viernes, 6 de julio de 2012

Resaca electoral


Henos aquí, cinco días después del 1° de julio, congratulándonos de haber sobrevivido al proceso electoral; por fin dejamos atrás la propaganda en medios electrónicos (no así la que está pegada en todos los postes, bardas y paredes del país y que, al parecer, se caerá hasta que la intemperie haga lo propio), las declaraciones de los actores involucrados (o al menos las relacionadas con esa parte del juego político) y tanto derroche absurdo con nuestro dinero recaudado vía impuestos (que ahí es donde deberían aplicar sus mentadas consultas ciudadanas para preguntarnos si estamos de acuerdo en que se usen tantos millones en campañas inútiles).

Y es que luego de tantos meses (si no es que más, con el Peje haciendo campaña desde hace doce años, el Engominado hace unos 6 o 7 y la del Planeta de los Simios que nunca supo a qué hora arrancó, si es que arrancó alguna vez) soplándonos a los suspirantes, digo aspirantes, a los cargos de elección popular, ahora al menos existe certeza de quién encabezará el Ejecutivo federal, de cómo estará compuesto el Congreso y quién nos gobernará a nivel local de aquí al 2018 (en otras palabras, a quien habremos de padecer los próximos seis años).

Así es como llegamos a este punto de nuestra historia nacional para verificar que, parafraseando a los físicos, la materia política no cambia sino que sólo se transforma. O cómo justificar el despilfarro en toda clase de artículos propagandísticos; y no me digan que sólo lo hicieron unos porque en realidad fue práctica común de todos.

No hubo partido político que no repartiera toda clase de parafernalia propagandística, con la diferencia que ahora no sólo lo hacen en zonas marginadas o rurales, sino que se dirigieron a toda la pirámide socioeconómica. Así, no faltaron las playeras, bolsas de las denominadas ecológicas, tortilleros, gorras e incluso hubo quienes ofrecieron fertilizante para los jardines (de acuerdo al testimonio de mi querido tío Gil). Por eso afirmo que a ningún partido le interesa cambiar el sistema, sino sólo beneficiarse de él.

Y hay un fenómeno perverso que no hay que minimizar; por experiencia propia, he constatado que los beneficiarios de programas sociales están conscientes de que seguirán recibiendo los apoyos sin importar quién llegue al gobierno dada la institucionalidad que se ha conseguido. Por lo tanto, si alguien les dice ‘Toma, te doy una tarjeta con mil pesos para que compres lo que quieras en determinado supermercado, a cambio de que votes por tal candidato’, la gente lo recibe muy a gusto y obedece, dado que lo mismo les da que esté uno u otro porque su dinerito seguirá fluyendo.

Habrá quien diga ‘De qué se extrañan si todos han coaccionado el voto’, lo cual es muy cierto y debería sancionarse, pero la forma como lo hicieron esta vez los priístas es vergonzante (y no sólo el hecho de haber repartido los monederos Soriana, sino la procedencia de esos millones de pesos que, naturalmente, no requieren comprobación por lo ilícito de la situación).

Uf, qué barbaridad, con este recuento me estoy percatando de que en realidad esto no se ha terminado del todo, pues siguen muchos, pero muchos vestigios de tan mediocre contienda electoral…  

No hay comentarios: