¿Por qué será que todos los ídolos terminan trágicamente? Sean de la política, las artes, el espectáculo o cualquier otro ámbito en que destaquen hasta obtener la fama, buena parte de los personajes públicos que trascienden tienen vidas tormentosas y finales inexplicables.
Ahí tenemos a Elvis Presley, muerto por sobredosis en su casa de Graceland, y a John Lennon, asesinado por un fanático a la entrada del edificio de departamentos donde vivía en Nueva York. Ambos reinventaron la música, creando nuevas formas y espacios para la armonía, el ritmo y la imaginación. Ambos tuvieron episodios escandalosos, momentos de gloria y sombras que terminaron con su vida.
El ejemplo más reciente es el de Michael Jackson, de quien nadie esperó un desenlace tan temprano.
Es cierto que el día de su muerte le antecedió Farrah Fawcett, quien llevaba dos años padeciendo un agresivo cáncer. Ella fue un ‘ángel de Charlie’, de figura esbelta, cabellera rubia cortada en capas, definiendo a la mujer de los años setenta. Sin embargo, el ‘rey del pop’, por su moonwalk, su música, sus coreografías, sus escándalos económicos, su juicio por pederastia, su caprichosa propiedad llamada Neverland y sus cambios físicos, fue ídolo indiscutible de los años ochenta.
La noticia de su muerte se esparció como pólvora por todo el mundo, siendo el encabezado de buena parte de los diarios al día siguiente. Sus seguidores salieron a las calles a llorarle y recordarle con guante blanco en mano (no faltaron los pobres diablos – ustedes disculparán – que se reunieron en el Ángel de la Independencia a prenderle veladoras).
En vida, que si su papá lo explotaba como ‘niño estrella’, cuántas cirugías llevaba, cómo se había cambiado el color de piel, a quién se le ocurría casarse con él, cómo había estado eso de que tuvo hijos, si había abusado del niño que lo demandó ante tribunales estadounidenses.
Ya muerto, que si había sido por sobredosis, que igual fue un suicidio, que ya estaba enfermo, que probablemente se le pasó la mano a su médico con los medicamentos y toda clase de revelaciones de sus últimos días.
Y más allá de la muerte, ahora dicen que su espíritu ya ronda Neverland (y no duden que luego lo van a ver hasta en la nata de la leche, así se hacen los mitos…).
Luego de muchas versiones, el funeral de Jackson fue un tributo en el Staples Center de Los Angeles: acudieron sus padres, hermanos, hijos y amigos. Lejos de ser únicamente el negocio del año por la cantidad de personas que lo verían a nivel mundial, el evento fue muy emotivo, con sus canciones, fotos de diferentes etapas de su vida, muchas flores y lágrimas detrás y delante del televisor.
Cabe destacar que el tributo estuvo colmado de personas de raza negra cuando Jackson parecía estar tan apesadumbrado por no ser blanco.
Independientemente de que nos guste o no su música, Michael Jackson era un ícono, figura que marcó una época y estableció todo un estilo. Su disco Thriller ha sido el más vendido en la historia, sus innovadoras coreografías son únicas y sus videos hicieron época (a la fecha, confieso que me da miedo el de Thriller, jajaja).
En lo personal, el caso de Jackson me parece tan paradójico como el de otros ídolos: tuvo fama, fortuna, viajes, excentricidades y todo el tiempo estuvo rodeado de multitudes, pero en el fondo me parece que fue un ser profundamente solo, inconforme consigo mismo.
(Curioso: al contar quién fue Michael Jackson a las nuevas generaciones, será de lo más extraño decir ‘Era un artista negro, ídolo en los años ochenta’, cuando ellos, al ver las fotos, verán un personaje blanco, extraño, que se dudaría que perteneciera a este mundo por la fisonomía que le quedó luego de tanta cirugía).
Ahí tenemos a Elvis Presley, muerto por sobredosis en su casa de Graceland, y a John Lennon, asesinado por un fanático a la entrada del edificio de departamentos donde vivía en Nueva York. Ambos reinventaron la música, creando nuevas formas y espacios para la armonía, el ritmo y la imaginación. Ambos tuvieron episodios escandalosos, momentos de gloria y sombras que terminaron con su vida.
El ejemplo más reciente es el de Michael Jackson, de quien nadie esperó un desenlace tan temprano.
Es cierto que el día de su muerte le antecedió Farrah Fawcett, quien llevaba dos años padeciendo un agresivo cáncer. Ella fue un ‘ángel de Charlie’, de figura esbelta, cabellera rubia cortada en capas, definiendo a la mujer de los años setenta. Sin embargo, el ‘rey del pop’, por su moonwalk, su música, sus coreografías, sus escándalos económicos, su juicio por pederastia, su caprichosa propiedad llamada Neverland y sus cambios físicos, fue ídolo indiscutible de los años ochenta.
La noticia de su muerte se esparció como pólvora por todo el mundo, siendo el encabezado de buena parte de los diarios al día siguiente. Sus seguidores salieron a las calles a llorarle y recordarle con guante blanco en mano (no faltaron los pobres diablos – ustedes disculparán – que se reunieron en el Ángel de la Independencia a prenderle veladoras).
En vida, que si su papá lo explotaba como ‘niño estrella’, cuántas cirugías llevaba, cómo se había cambiado el color de piel, a quién se le ocurría casarse con él, cómo había estado eso de que tuvo hijos, si había abusado del niño que lo demandó ante tribunales estadounidenses.
Ya muerto, que si había sido por sobredosis, que igual fue un suicidio, que ya estaba enfermo, que probablemente se le pasó la mano a su médico con los medicamentos y toda clase de revelaciones de sus últimos días.
Y más allá de la muerte, ahora dicen que su espíritu ya ronda Neverland (y no duden que luego lo van a ver hasta en la nata de la leche, así se hacen los mitos…).
Luego de muchas versiones, el funeral de Jackson fue un tributo en el Staples Center de Los Angeles: acudieron sus padres, hermanos, hijos y amigos. Lejos de ser únicamente el negocio del año por la cantidad de personas que lo verían a nivel mundial, el evento fue muy emotivo, con sus canciones, fotos de diferentes etapas de su vida, muchas flores y lágrimas detrás y delante del televisor.
Cabe destacar que el tributo estuvo colmado de personas de raza negra cuando Jackson parecía estar tan apesadumbrado por no ser blanco.
Independientemente de que nos guste o no su música, Michael Jackson era un ícono, figura que marcó una época y estableció todo un estilo. Su disco Thriller ha sido el más vendido en la historia, sus innovadoras coreografías son únicas y sus videos hicieron época (a la fecha, confieso que me da miedo el de Thriller, jajaja).
En lo personal, el caso de Jackson me parece tan paradójico como el de otros ídolos: tuvo fama, fortuna, viajes, excentricidades y todo el tiempo estuvo rodeado de multitudes, pero en el fondo me parece que fue un ser profundamente solo, inconforme consigo mismo.
(Curioso: al contar quién fue Michael Jackson a las nuevas generaciones, será de lo más extraño decir ‘Era un artista negro, ídolo en los años ochenta’, cuando ellos, al ver las fotos, verán un personaje blanco, extraño, que se dudaría que perteneciera a este mundo por la fisonomía que le quedó luego de tanta cirugía).
1 comentario:
En esta, como en otras ocasiones, mi comentario será breve. Michael Jackson un ser inadaptado y con una problemática muy fuerte de falta de identidad no resuelta.
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