Una
vez más, los pseudo profesores de diversos estados del país han venido al
Distrito Federal a hacer sus desfiguros, ahora so pretexto de no ser evaluados
por su desempeño, y, naturalmente, los educandos se han quedado varados a sólo
unas semanas de concluir el ciclo escolar.
Esa
gente llega, invade los lugares públicos, se manifiesta entorpeciendo
vialidades y ninguna autoridad hace nada. Lo peor es que son personajes tan violentos
que arrasan con lo que esté a su paso –como ejemplo el de tuvimos cerca esta
semana, cuando al jefe de César le rayaron el coche y le poncharon las llantas
los muy infelices–.
Calderón,
cual si estuviera en un palco como mero observador, sale diciendo ‘No se vale que paguen los niños; ya basta de
hacer lo que quieren’, y yo le pregunto ¿por qué no hizo esas declaraciones
cuando empezó su sexenio, por qué no aplicó la ley de manera imparcial a todo
aquel que violentara el orden público, por qué a todos les tiembla la mano para
poner un hasta aquí?
Porque
lo que deberían hacer es ‘¿Ah, sí, que no
quieres evaluación, que en protesta dejas tu puesto de trabajo por semanas o
incluso meses, que vas a otros lugares a hacer desmanes? Pues a la calle, que
sobra quien quiera un trabajo y seguro hay más personas con capacidad, vocación
y compromiso para desempeñarse como profesor’.
Sin
embargo, basta con verlos para decir ‘Qué miedo que esos sean los supuestos
profes de un buen número de infantes en nuestro país’. Son unos vándalos, a mi
no me vengan que esos contribuirán a formar a los ciudadanos de mañana. Incluso
una vez marchaban hacia la SEP, y como sobre la Avenida Paseo de la Reforma les
quedó de paso SEDESOL, pues también pararon. Tenían un aspecto tan temerario
que un ñor de la oficina dijo ‘Si esos
son los maestros, probablemente es mejor que los niños no tengan clases…’.
En
cualquier empleo, ya sea en el sector público o en la iniciativa privada, no se
puede faltar más de dos días injustificadamente pues de lo contrario se pierde
el trabajo. Además, todo mundo tiene que ser evaluado, desde la cabeza de la
organización hasta el personal de menor rango, así que con mayor razón deberían
aplicarse esas evaluaciones a quienes se encargan de la educación. Pero ¿por
qué no quieren, por qué temen ser evaluados? Porque en realidad ni profes son y
ahí es donde quedaría al descubierto el fraude que constituye esa parte del
gremio magisterial.
Y es que, como entiendo la situación, con que alguien salga de una escuela normal prácticamente tiene asegurada una plaza de maestro de por vida, sin importar su falta de vocación –o qué tal que se venden o heredan los puestos–, y hasta que eso cambie seguiremos viendo escenas como las de estos días, donde la plebe destruye impunemente, a la vista de todos.
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