miércoles, 8 de febrero de 2012

¡Que alguien conteste!

Es paradójico que ahora, en el tiempo en que la atención al cliente y la calidad en el servicio suponen imperar, sea casi una hazaña comunicarse con alguien para recibir asesoría o quejarse de algo en los teléfonos habilitados para tales fines, ya sea en las empresas, el gobierno o los bancos.

Esto viene a colación porque la semana pasada mi mamá intentó entrar a su cuenta en Bancomer, como siempre lo hace, y el sistema se lo impidió señalando que debía ir a una sucursal por un dispositivo electrónico especial.

Así lo hicimos, y cuando volvió a intentar entrar utilizando la monada esa, el portal en línea tampoco la dejó hacerlo, pero en ningún lado decía ‘Aquí está el 1,2,3 para ingresar con el nuevo método’ o algún breviario indicativo (y ni siquiera el artefacto traía un instructivo, sólo decía cómo encenderlo).

Bueno, ni modo, esos torpes no siempre lo hacen como deben, así que procedió a marcar el número de atención telefónica para toda una serie de situaciones que van de la información sobre productos financieros y comisiones hasta saldos y robo o extravío de tarjetas.

Tic… tic… ‘Bienvenido a Bancomer. Seleccione la opción deseada’ y así se lanzan con unas 8 o 9 opciones. Bueno, ya marcó mi mamá la relacionada con utilización del sitio de internet y otra retahíla de alternativas entraba: ‘Preguntas frecuentes marque uno, guía para ingresar al portal marque dos, nuevo sistema marque tres, para repetir el menú anterior marque cuatro’.

Habiendo elegido por enésima vez entraba una grabación: ‘Por el momento todos nuestros ejecutivos se encuentran ocupados; espere en la línea, seguimos atendiéndolo’, y ponen una musiquilla desesperante interrumpida únicamente por anuncios del mismo banco y de nuevo el mensaje de que están ocupados. Y pasaron cinco, diez y hasta quince minutos y todo para que al final de la espera la llamada se corte automáticamente, ¡qué desesperante!

Le dije a mi mamá que eligiera otra opción, y otra y otra hasta llegar a que una persona, alguien tangible, respondiera para ver si acaso así, directo, entre ellos que conocen sus extensiones, la transferían al área correspondiente. Luego de varios intentos y marque este y aquel número, logramos que una tipita amable y competente la sacara de dudas (que simplemente fue desbloquear la cuenta desde la oficina central).

Pero en serio que qué impotencia siente uno cuando nadie escucha del otro lado, cuando el interlocutor no es más que una grabación, una imagen ficticia que no lo saca a uno ni de la duda ni del problema. Y eso que se trata de la era de la comunicación…

(Nota: peor aun me pasó también en estos días cuando llamé a SEDESOL para ver si estaba lista mi ‘carta de baja’; ni siquiera en el conmutador respondían, y de las dos veces que lo hicieron, en lugar de atender con un amable ‘Secretaría de Desarrollo Social, buenos días / tardes’, una se oía una voz seca y osca diciendo ‘Conmutador’… y al supuestamente transferirme de inmediato se cortó (o me cortaron), y la otra pedí la extensión de Relaciones Laborales y no me la quisieron dar; el colmo de los colmos…).

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