viernes, 3 de julio de 2009

Rescatando libros

Por tercera ocasión, el gobierno de la Ciudad de México organizó una Feria del Libro en la explanada del Auditorio Nacional. La particularidad es que se le denominó ‘Remate de Libros, ¡salva un libro!’, y es que las editoriales, lejos de tener incentivos para continuar con su labor, padecen un sinnúmero de trabas que motivarían a cualquiera a tirar la toalla.

Por ejemplo, hay libros que ya pasaron por la venta habitual de librería, por la temporada de ofertas y siguen ahí, lo que los lleva a ser almacenados. Pero eso no es negocio porque genera un cargo al ser activos fiscales, y si las editoriales quieren regalarlos o donarlos a una escuela, biblioteca o fundación para que sean aprovechados, eso también les lleva a pagar impuestos – y yo me pregunto, ¿dónde queda la política de fomento a la lectura, existe tal? –.

Lo que hacen con esos libros, según dicen – que para mi es impensable – es triturarlos por el lastre en que se convierten. Sí, como lo oyen, desaparecen, no existen más.

Para evitar ese crimen es que se creó el ‘Remate’, donde salen ganando las editoriales y también los lectores, pues probablemente paguen la mitad o una tercera parte del precio inicial de venta de esos libros.

Nunca habíamos ido, pero palabra que fue una experiencia que valdrá la pena repetir año con año. La primera vuelta fue el viernes pasado, cuando mi mamá y yo nos quedamos asombradas de todo lo que había ahí, tan diverso como el propio mundo de la lectura: se podían encontrar revistas, libros de texto, infantiles, de cocina, literatura, temáticos, guías de viaje, ciencia ficción, investigaciones, arte, reflexiones, educativos, enciclopédicos, atlas, diccionarios, etc… etc… etc…

Y lo que también nos dejó muy buena impresión fue la cantidad de personas que ahí se dieron cita, rondando los módulos de las casas editoriales, dejándose seducir por el perfume de las letras. ¡Porque qué deliciosa es la lectura!

La segunda visita fue ayer, último día del evento, a donde regresamos porque en serio que había tentaciones inimaginables. Fuimos con mi querida tía Rose y comimos unos ricos ‘jochos’ y palomitas, y a pesar de que el tiempo se pasa como un auténtico suspiro, ‘salvamos’ varios libros: saramagos, goyas, renoirs, libros de pastas, muffins, panes, vegetales y mitología, entre otros.

Por eso, siempre que puedan, ¡a salvar se ha dicho! Salven un libro, salven un árbol, salven al planeta y salven a la reina (jaja, simplemente me fui de gorra parafraseando a los británicos, jajaja).

A propósito, les voy a contar una anécdota de ‘salvación’: cuando mi mamá y yo fuimos a festejar su cumpleaños a Nueva York en 2001 y paseábamos por la zona comercial subterránea del World Trade Center, entramos a Hallmark, y yo feliz viendo tarjetas de felicitación, envolturas de regalos y muñecos de peluche. Entre estos había un mapachito de nombre Óscar, según constaba en su etiqueta. A pesar de que estaba lindo decidí no comprarlo porque pensé que era consumismo, porque ya tengo muchos peluchines. Sin embargo, tres meses después, cuando el atentado a las Torres Gemelas, no pude evitar pensar en Óscar, a quien pude haber salvado de los escombros (me consuela medianamente la posibilidad de que alguien pudiera haberlo comprado en ese lapso).

Si de por sí es especial comprar libros, salvar uno, dos o los que se pueda a partir del interés en ellos hace que uno se sienta doblemente bien!!!!

1 comentario:

cecy dijo...

El gobierno apoya lo que le conviene; estoy segura que si algún pariente tuviera una editorial, se pondrían más comprensivos, pero nó, sólo se trata de cobrar y cobrar impuestos a costa de lo que sea. Desafortunadamente no me enteré de esta feria, me hubiera gustado asistir y adquirir algunos ejemplares. Next time.