viernes, 24 de octubre de 2008

Estoy pagando, punto

No sé por qué extraña razón, pero siempre que uno está por pagar algo, ya sea en el supermercado, la librería, el restaurante, la papelería, el transporte público, el puesto de periódicos, el mercado, el salón de belleza, los helados o la tienda departamental, la persona que atiende siempre hace la absurda pregunta: ‘¿No tiene cambio?’.

Lo peor es que el cliente se pone a buscar frenéticamente entre sus pertenencias – cartera, bolsa, bolsillos del saco o pantalón, mochila y cualquier recoveco donde pudieran haberse alojado algunas monedas – y ¡con pena! (el colmo) le dice al de la caja ‘No, no tengo…’.

Cómo molesta eso, porque teniendo o no el importe exacto, se está pagando con ese dinero porque uno quiere, ya sea por tener cambio, porque es el único billete que uno trae consigo o porque simplemente es el primero que salió de la cartera. Se está pagando y punto, sin explicaciones del por qué esa forma de pago.

Si uno, mal acostumbrado con esas prácticas, va a Europa o Estados Unidos y al pagar dice ‘¿No quiere que le dé (la fracción de la cuenta total)?’, lo ven a uno raro, como diciendo ‘¿Por qué pensará esta persona que necesito que me dé más dinero del que ya me dio?’

Es obligación de cualquier establecimiento, localito, changarro o pulgui-puesto tener cambio porque a eso se dedican, ni más ni menos, a atender el consumo del cliente de quien pende su economía.

Y el cinismo no se hace esperar, cuando encima de solicitar cambio lo rechazan cuando se trata de monedas de centavito. Eso nos pasó un día al pagar los 3 pesos que cobran en el estacionamiento de algunos centros comerciales al salir, cuando uno lleva boleto sellado por haber realizado un consumo. Dimos las moneditas y la infeliz de la caseta dijo ‘No, esas no me las aceptan’, y yo dije ya medio furibunda ‘Pero es dinero’.

Tomé nota, y cuando los de otra casetita quisieron darme cambio con centavos me negué a recibirlos, jaja, para que aprendan que eso también es dinero aunque la gente ya no las recoge en la calle (confieso que yo sí las tomo porque son de la suerte, como una señal de abundancia).

Cabe señalar que también el caso contrario es ilógico. Si uno quiere cambio va al banco, pues dentro de sus funciones radica la de cambiar billetes por monedas o monedas grandes por otras de menor denominación. Justo esta semana hice el intento de cambiar un billete de 100 pesos por 100 monedas de un peso en Santander y la respuesta fue ‘Uy, no tenemos monedas de un peso, sólo de 5’. ¡Que el banco no tenga dinero sí que es el colmo!

Yo de plano ni finjo ni nada, simplemente extiendo el billete con el que quiero pagar y en el momento que me preguntan por el cambio, sin mover un dedo, afirmo ‘No traigo’, con amabilidad y firmeza, y que le hagan como quieran. Y si ellos no tienen, con la pena hay que darse la media vuelta e irse.

1 comentario:

urretaflores dijo...

Y los bancos tienen horarios limitados y solo en algunas sucursales para "morralla". Casi tienes que hacer cita!!!!!!!!!