viernes, 16 de noviembre de 2012

Mi música


Hacía 6 años que la cantante española Ana Torroja no venía a México, hasta que el pasado sábado ofreció un concierto en el Teatro Metropolitan. Y qué digo concierto, conciertazo, en el que cantó lo mejor de su repertorio, incluyendo el que generó durante 10 años en Mecano y del que ha sabido hacer en otros 14 como solista.

César y yo llegamos con buen tiempo para contemplar el recinto, un lugar espléndido con exterior art decó e interior neoclásico, sobreviviente de los grandes cines de mediados del siglo XX al saberse renovar como sala de conciertos.

El público extrañamente mezclado, con personas de todas las edades, condiciones sociales diversas y preferencias sexuales varias (y hablo de una mezcla porque generalmente los asistentes a cada espectáculo comparten ciertas características dependiendo el artista; por ejemplo, cuando vimos a Magneto la mayor parte de las asistentes tenía mi edad, o cuando ve uno a Il Divo la mayoría son mujeres), todos expectantes a la salida de la Torroja.

Así, a las 8.15 hrs., las luces se apagaron y aquello comenzó. Ana Torroja lucía espléndida, no pasan años por ella ni en su condición física ni en su forma de conducirse en el escenario; en serio que cuando se tienen experiencia y talento el resultado es arrasador.

Ahí, sin mayor compañía que la de tres músicos y un austero escenario con una enorme pantalla de fondo, la Torroja abrió con una canción de su más reciente disco, llamada ‘Soy’, que acompañó de un video de sus vacaciones familiares de infancia. Siguió con ‘Como sueñan las sirenas’ –rolón de su primer trabajo como solista, que debió ser del ’98– y después ‘Ay qué pesado’ –de esas que te mueven los pies, con la que todo el público nos pusimos de pie–.

Interpretó ‘Mujer contra mujer’, ‘A contratiempo’ (con la presencia de Beny Ibarra), ‘Los amantes’, ‘Quédate en Madrid’, ‘El siete de septiembre’ y ‘Duele el amor’ (con Alex Syntek, que también llegó para cantar con Ana; pobre diablo, después de la vergüenza del bicentenario por fin dio la cara, y apuesto a que nadie le dijo ‘Usted disculpe’ cuando le echaron a perder la carrera. Definitivamente eso no era lo suyo, sino generar trabajos excelentes como los del disco ‘La fuerza del destino’, de la misma Torroja, de 2006).

También ‘Hijo de la luna’ (sin duda un rolononón, tanto por la historia que cuenta como por la música), ‘Naturaleza muerta’ (del disco ‘Ay Dalai’, también una gran composición), ‘Veinte mariposas’ (con la que recuerdo mi tránsito de Monitor a SEDESOL), ‘Partir’, ‘Aire’ (las versiones que surgieron después de la original, del primer disco de Mecano, son cada vez mejores, qué canción, qué bárbaro), ‘Sonrisa’ y ‘Cruz de navajas’ (impecable, también de las que pegaron con todo en su momento).

El concierto llegó a su clímax con ‘Maquillaje’ en una versión de charleston, y cerró súper fuerte con ‘Barco a Venus’, con mucha energía, muchísima, todos saltando al ritmmo del estribillo ‘hey, hey, hey, hey’. Ahí quedaba bien el cierre, aunque después de tanto barullo la Torroja tuvo que salir de nuevo y cerrar, no por ello desmereciendo, sino con otra emblemática como ‘Me cuesta tanto olvidarte’, uf…

Total que luego de dos horas de disfrutar de todas y cada una de esas canciones que conforman lo que considero mi música – en las que canté a todo pulmón, baile y brinqué animadísimamente– se cumplió lo que dijo Ana Torroja: salimos más contentos de lo que entramos (o como quien dice, desquitamos sobradamente el boleto, jaja).

César también disfrutó mucho de la velada y afirmó que en realidad haber visto a la Torroja así es como estar en un concierto de Mecano porque es la voz original con las mismas canciones… Aun así, mantengo la esperanza de ver un día a los Mecano (como dijera el buen Gárgamel, ‘Aunque sea lo último que haga, lo último que haga’, jajaja. Y no se crean: este año estaban en negociaciones para hacer una gira; ya llegará, ya llegará, y yo seguiré esperando gustosa).

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