Hacía apenas unos días que los medios lanzaban la advertencia: es probable que las autoridades canadienses comiencen a pedir visa a los mexicanos que pretendan entrar en su territorio. Pero no pasó ni una semana cuando la noticia se oficializó: de un día para otro, con la pena pero no entras sin el mentado documento.
La verdad no culpo al indio, sino al que lo hace compadre, y es que con la fama – tristemente bien ganada – de narcos y tracaleros que han hecho los mexicanos, no es raro pensar que se haya perdido la confianza en las personas que ostenten esa nacionalidad.
El requerimiento de visa es decisión soberana de cada país y eso no se cuestiona. El problema es que los canadienses se vieron completamente rebasados al imponer el procedimiento de manera repentina: no puedo creer que teniendo una cultura de organización y planeación desconocieran el número de turistas, hombres de negocios y estudiantes que viajan anualmente a Canadá, porque de eso dependía el flujo de solicitantes
(Nota: la Secretaría de Relaciones Exteriores afirmó que unos 270 mil mexicanos viajan anualmente a ese país, en tanto que un millón 300 mil canadienses vienen al nuestro en el mismo lapso de tiempo).
La Embajada de Canadá en México mostró que no tiene ni la estructura, ni la capacidad, ni los recursos materiales, ni el personal especializado, ni se pusieron de acuerdo con los consulados al interior del país, ni con los de Estados Unidos, para dar servicio a los cientos de mexicanos que viajarían el mes siguiente, o la semana siguiente, o a las 48 horas de entrada en vigor la medida, justo cuando vencía el plazo para entrar sin visa.
Hubiera sido correcto decir: ‘A partir de (un mes o dos meses después), el gobierno canadiense exigirá una visa para ingresar a su territorio’, y no hubiera sido tan desastroso porque la gente hubiera tenido tiempo para hacer lo que tenía que hacer.
Y con esto surge un nuevo peregrinar de visas, porque a un día de impuesto el trámite, ya había ‘coyotes’ vendiendo lugares de la fila, malos tratos por parte de los funcionarios de la Embajada, gente acampando en las inmediaciones de la sede diplomática y los típicos tumultos que se prestan al pleito placero.
Ah, y cabe señalar que el tiempo estimado en la fila es de 7 a 8 horas, sin garantía de que la autoricen y con la incertidumbre de que el proceso puede tardar hasta 30 días…
La verdad no culpo al indio, sino al que lo hace compadre, y es que con la fama – tristemente bien ganada – de narcos y tracaleros que han hecho los mexicanos, no es raro pensar que se haya perdido la confianza en las personas que ostenten esa nacionalidad.
El requerimiento de visa es decisión soberana de cada país y eso no se cuestiona. El problema es que los canadienses se vieron completamente rebasados al imponer el procedimiento de manera repentina: no puedo creer que teniendo una cultura de organización y planeación desconocieran el número de turistas, hombres de negocios y estudiantes que viajan anualmente a Canadá, porque de eso dependía el flujo de solicitantes
(Nota: la Secretaría de Relaciones Exteriores afirmó que unos 270 mil mexicanos viajan anualmente a ese país, en tanto que un millón 300 mil canadienses vienen al nuestro en el mismo lapso de tiempo).
La Embajada de Canadá en México mostró que no tiene ni la estructura, ni la capacidad, ni los recursos materiales, ni el personal especializado, ni se pusieron de acuerdo con los consulados al interior del país, ni con los de Estados Unidos, para dar servicio a los cientos de mexicanos que viajarían el mes siguiente, o la semana siguiente, o a las 48 horas de entrada en vigor la medida, justo cuando vencía el plazo para entrar sin visa.
Hubiera sido correcto decir: ‘A partir de (un mes o dos meses después), el gobierno canadiense exigirá una visa para ingresar a su territorio’, y no hubiera sido tan desastroso porque la gente hubiera tenido tiempo para hacer lo que tenía que hacer.
Y con esto surge un nuevo peregrinar de visas, porque a un día de impuesto el trámite, ya había ‘coyotes’ vendiendo lugares de la fila, malos tratos por parte de los funcionarios de la Embajada, gente acampando en las inmediaciones de la sede diplomática y los típicos tumultos que se prestan al pleito placero.
Ah, y cabe señalar que el tiempo estimado en la fila es de 7 a 8 horas, sin garantía de que la autoricen y con la incertidumbre de que el proceso puede tardar hasta 30 días…
1 comentario:
Efectivamente, cada país es libre de exigir visas si así lo desea. Lo que deberíamos cobrarles a este país, es una multa por cada foca que maten. Muy adelantados para unas cosas y bastante retrógrados para otras. Uffff.
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