¡Cierren
puertas y ventanas, que nadie diga que me conoce, sálvese quien pueda, todos a
correr! Tal parece que eso era lo que pasaba por la mente de buena parte de los
ciudadanos cuando veían a ciertos personajes de chaleco beige y libreta en mano
merodeando por sus rumbos: claro, me refiero al personal del IFE y de los
institutos electorales estatales que recorrieron todos los rincones del país
para ‘invitar’ a los ciudadanos a participar como funcionarios de casilla en
los comicios que se llevarán a cabo el próximo 1° de julio.
¿Por
qué sucede eso, por qué nadie quiere participar cuando pasaron décadas para que
finalmente se consiguiera que los ciudadanos lleven la voz cantante al momento
de las elecciones?
Para
mí la respuesta tiene tres ángulos: el primero de ellos tiene que ver con la
apatía y la falta de cultura de participación inherentes al mexicano. Si bien
es cierto se queja y en las conversaciones diarias manifiesta rechazo y
hartazgo de la situación del país, no están dispuestos a cambiar siquiera sus
hábitos para mejorar su entorno inmediato.
En
segundo lugar se encuentra la decepción derivada del pobre desempeño de la
clase política y el hecho de que la alternancia no refleja transformación
alguna. Por lo tanto, la gente dice ‘Para qué, mejor que otros se encarguen de
esos asuntos, siempre es lo mismo’.
La
última parte tiene que ver con el encaje al que se ven sometidos ciertos
ciudadanos y es con la que nos
identificamos César y yo; se supone que cada elección hay un sorteo para
establecer quiénes serán los ‘afortunados’ para estar de lleno en las casillas.
Ahí dicen que buscarán a los ciudadanos nacidos en este y aquel mes y cuyo
apellido inicie con tal letra.
Pero,
casualmente, de tooooodos los millones que conforman el padrón, se convoca a
las mismas personas de una elección a otra. ¿Por qué siempre buscan a los
cumpleañeros de julio y agosto, por qué los mismos?
César
fue funcionario de casilla en 1997, año en que también votó por primera vez
–fue una elección intermedia–, y ahora, dos elecciones federales y dos
intermedias después, vuelve a recibir una carta con la mentada invitación –yo
temí que también me pasara lo mismo, siendo que en aquel célebre año 2000
estuve al frente de la casilla que nos corresponde–.
Si
bien es cierto es una obligación ciudadana, no se vale que la misma minoría se
responsabilice por la totalidad del electorado. Algunos, so pretexto de darle
coba al ‘elegido’, dicen que se escoge a los de mayor nivel de escolaridad,
argumento completamente falaz siendo que el IFE no cuenta con esa información
–ni creo que teniendo acceso a ella detallaran a ese grado–.
Es
como la administración de un edificio de departamentos; en el nuestro, casi
desde que llegamos, nos dijeron que estaban interesados en que nosotros la
lleváramos. Aceptamos hacerlo y al año convocamos a una junta para decir
‘Señores, ahora tiene que venir una nueva administración porque a todos nos
toca como parte de los derechos y obligaciones que tenemos como condóminos’. Y
típico, hay gente que lleva viviendo en el mismo edificio 32 años y nunca se ha
hecho cargo. ¡Basta de encajes!
Ahora,
habrá que esperar el día de la elección para ver a quiénes se atoraron,
jaja!!
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