Cuando yo era muy pequeñita, Lita, mi mamá y yo acostumbrábamos caminar al Parque España, que nos quedaba a unas calles de la casa. Ahí dábamos la vuelta y disfrutábamos del paseo rodeadas de árboles, verdes prados y la caída constante del agua de las fuentes –y a la fecha recuerdo que ese lugar tenía las mejores resbaladillas de la ciudad, que eran de cemento, con estructuras firmes y bien pintadas–.
Pensando en que Lety conociera tan emblemático lugar para nosotras y repitiendo la maravillosa escena de las tres generaciones, el pasado fin de semana nos dispusimos a ir a la Condesa. Primero pasamos a la panadería, como debe ser siempre que está uno en ese rumbo –con una variedad y un sabor sin límite–. Posteriormente, bajamos la carriola, compramos paletas heladas y comenzamos la caminata para recordar aquellos tiempos.
Lety cayó rendida a los primeros metros, pero nosotras pudimos constatar que todo aquello ha caído en desgracia; la calle por la que caminamos, Juan de la Barrera, está llena de casas abandonadas, que dice mi mamá que eran muy grandes y de espléndida construcción, pero que seguramente han padecido la muerte de los dueños, o ya no tuvieron recursos para mantenerlas, o hay problemas de herencia y buena parte de ellas se está cayendo. Igualmente las banquetas, que entre las raíces que ha levantado el pavimento y el desgaste de décadas que no ha sido removido no hacen gala de la zona.
Ya llegando al parque la situación tampoco mejoró, pues no hay pasto en los jardines, los botes de basura están rebosando, las fuentes ya no funcionan más y su interior está lleno de tierra y hojarasca, ¡una verdadera tristeza! Y de aquellos juegos de cemento queda sólo el recuerdo, porque los cambiaron por otros más modernos, pero ni siquiera así levanta ese espacio.
Pero bueno, ya estábamos ahí y había que tomarnos al menos una foto. Sin embargo, el parque estaba tan solo y los pocos concurrentes tenían tan dudosa pinta que lo pensamos mucho por miedo a sacar la cámara, por aquello de los robos.
Oh decepción…
Caminamos de regreso y, adicionalmente, nos percatamos que no había un alma en la calle, así que parecía una colonia fantasma que sólo quienes la vivimos en sus ayeres de gloria pudimos disfrutar. La Condesa, en esas calles, no es más que un espejismo de lo que fue.
Todo me hizo sentir cual Salvatore Cascio, Toto, el personaje principal de esa grandiosa película de Giuseppe Tornatore titulada ‘Cinema Paradiso’ –que desde las primeras notas de Morricone provoca en mi tal emoción que llego a las lágrimas–, cuando décadas después vuelve a su pueblo a ver el recinto donde pasó tantos momentos importantes de su vida y se encuentra con que aquel inmueble estaba abandonado, sucio y nada tenía que ver con su ‘Cinema Paradiso’. Pero ese, su cine, siempre quedaría en la memoria.
(Autoridades delegacionales de porra, pues en lugar de darle mantenimiento a los espacios verdes de su demarcación, afean aun más parques como el España construyendo ahí una especie de bodega / oficina que tienen semi abandonada, a la que le falta pintura y donde están pegados carteles viejos, de eventos de hace más de 5 años. Y no dudo que hasta tengan en el organigrama institucional una ‘Dirección de Parques’, con un funcionariete cobrando sus miles de pesos, qué descaro…).
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