viernes, 3 de octubre de 2008

Memoria histórica, las fechas que ‘no se olvidan’

Ayer se conmemoraron 40 años de la matanza de estudiantes en la Plaza de las Tres Culturas, un acontecimiento aberrante en la vida de este país, lo mismo que el atentado del pasado 15 de septiembre en Morelia, donde el lanzamiento de una granada provocó la muerte de 8 personas y dejó más de cien heridos.

Son fechas que se suman tristemente a la memoria nacional como las más deplorables, las más dolorosas e infelices de las que se tiene registro. Son momentos en que la rabia y el pesar nos abruman permanentemente, en los cuales no hay salidas sino laberintos profundamente intrincados.

Son la luz y la sombra, la coyuntura en que se toman de la mano el amanecer y el ocaso: los Juegos Olímpicos del ’68 y la persecución en Tlatelolco, el festejo de Independencia y la alarma en la plaza en Michoacán.

¿Qué pasó esa noche? Algunos se deslindan, otros guardan silencio y la mayoría carece de respuestas. Pero en realidad, ¿qué queremos escuchar: el nombre de los culpables, sus motivos, su sentencia? Eso nunca lo sabremos. En primer lugar, porque debe haber muchos intereses de por medio; en segundo, porque a menos que alguien levante la mano – y eso suponiendo que no sea un ‘chivo expiatorio’ –, el gobierno no cuenta con la organización ni con los medios para realizar una investigación seria de esas dimensiones; y tercero, porque hace mucho que las autoridades perdieron el control de este país.

Y si bien no hay respuestas, lo que sobran son preguntas: ¿fue acaso un ajuste entre narcos que rebasó el límite, un reto al gobierno, o tal vez una advertencia para que éste no se acerque a “sus territorios”, o quizá la más macabra de las carcajadas de la delincuencia ante la marcha ciudadana por la paz?

Hay quienes han calificado los hechos como actos terroristas, y, sin exagerar, yo creo que no están errados, pues el terrorismo tiene por objetivo sembrar el miedo entre los inocentes, sobre quienes tiende sus garras de manera sorpresiva, entre las sombras, de la manera más vil y deleznable.

Y vaya que ese 15 de septiembre ha dejado desconfianza a su paso, porque después de Morelia, ¿quién asistirá a las plazas públicas para festejar el Bicentenario de Independencia? Definitivamente la población lo pensará dos, tres o mil veces antes de decidir. Y por qué ir tal lejos como al Bicentenario: simplemente un cine, un partido de futbol o un parque pueden ser blanco de dementes como los que provocaron el caos moreliano.

No se trata de entrar en pánico de manera gratuita, pero hay que tener bien presente que pudo pasarle a cualquiera de nosotros.

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