Como
cada ocho o diez días, la semana pasada fuimos al supermercado, esta vez a Mega
Comercial Mexicana. La pequeña Lety se durmió en el camino, así que ella y mi
mamá se quedaron en el coche. Por lo mismo me dispuse a ir rápido, con lista y
pluma en mano, y a la velocidad del rayo comprar lo que hiciera falta en casa.
Cuatro
jabones Palmolive 26 pesos, barrita de mantequilla 11 pesos, seis litros de
leche 73 pesos, aceite de oliva 27 pesos, y así hasta llegar a frutas y
verduras. Entre la selección de productos estaban el kilo de manzanas en 29
pesos y el de jitomate saladet (o bule, como dijera Lita) en 19. Rumbo a la
caja se me atravesaron los calcetines de bebé al 2x1 y compré a la Nena cuatro
pares, 50 pesos por todos.
Pagué,
salí de la tienda, llegué al auto, subí las cosas y mientras platicaba con mi
mamá y revisaba la cuenta me percaté que me habían cobrado de más; las manzanas
en 35 pesos el kilo, los jitomates en 23 y el aceite de oliva en 57. Lo siento
mucho, y así regresé con todo y mercancía a hacer las aclaraciones pertinentes
a la sección de servicios al cliente.
Ahí,
una tipa apática dijo ‘En qué le puedo
ayudar’ (pero de dientes para afuera, porque para ayudar no tenía ni la más
mínima intención), yo ‘Buenos días, lo que
pasa es que hace un momento me cobraron indebidamente; de acuerdo al cartel que
tenían en el departamento de Frutas y Verduras, estas manzanas estaban en 29 y
no en 35 pesos, los jitomates en 19 y no en 23 pesos y el precio de este aceite
no corresponde con el que tenía en el estante, así que lo quiero devolver’.
La
tipita preguntó las claves, las marcó en la computadora y dijo ‘Es que en el sistema no se han actualizado
los precios’ (¡y era la una de la tarde!), yo ‘Pues ahí está el cartel con los precios que le comento’. La tipa
sin hacer nada, y ante la falta de opciones señalé contundente ‘Entonces devuelvo las tres cosas’. Llegó
otra fulana, no tan apática pero sí con peor talante, y dijo ‘Permítame su nota’, y después de teclear
algo extendió la mano con billetes y monedas y me los dio concluyendo ‘122 pesos con cincuenta centavos’, se
dio la media vuelta y se fue.
Qué
tal… ¿dónde quedó la tan llevada y traída ‘cultura de servicio al cliente’, por
qué no les interesó enviar a alguien para que verificara lo que yo decía, por
qué no llamar al gerente (que valientes gerentes de pacotilla tienen ahora en
cualquier negocio) y pedirle que, aunque no estuviera en sistema, se pudieran
hacer los cargos conforme a los precios anunciados?...
Nuevamente
es triste ver que, en ese microcosmos, se reflejan actitudes que en nada
benefician a nuestro país para procurar su avance. De esta manera veo que:
1.
Una vez más, a nadie le interesa resolver los problemas porque nadie se hace
responsable de nada;
2.
La apatía del personal que ahí labora es tal que prefieren perder una compra (o
todas las que a futuro hubiera realizado el mismo cliente) que verificar la
información in situ (y ni siquiera
yendo ellos, sino pidiendo a la gente del departamento indicado que lo haga);
3.
A los establecimientos no les interesa que el consumidor se quede insatisfecho
con las compras y por lo mismo no regrese o les haga publicidad negativa entre
otros compradores;
4.
Ojo con los precios: por más que en los carteles diga determinada cantidad,
siempre verifiquen que haya sido lo que les cobraron, que es lo que uno estaba
dispuesto a pagar (y si los muy mañosos lo hicieron mal no conformarse con ‘Bueno, pues ya ni modo’, porque a
cuántas personas no se habrán hecho topillo con esas prácticas…).
No hay comentarios:
Publicar un comentario