viernes, 13 de julio de 2012

Microcosmos (II)


Como cada ocho o diez días, la semana pasada fuimos al supermercado, esta vez a Mega Comercial Mexicana. La pequeña Lety se durmió en el camino, así que ella y mi mamá se quedaron en el coche. Por lo mismo me dispuse a ir rápido, con lista y pluma en mano, y a la velocidad del rayo comprar lo que hiciera falta en casa.

Cuatro jabones Palmolive 26 pesos, barrita de mantequilla 11 pesos, seis litros de leche 73 pesos, aceite de oliva 27 pesos, y así hasta llegar a frutas y verduras. Entre la selección de productos estaban el kilo de manzanas en 29 pesos y el de jitomate saladet (o bule, como dijera Lita) en 19. Rumbo a la caja se me atravesaron los calcetines de bebé al 2x1 y compré a la Nena cuatro pares, 50 pesos por todos.

Pagué, salí de la tienda, llegué al auto, subí las cosas y mientras platicaba con mi mamá y revisaba la cuenta me percaté que me habían cobrado de más; las manzanas en 35 pesos el kilo, los jitomates en 23 y el aceite de oliva en 57. Lo siento mucho, y así regresé con todo y mercancía a hacer las aclaraciones pertinentes a la sección de servicios al cliente.

Ahí, una tipa apática dijo ‘En qué le puedo ayudar’ (pero de dientes para afuera, porque para ayudar no tenía ni la más mínima intención), yo ‘Buenos días, lo que pasa es que hace un momento me cobraron indebidamente; de acuerdo al cartel que tenían en el departamento de Frutas y Verduras, estas manzanas estaban en 29 y no en 35 pesos, los jitomates en 19 y no en 23 pesos y el precio de este aceite no corresponde con el que tenía en el estante, así que lo quiero devolver’.

La tipita preguntó las claves, las marcó en la computadora y dijo ‘Es que en el sistema no se han actualizado los precios’ (¡y era la una de la tarde!), yo ‘Pues ahí está el cartel con los precios que le comento’. La tipa sin hacer nada, y ante la falta de opciones señalé contundente ‘Entonces devuelvo las tres cosas’. Llegó otra fulana, no tan apática pero sí con peor talante, y dijo ‘Permítame su nota’, y después de teclear algo extendió la mano con billetes y monedas y me los dio concluyendo ‘122 pesos con cincuenta centavos’, se dio la media vuelta y se fue.

Qué tal… ¿dónde quedó la tan llevada y traída ‘cultura de servicio al cliente’, por qué no les interesó enviar a alguien para que verificara lo que yo decía, por qué no llamar al gerente (que valientes gerentes de pacotilla tienen ahora en cualquier negocio) y pedirle que, aunque no estuviera en sistema, se pudieran hacer los cargos conforme a los precios anunciados?...

Nuevamente es triste ver que, en ese microcosmos, se reflejan actitudes que en nada benefician a nuestro país para procurar su avance. De esta manera veo que:

1. Una vez más, a nadie le interesa resolver los problemas porque nadie se hace responsable de nada;
2. La apatía del personal que ahí labora es tal que prefieren perder una compra (o todas las que a futuro hubiera realizado el mismo cliente) que verificar la información in situ (y ni siquiera yendo ellos, sino pidiendo a la gente del departamento indicado que lo haga);
3. A los establecimientos no les interesa que el consumidor se quede insatisfecho con las compras y por lo mismo no regrese o les haga publicidad negativa entre otros compradores;
4. Ojo con los precios: por más que en los carteles diga determinada cantidad, siempre verifiquen que haya sido lo que les cobraron, que es lo que uno estaba dispuesto a pagar (y si los muy mañosos lo hicieron mal no conformarse con ‘Bueno, pues ya ni modo’, porque a cuántas personas no se habrán hecho topillo con esas prácticas…).

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