viernes, 2 de julio de 2010

El llanto humanista: adiós a Saramago y a ‘Monsi’

Luego de los lamentables – aunque veladamente esperados – fallecimientos de José Saramago y Carlos Monsivais, el humanismo sigue llorando la pérdida de dos de sus más grandes representantes en tiempos recientes. Ambos, reconocidos críticos de los regímenes opresores; ambos, luchadores incansables de los grupos minoritarios.

Los dos fueron abogados de las causas más nobles; los dos, hombres de carne y hueso que supieron dar a los ideales la voz necesaria para salir del anonimato. Saramago y ‘Monsi’ siempre serán conciencia social y mano solidaria, congruencia absoluta y la más diáfana de las sensibilidades.

En lo personal, mi historia con esos personajes se dio de la siguiente forma:

Cuatro días antes que César y yo iniciáramos nuestra historia – es decir, el 10 de diciembre de 1998 –, Saramago era galardonado con el Premio Nobel de Literatura, así que la coyuntura pareció vincularnos tempranamente. En octubre del año siguiente celebramos un año de habernos conocido y 10 meses de estar juntos comprando ‘El Evangelio según Jesucristo’, una joya literaria que había que conocer personalmente.

Y no se queda corto el adjetivo, pues aunque esa hubiera sido la única obra de Saramago, con eso yo también le daba el Nobel: simplemente excelente, por la forma y por el fondo, por todo el planteamiento en sí mismo. Y quedamos tan embelesados con tan buena historia que seguimos leyendo otros de sus textos.

A mediados de 2003, hojeando el periódico, me enteré que el fin de semana siguiente José Saramago estaría en México firmando libros en la sucursal del Fondo de Cultura Económica (FCE) ubicada en Miguel Ángel de Quevedo. Ni tardas ni perezosas fuimos mi mamá y yo desde las diez y pico de la mañana, siendo que la firma estaba anunciada de 12 a 14 hrs. Si bien había ya varias personas, todavía no estaba la multitud.

Pero como todo en nuestro México, poco a poco empezó a llegar la gente a la que le ‘apartaron’ lugar, los que buscaron y encontraron un conocido en la fila y no faltaron los que descaradamente se colaron.

Más allá de lo indignante que resultan esas prácticas, todo dio un giro inesperado cuando los organizadores del FCE salieron a la calle para decir ‘En un momento más se entregarán las cien fichas para ver a Saramago’. ¡¡¡¿¿¿Fichas???!!! Claramente el periódico marcaba dos horas para el evento, así que no nos quedaríamos sin ver a Saramago por un puñado de abusivos.

En ese momento me puse rabiosa, y de manera ‘alteradamente racional’ grité ‘Dijeron que el evento sería de 12 a 14 hrs., y si quieren aplicar el sistema de fichas están contradiciendo su propio anuncio. Eso es publicidad engañosa, no quieran tomarnos el pelo, queremos ver a Saramago, lo queremos ver. Y si quieren con fichas, que repartan otras cien’.

Y la gente de la fila que llegó después de nosotros pero antes de los que se pasaron de ‘audaces’ me secundó con firmeza, armándose un escándalo que orilló a los del FCE a imprimir otras cien fichas de acuerdo a mi propuesta.

Habiendo garantizado nuestra entrada a la librería me puse en paz y me hice ‘que la Virgen me hablaba’ al momento de ingresar, no fueran a impedirme el acceso por revoltosa, jajaja!!

Adentro fue muy emocionante poder saludar – de beso y todo – a un hombre como Saramago, el de las letras más lúcidas, el de los grandes textos provenientes de una mente tan imaginativa. Y lo mejor: siempre podré remitirme al librero de casa y ver las fotos que nos tomamos con el escritor, o abrir El Evangelio según Jesucristo o El hombre duplicado y ver plasmada la fecha de ese momento: 17 de mayo de 2003.

Curiosamente en el mismo evento, luego de saludar a Saramago, vimos a Carlos Monsivais, ‘Monsi’, quien en un momento giró hacia donde yo estaba, de manera automática levanté la cámara y sonrió de manera chusca al tiempo que hacía una reverencia que también fue captada para nuestra posteridad personal.

Y esa no fue la primera ni la única vez que vimos a Monsi: una vez lo descubrimos saliendo de la estación del metro Bellas Artes rumbo a un homenaje organizado a Jaime Sabines en el marco de su primer aniversario luctuoso. Caminaba entre la gente como cualquier hijo de vecino, y ante los saludos de quienes hacíamos fila levantaba la mano, a pesar de su característica timidez.

En otra ocasión lo vimos en la inauguración del Museo del Estanquillo, el recinto que creó para compartir sus colecciones de múltiples objetos que reflejan el imaginario colectivo del mexicano urbano de distintas épocas. El evento sólo pudo ser organizado por y para él, pues reunió a personajes tan diversos como Rafael Barajas ‘El Fisgón’, Carlos Slim y Tongolele, y tocaban cha cha cha como música de fondo y el lugar quedó sensacional.

Más allá de los lugares comunes utilizados por políticos, barberos y pseudo amigos que les salieron a los dos escritores luego de su deceso, lo cierto es que dejan un vacío intelectual que difícilmente podrá ser llenado, pues en estos tiempos de consumismo, deshumanización, individualismo, frivolidad y materialismo, no veo a quién le importa promover los valores de todos los tiempos: la esencia, la fraternidad, la sensibilidad y el amor.

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