Después de un agitado mes futbolístico, el Mundial Sudáfrica 2010 llegó a su fin luego de que España y Holanda disputaran el último partido por la Copa FIFA (y por cierto, qué mal partido…). Con ello también nos despedimos de los medios días botaneros, de los análisis deportivos de sobremesa y de estar al pendiente de qué juego seguiría.
Cada campeonato tiene sus características, y pienso que las más relevantes de este fueron las inconsistencias generalizadas –con el mayor número de penales fallados del que se tenga registro–, el ‘apagón’ de las ‘estrellas nacionales’ –que hacen maravillas en el extranjero pero que con sus países no brillan ni con luz de emergencia–, un pésimo arbitraje y la caída de las grandes potencias futbolísticas –recordemos que ni Italia ni Inglaterra ni Francia pasaron siquiera a la fase de octavos–.
En el caso de México, el accidentado inicio de las eliminatorias marcó la participación completa en la contienda: primero el desfile de entrenadores que no dieron el ancho pero que cobraron como si fueran los mejores; luego la entrada de Aguirre como director técnico después de las súplicas de los funcionarios de la Federación Mexicana de Futbol (FEMEXFUT), de Televisa y TV Azteca para sacar adelante tan jugoso negocio, perdón, por el orgullo nacional; y ya que se había recuperado en buena parte la confianza de la afición, de nuevo las decisiones sin sentido, los desaciertos y la intromisión de toda clase de intereses llevaron de nuevo al abismo a la Selección Nacional.
Eso sí, fue increíble presenciar en pleno Paseo de la Reforma los festejos que siguieron al partido México-Francia, en el que nuestro país ganó por dos goles; cerraron la vialidad y cientos de personas desfilaban hacia el Ángel de la Independencia portando las playeras verdes o negras, echando porras y tocando trompetas (que no sé por qué tanto escándalo con las vuvuzelas, como si aquí no se oyeran las cornetas a todo lo que dan en un partido de fin de semana o un 15 de septiembre en las plazas públicas).
En las obras de la sede del Senado, frente a mi oficina, era emocionante ver a los señores de la construcción, en el penúltimo piso, ondeando sus banderas. Y las mezcladoras de cemento y las grúas hidráulicas, en la lateral, sonaban sus cláxones al tradicional ritmo del ‘tu tu tututú’.
Pasaban carriolas (que es el término correcto, con i y no con e, de acuerdo a la Real Academia de la Lengua Española), niños, perros y hasta una carroza fúnebre literalmente tapizada de gente, todos rumbo al Ángel. En ese momento no existía nada más que la victoria deportiva, todo era alegría y celebración, y lo que viniera era lo de menos, pues el momento era ese.
(A los únicos que seguramente no les hizo mucha gracia la efervescencia de ese día fue a las tiendas departamentales que ofrecieron regalar los televisores comprados en cierta fecha si México llegaba al quinto partido… pero pronto ‘les volvió el alma al cuerpo’, como dijera Lita, porque sólo ganamos ese partido).
Pero regresando al plano crítico y objetivo, a pesar de aquellos festejos, no era posible que ya en el Mundial, Aguirre siguiera experimentando con una y otra alineación y que en esos vaivenes cometiera errores tan absurdos como alinear a Rodolfo ‘El Bofo’ Bautista desde el principio frente a Argentina, o meter a Guillermo ‘El Guille’ Franco, maleta como él sólo, en los cuatro partidos jugados, o de plano haber llevado a Alberto ‘El Venado’ Medina para estar en la banca, luego de haber demostrado en los partidos amistosos ser un buenazo en el ataque (qué mal rollo, lo que provoca la falta de padrino…).
Todos se preguntaban ¿qué le pasó a Aguirre?, y yo creo que la respuesta está en que la mafia de la FEMEXFUT y del duopolio mediático televisivo de nuestro país terminaron, como siempre, apoderándose de la escena, y Aguirre, que seguramente se prestó entrando a ese juego perverso de intereses, favoritismos y muuuucho dinero de por medio, llevaron a la Selección al acostumbrado final que todos conocemos.
Y a mi no me la venden: aunque digan que para el próximo Mundial la preparación de los seleccionados estará a cargo de un solo técnico, que habrá más tiempo para entrenar y que viene una nueva generación de futbolistas de enorme potencial, ‘c’est toujours la même chose’, siempre es lo mismo en el futbol mexicano.
Con ese desenlace, mejor ni hubiera ido la Selección al Mundial, porque los únicos beneficiados fueron, además de los ya mencionados, los patrocinadores que se forraron de dinero con el consumo de los ilusos que creyeron que ‘ahora si era la buena’.
P.D.: Pero volviendo al Mundial y para cerrarlo bien, qué buena onda lo del beso del portero español Iker Casillas a su novia reportera mientras lo entrevistaba luego de ganar la Copa (y qué mojigatos a los que no les pareció). Como dijeran los manifestantes en el registro civil cuando César y yo nos casamos, ‘abran paso al amor’, jajaja!!
Cada campeonato tiene sus características, y pienso que las más relevantes de este fueron las inconsistencias generalizadas –con el mayor número de penales fallados del que se tenga registro–, el ‘apagón’ de las ‘estrellas nacionales’ –que hacen maravillas en el extranjero pero que con sus países no brillan ni con luz de emergencia–, un pésimo arbitraje y la caída de las grandes potencias futbolísticas –recordemos que ni Italia ni Inglaterra ni Francia pasaron siquiera a la fase de octavos–.
En el caso de México, el accidentado inicio de las eliminatorias marcó la participación completa en la contienda: primero el desfile de entrenadores que no dieron el ancho pero que cobraron como si fueran los mejores; luego la entrada de Aguirre como director técnico después de las súplicas de los funcionarios de la Federación Mexicana de Futbol (FEMEXFUT), de Televisa y TV Azteca para sacar adelante tan jugoso negocio, perdón, por el orgullo nacional; y ya que se había recuperado en buena parte la confianza de la afición, de nuevo las decisiones sin sentido, los desaciertos y la intromisión de toda clase de intereses llevaron de nuevo al abismo a la Selección Nacional.
Eso sí, fue increíble presenciar en pleno Paseo de la Reforma los festejos que siguieron al partido México-Francia, en el que nuestro país ganó por dos goles; cerraron la vialidad y cientos de personas desfilaban hacia el Ángel de la Independencia portando las playeras verdes o negras, echando porras y tocando trompetas (que no sé por qué tanto escándalo con las vuvuzelas, como si aquí no se oyeran las cornetas a todo lo que dan en un partido de fin de semana o un 15 de septiembre en las plazas públicas).
En las obras de la sede del Senado, frente a mi oficina, era emocionante ver a los señores de la construcción, en el penúltimo piso, ondeando sus banderas. Y las mezcladoras de cemento y las grúas hidráulicas, en la lateral, sonaban sus cláxones al tradicional ritmo del ‘tu tu tututú’.
Pasaban carriolas (que es el término correcto, con i y no con e, de acuerdo a la Real Academia de la Lengua Española), niños, perros y hasta una carroza fúnebre literalmente tapizada de gente, todos rumbo al Ángel. En ese momento no existía nada más que la victoria deportiva, todo era alegría y celebración, y lo que viniera era lo de menos, pues el momento era ese.
(A los únicos que seguramente no les hizo mucha gracia la efervescencia de ese día fue a las tiendas departamentales que ofrecieron regalar los televisores comprados en cierta fecha si México llegaba al quinto partido… pero pronto ‘les volvió el alma al cuerpo’, como dijera Lita, porque sólo ganamos ese partido).
Pero regresando al plano crítico y objetivo, a pesar de aquellos festejos, no era posible que ya en el Mundial, Aguirre siguiera experimentando con una y otra alineación y que en esos vaivenes cometiera errores tan absurdos como alinear a Rodolfo ‘El Bofo’ Bautista desde el principio frente a Argentina, o meter a Guillermo ‘El Guille’ Franco, maleta como él sólo, en los cuatro partidos jugados, o de plano haber llevado a Alberto ‘El Venado’ Medina para estar en la banca, luego de haber demostrado en los partidos amistosos ser un buenazo en el ataque (qué mal rollo, lo que provoca la falta de padrino…).
Todos se preguntaban ¿qué le pasó a Aguirre?, y yo creo que la respuesta está en que la mafia de la FEMEXFUT y del duopolio mediático televisivo de nuestro país terminaron, como siempre, apoderándose de la escena, y Aguirre, que seguramente se prestó entrando a ese juego perverso de intereses, favoritismos y muuuucho dinero de por medio, llevaron a la Selección al acostumbrado final que todos conocemos.
Y a mi no me la venden: aunque digan que para el próximo Mundial la preparación de los seleccionados estará a cargo de un solo técnico, que habrá más tiempo para entrenar y que viene una nueva generación de futbolistas de enorme potencial, ‘c’est toujours la même chose’, siempre es lo mismo en el futbol mexicano.
Con ese desenlace, mejor ni hubiera ido la Selección al Mundial, porque los únicos beneficiados fueron, además de los ya mencionados, los patrocinadores que se forraron de dinero con el consumo de los ilusos que creyeron que ‘ahora si era la buena’.
P.D.: Pero volviendo al Mundial y para cerrarlo bien, qué buena onda lo del beso del portero español Iker Casillas a su novia reportera mientras lo entrevistaba luego de ganar la Copa (y qué mojigatos a los que no les pareció). Como dijeran los manifestantes en el registro civil cuando César y yo nos casamos, ‘abran paso al amor’, jajaja!!
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