Recientemente, la Ciudad de México fue sorprendida por un ventarrón inusitado que derribó árboles y anuncios espectaculares, destruyó autos, afectó el suministro eléctrico de decenas de colonias e incluso provocó la muerte de una persona por atropellamiento debido al caos vial que suscitó.
Especialistas del Servicio Meteorológico Nacional y del Instituto Mexicano de Tecnología del Agua, indicaron que el fenómeno conocido como ‘celdas convectivas’, se originó por un choque de temperaturas altas y bajas, generando vientos de 70 kilómetros por hora, similares a los de una tormenta tropical.
Afortunadamente, nosotros no padecimos las consecuencias de la tolvanera. Sin embargo, luego de ver las imágenes del caos citadino, de saber que la gente hizo más del doble de tiempo acostumbrado del trabajo a casa y que hubo zonas donde volvieron a tener luz luego de 36 o más horas, es inevitable preguntarnos si estamos preparados para una contingencia de gran tamaño o mayor duración.
La respuesta es negativa. He aquí algunos argumentos:
- Se han colocado anuncios espectaculares sin ton ni son por toda la ciudad: en edificios, azoteas de casas, puentes peatonales, bardas, etc… Ya sea un ventarrón, tormenta o sismo, éstos pueden caer y provocar una catástrofe. Pero no ayudan ni la avaricia de los particulares por permitir la colocación de un anuncio en su propiedad a cambio de un pago, ni la corrupción de las autoridades que en lugar de retirar los espectaculares se limitan a poner estampas de ‘cancelado’ en lugar de retirar las estructuras metálicas.
- Por más que se prohíba, mucha gente sigue tirando basura en las calles, ya sea desde los autos, transporte público o a pie. Eso va tapando las coladeras y en temporada de lluvias las inundaciones están a la orden del día (y pienso que luego del ventarrón de la semana pasada no prestaron mayor atención a las cientos de miles de hojas y ramas que se fueron al drenaje, así que ya veremos en verano…). Y esos mismos que contaminaron con su colilla de cigarro, su pañuelo desechable o envoltura de caramelo se atreven a quejarse ante una calle anegada.
- La población no está acostumbrada a respetar la señalización vial ni tampoco se tiene claro cómo proceder en situaciones atípicas como la falta de un semáforo – o si se tiene se hace caso omiso –. Adicionalmente, los agentes de tránsito no están capacitados para dirigir la circulación ni cuentan con la confianza de la gente para seguir sus indicaciones. Todo lo anterior lleva a los nudos, insultos y desastre generalizado.
- No existe un plan de contingencia ni han vuelto las campañas preventivas del gobierno en caso de desastre. Recordemos aquello de ‘no correr, no empujar, no gritar’ tan promovido para las situaciones de sismo o incendio. Pero definitivamente no ha habido nada relacionado con qué hacer en caso de un apagón generalizado, una inundación de grandes dimensiones o epidemia.
El ventarrón de la semana pasada nos deja como lección que lo mejor es quedarse en un inmueble cubierto, lejos de los cristales, no permanecer al interior de un vehículo ni caminar en la calle. En cuanto a la falta de electricidad, hay que tener siempre a la mano velas y cerillos, así como alimentos que se conserven sin necesidad de refrigeración.
Especialistas del Servicio Meteorológico Nacional y del Instituto Mexicano de Tecnología del Agua, indicaron que el fenómeno conocido como ‘celdas convectivas’, se originó por un choque de temperaturas altas y bajas, generando vientos de 70 kilómetros por hora, similares a los de una tormenta tropical.
Afortunadamente, nosotros no padecimos las consecuencias de la tolvanera. Sin embargo, luego de ver las imágenes del caos citadino, de saber que la gente hizo más del doble de tiempo acostumbrado del trabajo a casa y que hubo zonas donde volvieron a tener luz luego de 36 o más horas, es inevitable preguntarnos si estamos preparados para una contingencia de gran tamaño o mayor duración.
La respuesta es negativa. He aquí algunos argumentos:
- Se han colocado anuncios espectaculares sin ton ni son por toda la ciudad: en edificios, azoteas de casas, puentes peatonales, bardas, etc… Ya sea un ventarrón, tormenta o sismo, éstos pueden caer y provocar una catástrofe. Pero no ayudan ni la avaricia de los particulares por permitir la colocación de un anuncio en su propiedad a cambio de un pago, ni la corrupción de las autoridades que en lugar de retirar los espectaculares se limitan a poner estampas de ‘cancelado’ en lugar de retirar las estructuras metálicas.
- Por más que se prohíba, mucha gente sigue tirando basura en las calles, ya sea desde los autos, transporte público o a pie. Eso va tapando las coladeras y en temporada de lluvias las inundaciones están a la orden del día (y pienso que luego del ventarrón de la semana pasada no prestaron mayor atención a las cientos de miles de hojas y ramas que se fueron al drenaje, así que ya veremos en verano…). Y esos mismos que contaminaron con su colilla de cigarro, su pañuelo desechable o envoltura de caramelo se atreven a quejarse ante una calle anegada.
- La población no está acostumbrada a respetar la señalización vial ni tampoco se tiene claro cómo proceder en situaciones atípicas como la falta de un semáforo – o si se tiene se hace caso omiso –. Adicionalmente, los agentes de tránsito no están capacitados para dirigir la circulación ni cuentan con la confianza de la gente para seguir sus indicaciones. Todo lo anterior lleva a los nudos, insultos y desastre generalizado.
- No existe un plan de contingencia ni han vuelto las campañas preventivas del gobierno en caso de desastre. Recordemos aquello de ‘no correr, no empujar, no gritar’ tan promovido para las situaciones de sismo o incendio. Pero definitivamente no ha habido nada relacionado con qué hacer en caso de un apagón generalizado, una inundación de grandes dimensiones o epidemia.
El ventarrón de la semana pasada nos deja como lección que lo mejor es quedarse en un inmueble cubierto, lejos de los cristales, no permanecer al interior de un vehículo ni caminar en la calle. En cuanto a la falta de electricidad, hay que tener siempre a la mano velas y cerillos, así como alimentos que se conserven sin necesidad de refrigeración.
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