En algunos sistemas de televisión por cable
existe un canal llamado El gourmet,
el cual, como su nombre lo indica, se especializa en la producción de programas
relacionados con la gastronomía; cocina mediterránea, vinos del mundo,
resuelven dudas sobre las técnicas para elaborar una receta, etc… También hay
programas de cocina regional o por país como Colombia, Argentina o Perú.
Entre estas resalta la presencia que tiene
nuestra gastronomía, que se lleva por mucho en tiempo y recursos al resto de la
programación. Particularmente, me he volcado en dos de ellos por la aportación
que hacen al mundo de nuestros sabores y por la forma en que muestran nuestros
lugares y nuestros paisajes al resto de América Latina. Me refiero a La historia se sienta a la mesa y a Tulum: cocina de playa.
El primero tiene tintes bastante cultos, pues
se centra en vincular la cocina con los grandes momentos de la historia de
México, algo muy interesante tanto en contenido histórico como gastronómico. Lo
conduce al escritor Benito Taibo y semanalmente es acompañado por un
historiador y un chef, de acuerdo a la temática a tratar.
Por ejemplo, van al Castillo de Chapultepec y
hablan del período en que Maximiliano y Carlota vivieron ahí, comentan la cena
que ofrecieron al llegar a nuestro país y reproducen algunos de los platillos.
O mencionan el centenario de la Independencia de México y elaboran el menú que
Don Porfirio eligió para celebrar aquel acontecimiento.
El segundo se podría decir que es el lado
opuesto, pues lejos del formalismo y la seriedad, el chef a cargo, Alfonso
Cadena, es coloquial y espontáneo, literalmente un fresco, y la cocina que
maneja es del corte ‘fusión’, es decir, utiliza algunas bases e ingredientes
tradicionales, pero les da un toque experimental (eso sí, con los pescados y
mariscos como base).
Cocina
de playa,
como su nombre lo indica, se transmite desde un rincón en Quintana Roo, con el Mar
Caribe de fondo y a la sombra de una palmera, echando mano de utensilios tan
mexicanos y diversos como los canastos tejidos de palma del Centro del país, las
jarras y vasos de vidrio soplado de Occidente, las palas de madera de Oaxaca y los
textiles deshilados de Aguascalientes.
Cada vez que hacen una pausa en la transmisión
o para dar un giro al programa, introducen música popular correspondiente al
periodo de auge de la radio y el cine en México, aquella que es ampliamente
reconocida por propios y extraños como uno de los elementos identitarios que
nos caracterizan (como el bolero, los tríos, etc…).
O si el chef Cadena tiene que esperar a que
un pulpo u otro ingrediente esté listo, de plano se tiende sobre una hamaca,
qué loco!!
Si se tiene la oportunidad hay que ver los
dos programas, que son una auténtica delicia para el paladar y para la vista, tanto
por su originalidad como por la exportación gastronómica que llevan consigo.
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