viernes, 8 de junio de 2012

Vandalismo magisterial


Una vez más, los pseudo profesores de diversos estados del país han venido al Distrito Federal a hacer sus desfiguros, ahora so pretexto de no ser evaluados por su desempeño, y, naturalmente, los educandos se han quedado varados a sólo unas semanas de concluir el ciclo escolar.

Esa gente llega, invade los lugares públicos, se manifiesta entorpeciendo vialidades y ninguna autoridad hace nada. Lo peor es que son personajes tan violentos que arrasan con lo que esté a su paso –como ejemplo el de tuvimos cerca esta semana, cuando al jefe de César le rayaron el coche y le poncharon las llantas los muy infelices–.

Calderón, cual si estuviera en un palco como mero observador, sale diciendo ‘No se vale que paguen los niños; ya basta de hacer lo que quieren’, y yo le pregunto ¿por qué no hizo esas declaraciones cuando empezó su sexenio, por qué no aplicó la ley de manera imparcial a todo aquel que violentara el orden público, por qué a todos les tiembla la mano para poner un hasta aquí?

Porque lo que deberían hacer es ‘¿Ah, sí, que no quieres evaluación, que en protesta dejas tu puesto de trabajo por semanas o incluso meses, que vas a otros lugares a hacer desmanes? Pues a la calle, que sobra quien quiera un trabajo y seguro hay más personas con capacidad, vocación y compromiso para desempeñarse como profesor’.

Sin embargo, basta con verlos para decir ‘Qué miedo que esos sean los supuestos profes de un buen número de infantes en nuestro país’. Son unos vándalos, a mi no me vengan que esos contribuirán a formar a los ciudadanos de mañana. Incluso una vez marchaban hacia la SEP, y como sobre la Avenida Paseo de la Reforma les quedó de paso SEDESOL, pues también pararon. Tenían un aspecto tan temerario que un ñor de la oficina dijo ‘Si esos son los maestros, probablemente es mejor que los niños no tengan clases…’.

En cualquier empleo, ya sea en el sector público o en la iniciativa privada, no se puede faltar más de dos días injustificadamente pues de lo contrario se pierde el trabajo. Además, todo mundo tiene que ser evaluado, desde la cabeza de la organización hasta el personal de menor rango, así que con mayor razón deberían aplicarse esas evaluaciones a quienes se encargan de la educación. Pero ¿por qué no quieren, por qué temen ser evaluados? Porque en realidad ni profes son y ahí es donde quedaría al descubierto el fraude que constituye esa parte del gremio magisterial.


Y es que, como entiendo la situación, con que alguien salga de una escuela normal prácticamente tiene asegurada una plaza de maestro de por vida, sin importar su falta de vocación –o qué tal que se venden o heredan los puestos–, y hasta que eso cambie seguiremos viendo escenas como las de estos días, donde la plebe destruye impunemente, a la vista de todos.

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