracias a Dios por todas y cada una de las
bendiciones que me concede a diario, esos pequeños grandes detalles que la cotidianidad
me regala.
A continuación, y sin pretensión de caer en
lugares comunes, aquí van algunas de ellas:
- Gracias por la fortuna de contar con un
techo, pues no importa cómo transcurrió el día, cómo se presentó el tránsito o
qué pendientes se tengan; nuestro hogar es el remanso de paz por excelencia.
- Gracias
por contar de lleno con los sentidos; 500 millones de personas en el mundo
tienen alguna discapacidad (bendito sea Dios que uno puede ver, oír, saborear,
tocar, caminar, oler, etc…).
- Gracias por la hora en que cada noche César y yo nos acurrucamos en nuestra camita para cenar, ver tele y platicar de nuestro día; es una verdadera delicia que esperamos a diario, es el instante en que nos centramos en nuestro propio mundo.
- Gracias por la posibilidad de abrir la
llave y utilizar el agua de manera inmediata; más de 800 millones de personas
no tienen esa suerte y tienen que caminar kilómetros para llenar un recipiente
(o conformarse con tomar agua sucia y morir de gastroenteritis, tifoidea,
amibiasis u otros padecimientos gástricos).
- Gracias por la dicha de disfrutar a mi mamá
a diario, de forma ilimitada; nunca imaginé salir del circuito laboral y tener
todo el tiempo para nosotras, para pasear, cocinar, reír largo y tendido y generar
momentos grandiosos a cada momento.
- Gracias por la fortuna de abrir la alacena
o el refrigerador cuando uno quiere comer algo; 870 millones de personas
padecen hambre en nuestro planeta.
- Gracias por el hecho de contar con un
automóvil para trasladarse por todas partes; da mucha tristeza ver cómo las
personas llevan a los bebés en el transporte público a primera hora de la
mañana, o cómo la gente espera el camión bajo la lluvia con el temor de que
pasen los autos y los bañen con el agua de los charcos.
- Y gracias, gracias desde lo más profundo de
mi ser, por la dicha de oír a la pequeña Lety despertar llamándome con su dulce
voz diciendo Mamá; por la felicidad
que me da el estar con ella, jugar juntas, preparar su comida, cantarle,
peinarla, cuidar que no se caiga cuando corre del estudio a su recámara, y una
infinidad de bendiciones a su lado, tan sólo con año siete meses de
existencia!!
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