De
hoy en un mes será el día de la votación para elegir a quien gobernará nuestro
país durante los próximos seis años (¡sí, seis años!...); la encuestitis
(porque vaya que se han enriquecido los que se dedican en cierta medida a
manipular las preferencias basándose en decir lo obvio) señala que las tendencias
no se mueven y que llueva, truene o relampaguee los resultados están definidos
desde ahora.
Por
eso –entre otras cosas– me pregunto si tiene alguna utilidad que le den
millones de millones de pesos a los partidos políticos para que hagan campañas
cuando éstas difícilmente influyen en el electorado –¿o ustedes eligen
basándose en la cara de alguno de esos pobres-diablos cuya fotografía cuelga de
los postes de toda su demarcación electoral?–.
Francamente
la mayoría sabe a priori cuál es su
gallo –o al menos cuál o cuáles no lo son, como es mi caso–, sin necesidad de
conocer sus propuestas –si es que las hay–, porque tiempo atrás se saben vida y
obra de esos personajes por las noticias y todo chisme vinculado que se torna vox populi.
Un
poco en ese sentido, el lunes de esta semana, el poeta Javier Sicilia se reunió
con los cuatro candidatos a presidente en el Castillo de Chapultepec, con
objeto de manifestarles algunas inquietudes de la sociedad civil.
Sicilia,
casi convertido en una especie de líder moral de la ciudadanía, les dijo sus
frescas, muy cortésmente, sin faltarles al respeto, empuñando argumentos que
todos tenemos en mente frente a cada uno de ellos.
A
la ‘missis’, que si su partido está dejando el país como un camposanto y ni
siquiera se dignan en pedir perdón a las víctimas civiles; al ‘puntero’, que no
representa ningún cambio sino la imagen de la corrupción y la impunidad, sin
olvidar que su discurso se percibe frío y distante frente a la población; a
‘mister Tabascus’, que es la personificación de la intolerancia y que carece de
sentido autocrítico; y al cuarto individuo –que se ha ido de gorra con todo
esto–, que ha usurpado la causa ciudadana y encima se ha aliado con uno de los
sindicatos más nefastos de la región.
Tenían
una cara los mentados candidatos… y sin poderle decir nada porque es una
persona respetable –y porque saben que tiene razón–. Lo cierto es que como
Sicilia pensamos muchos, y al igual que él tampoco vamos a regalarles el voto;
aunque no sea útil ni práctico a la vista de muchos, queda uno tranquilo con su
propia conciencia al votar en blanco.
No hay comentarios:
Publicar un comentario