Europa,
sinónimo de Occidente; semillero de ideas, territorio de raíces, espacio para
la creación artística. Europa, cuna de mentes brillantes, pionera en el
reconocimiento de los derechos del hombre, madre de la modernidad.
Europa,
así de civilizada, abierta y flexible como se concebía en los últimos tiempos, con
la Unión Europea (UE) dando cabida a naciones tan diversas como Holanda,
Polonia o Reino Unido, ahora ve caer estrepitosamente sus economías, y cual países
latinoamericanos de los años ochenta, se ven en la penosa necesidad de tocar la
puerta del Fondo Monetario Internacional (FMI) y estirar la mano a sus socios
europeos para conseguir recursos que los saquen del fango.
Pero
no sólo eso: aplican medidas de estrangulamiento social que no hacen más que
fomentar el descontento de sus pueblos, los cuales tienen que pagar los platos
rotos de malas administraciones gubernamentales, despilfarros varios y, en
ocasiones, de los errores de los banqueros.
Primero
le sucedió a Italia, luego a Grecia y el turno es ahora para España, con una
crisis que día a día aumenta de intensidad. Lo más reciente fue el anuncio que
hicieran las autoridades del Partido Popular español (o Impopular, juzguen
ustedes) de las medidas que habrán de tomar para subsanar el déficit en las
finanzas públicas.
Entre
ellas destaca la de aumentar el IVA al 21% (si aquí ya es un abuso que nos
cobren el 16%, el colmo fueron 5 puntos porcentuales más para los españoles…) y
gravar artículos y sectores que anteriormente no pagaban ese impuesto.
Por
ejemplo, ahora se pagará IVA por ir al cine, a un concierto o a un espectáculo
de danza. También por cortarse o pintarse el pelo en un salón de belleza o
peluquería, por comprar flores o por adquirir un libro (y las industrias
culturales dicen ‘No me ayudes, compadre’).
De los más extremos me parece el de gravar a las ópticas (maldita la hora en
que la gente tiene miopía, astigmatismo o necesita anteojos para vista
cansada…) y los servicios funerarios (cuidadito y te mueres porque ya se
atoraron a tus deudos…).
No
contentos con eso, a los servidores públicos les están jugando la peor de las
pasadas, pues se anunció que no tendrán vacaciones y tampoco les darán
aguinaldo (como si no se lo hubieran ganado con más de medio año trabajado. Y
es que me pongo en sus zapatos por haber estado en gobierno y la verdad es que no
se vale…).
Además,
se recortaron recursos para el sector social (entiéndanse servicios de salud y
educación), ir a la farmacia con receta en mano ya supone pagar un euro por el
servicio (como en restaurante, como si el consumo per se no fuera suficiente) y a ver qué otras monadas se les
ocurren.
Y
como siempre, la salida fácil es aumentar o inventar impuestos para que los
ciudadanos ‘hagan el sacrificio’ y ‘todos juntos’ saquen adelante a su país.
Sí, como no… Y todavía el cínico de Mariano Rajoy, presidente del gobierno
español, dijo ‘Sé que hace unos años
afirmé que mayores impuestos no eran la solución, pero no queda más que
hacerlo, y en cuanto se pueda todo regresará a la normalidad’. ¿Sí? Aquí
Zedillo subió el IVA de 10 a 15% en 1995 y lejos de volver al inicio, hace unos
3 años nos lo subieron a 16%...
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