viernes, 2 de septiembre de 2011

¿Qué gusto? Sí, cómo no…

Hace dos semanas tuve un evento de dos días en la Secretaría de Relaciones Exteriores. Estando en un receso, en el área de conferencias, pasó una tipita que conocimos en el ITAM, acompañada de otros funcionarios. El diálogo sucedió más o menos de la siguiente manera:

Tipita: (abriendo los ojos a todo lo que da) ‘Ay, pero qué gusto verte, ¿cómo estás, dónde andas?

Yo: ‘Hola, todo bien, con un evento del trabajo, que estoy en SEDESOL. Tú qué tal’

Tipita: ‘Bien también, aquí en Cancillería. Oye, en serio que qué gusto, qué gustazo me da verte… ¿Alejandra, verdad?’

Yo: ‘Leticia’.

Tipita: ‘Ah, sí, Leticia… Oye, y cuéntame, cómo está (con cara de que estaba forzando la memoria)… tu novio, esposo…

Yo: ‘César’

Tipita: ‘Ah, sí, César…’

Yo: ‘Bien también, gracias. Estamos felices porque nació nuestra hija’

Tipita: ‘Qué gusto, qué bueno, muchas felicidades’

Y dirigiéndose a sus acompañantes dijo ‘Con ellos estuve en varias clases, pero me acuerdo bien de la de Japón, sí, la de Japón, muy buena clase, fueron buenos tiempos’

Y reanudando nuestra conversación (si a eso se le puede llamar así) ‘Ay, déjame darte una tarjeta para que sigamos en contacto, no hay que perdernos la pista. Bueno, aquí estaré sólo un mes más porque me voy a la maestría. Pero si tienes facebook podemos seguir en contacto. Sí, ay, pero en serio que qué emoción, qué gusto’ (y la sonrisa a todo lo que daba)

Nos despedimos y regresé al evento, no sin antes caer en cuenta de lo ridículas que son esas escenas: qué gusto le podía dar a la fulanita esa verme si no nos interesó seguirnos la pista en estos 8 años desde que acabamos la carrera, y peor aun si ni siquiera sabe mi nombre (ni yo el de ella, por supuesto, y menos me acordaba haber llevado una clase relativa a Japón…). Además, para qué hablar de ‘buenos tiempos’ cuando nunca hubo siquiera tiempos. Es más, apenas cruzamos palabra, nada que fuera más allá del ‘buenos días’, así que tampoco hay un pasado compartido que recordar.

Y otra cosa: que te dediques a las Relaciones Internacionales y eso lleve consigo cierta dosis de protocolo y diplomacia no implica que tengas que fingir: hay conversaciones 100% ‘de compromiso’ que no dicen nada y sales del paso, impidiendo así papelazos como el que hizo la pobre tipita (que adicionalmente se disfraza de ñora con el afán de sentirse parte de ese medio; definitivamente digna de lástima, como diría Lita…).

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