Quién no confía ciegamente en sus padres: nos dan la vida, el cariño, el tiempo, el afecto y un sinnúmero de maravillas que sólo ellos otorgan. Son quienes te aconsejan desinteresadamente, te quieren de manera incondicional y en los que puedes confiar siempre. Sin embargo, hay quienes ven en los hijos, su talento y habilidades una mina de oro que no se puede dejar de explotar.
El más reciente es el de la tenista española Arantxa Sánchez Vicario, quien el martes pasado presentara su autobiografía en la que denuncia cómo su madre y su padre abusaron de su confianza para manipularla, ejercer un control desmedido sobre ella y hacer lo que querían con sus ganancias; le decían que todos los chicos que la buscaran sólo lo harían por dinero (mejor dicho, no fueran a disfrutar otros de esos billetes), no podía salir con amigas, mandaron investigar a su primer esposo con toda la intención de encontrarle ‘algo’, etc… etc…etc…
Además, como era de esperarse y dada la condición de menor de edad de Arantxa, sus padres administraron por muchos años los recursos provenientes de los torneos, y ahora ella les pregunta dónde quedaron los 45 millones de euros que se estima estuvieron en sus arcas.
Cínicamente, los Sánchez Vicario –porque sus hermanos se han puesto en contra de la ex deportista, aunque seguro disfrutaron también de las mieles materiales de su éxito– dicen que Aratxa está quebrada, que debe 3 millones de euros a la hacienda pública y que por eso pretende lucrar con un libro polémico. Sin embargo, con o sin dinero, lo cierto es que no está pidiendo que le devuelvan esos millones, sino una explicación.
Además, no debe ser fácil poner al descubierto una situación como esa, reconocer que tus propios padres se pasaron de listos contigo, que muchos momentos especiales se te esfumaron por su culpa y que la ambición pudo más que el amor.
Y a diferencia de otros casos de abuso por parte de los padres sobre los hijos que llevan a estos últimos a excesos etílicos, intoxicación farmacológica o vidas estrafalarias y desordenadas, luego de escapar de su entorno familiar –como Macaulay Culkin, Britney Spears, Michael Jackson y Lindsay Lohan–, Arantxa nunca ha dado de qué hablar en sentido negativo, está casada y tiene dos hijos. Pero tristemente ahora se está percatando que no todo ha sido felicidad en su vida.
En lo que sí coincide con algunos de esos artistas infantiles o juveniles es que ha llegado al grado de demandar sus padres, e incluso les ha pedido que desalojen la casa que compraron con dinero de ella.
En fin, ya sea por morbo, interés, amarillismo o cualquier otra razón, habrá que leer el testimonio de la ex tenista, cuya vida, a pesar de esta denuncia, seguro nunca será plena porque el daño hecho está.
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