Por 30 años he vivido con mis abuelitos, y digo ‘he vivido’ porque ellos nunca se han ido, sino que siempre están al lado de sus seres queridos. Cada día, mis abuelines me han enseñado algo: en sus conversaciones, en sus gustos, sus gestos, sus manías, sus ratos necios, sus obsesiones o los ratos chuscos, pero siempre aportando.
Compartir la vida con ellos ha sido una de las bendiciones más grandes. Con su existencia he aprendido que la edad está sólo en la mente, que hay que escuchar las corazonadas, que debemos ser de una pieza y que hay que dar a los demás.
También me he dado cuenta de cómo son, qué les gusta, qué les preocupa, qué les da miedo, y es por ello que a continuación comparto con ustedes algunas de mis observaciones para poner en práctica en la convivencia con sus adultos mayores:
Trátenlos como iguales. Es un error pensar que ‘los abuelitos vuelven a ser niños’. Físicamente pueden presentar desgaste o cansancio, pero ellos siguen tan lúcidos como siempre (a menos que tengan determinados padecimientos).
Recuerden que atención es diferente a dependencia. Con los adultos mayores tiende a haber un trato preferencial. Sin embargo, este último no debe convertirlos en personas dependientes. Hay que respetar sus libertades de decisión y movimiento siempre y cuando su condición lo permita y puedan valerse por sí mismos.
Nunca subestimen sus capacidades. Ellos estarán actualizados si conocen las novedades tecnológicas, legales, sociales o políticas que vayan surgiendo en el mundo. Sabrán de internet, la clonación, el USB, los SPAs y otros términos siempre y cuando se les expliquen. De esa manera estarán más integrados a su entorno. Eso sí, hay que tener paciencia como en cualquier enseñanza.
Intégrenlos en todo momento. Las personas dejan de compartir los detalles cotidianos, cuando para sus abuelitos es importante saber el nombre de sus amigos, qué asunto llevan en el trabajo, qué películas quieren ver y cuáles son las canciones que les gustan. Procuren que ellos estén presentes en su día a día.
Nunca se olviden de las atenciones. Para todo hay tiempo en la vida, y al menos 5 minutos diarios pueden pintar una sonrisa en su gente. ¿Cuánto le toma a alguien ir por un café, revisar su correo electrónico o platicar de un programa de televisión? Seguro más de lo que les llevaría llamarles por teléfono para ver cómo están.
Interésense por ellos. Así como a ellos les interesa conocer a los demás, también esperan que los demás se interesen por ellos. ¿Saben cuál es su color preferido, dónde estudiaron, a qué jugaban cuando eran niños, qué piensan de los temas polémicos? Darse un clavado por su vida resulta toda una aventura.
Díganles cuánto los quieren. Este no es un lugar común, sino una realidad. A muchas personas les cuesta mucho trabajo expresar sus sentimientos, pero nunca es tarde para iniciar ese buen hábito. Abrácenlos, consiéntanlos y déjense llevar por el amor y el cariño que ellos les inspiran.
Por todo lo anterior, aunque sea con unos días de atraso, tomen el Día de los Abuelitos (28 de agosto) como la ocasión perfecta para ir de paseo: llévenlos a un lugar nuevo, vayan a comer a su restaurante favorito, organicen una reunión o simplemente acuéstense todos juntos a ver una película en casa. Verán lo bien que lo pasan y la vigencia que extienden a un corazón.
En caso de que ya no estén sus abuelitos, recuerden siempre sonreír al señor mayor con el que coincidan en el súper y cedan su lugar en la fila a la señora mayor que apenas puede caminar. Y si alguno de ellos hace plática, escúchenlos y aprovechen que están ahí, ya que son un verdadero tesoro.
viernes, 31 de agosto de 2007
La vida con los Abuelitos
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1 comentario:
Es cierto, debemos tener más inteligencia al tratar a los adultos mayores para que éstos se sientan productivos y que nos son muy importantes. De Lita lo único que puedo decir es: "Excepcional". Espero poder llegar como ella al menos en un 30%. ¡Vivan los adultos mayores!.
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