¿Por qué en México tendremos una cultura
museística tan pobre? Es más: ¿por qué en buena parte de nuestro país ni
siquiera la tenemos? Reflexionaba lo anterior en el marco del Día Internacional
de los Museos, justamente el día de hoy.
En países como Reino Unido, la visita al
museo se convierte en una experiencia integral: en un mismo lugar se tienen las
colecciones, facilidades de acceso para personas con discapacidad u otra
condición especial (adultos mayores y mujeres embarazadas, por ejemplo),
cafetería, ludoteca y unas tiendas con libros de arte, souvenirs y artículos del museo que reflejan conocimiento del
potencial para aprovechar lo que se tiene para hacerse de recursos.
La gente tiende a ser respetuosa: cada quien
su espacio para disfrutar los contenidos y sin interferir en la actividad del
prójimo, aun utilizando las audioguías que tanto detesto. Y aunque haya hordas
enteras de visitantes, parece que todo fluye de manera ordenada.
Como ventaja adicional, los museos se han
venido diversificando y ahora podemos encontrar uno de acuerdo a nuestros
gustos: los hay de cera, de autor, artes populares, deportes, economía, escultura,
de carácter histórico, de ciencias, arte moderno, gastronomía, ciencias
naturales, arquitectura, artes decorativas, música, etc… etc… etc…
Entonces, ¿por qué no les interesan a los
mexicanos los museos? Probablemente porque nadie les dice lo increíbles que son;
porque cada vez que los visitan lo hacen de manera obligatoria.
La clave está en la sensibilización a
temprana edad: en el caso de los museos de arte, recuerdo que en Londres era
conmovedor ver en las enormes salas del British Museum o de la National Gallery
a grupos de pequeñines, que iban de los 3 o 4 años hasta los 7 u 8, sentados en
el piso, aprendiendo con su maestra a apreciar los acervos y posteriormente
copiando a lápiz y a su manera las figuras que más les gustaban.
Así, los niños van aprendiendo que el arte es
una expresión única del ser humano en un espacio y tiempo determinados, que lejos
de ser aburrida tiene tanto detrás que es entretenidísima y que si bien hay que
tenerle respeto, éste no se debe traducir en miedo a acercársele, pues está al
alcance de nuestros sentidos. Y así se podría seguir uno con todas las
disciplinas que han sido motivo museístico.
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