sábado, 6 de agosto de 2011

¡Comida, por favor!

Cómo me indigna que ahora, en la era del consumismo desenfrenado, la gente vaya a los restaurantes y desperdicie la comida, dejando intacta buena parte del platillo seleccionado, y que naturalmente no piden para llevar lo que sobró a su casa. Lo mismo cuando en las celebraciones se parten pasteles y los asistentes dejan más de media rebanada o de plano la porción completa.

No sé si lo hagan por estatus mal entendido, por decir ‘Tengo para esto y me doy el lujo de tirarlo’, por capricho, por avorazamiento, por pena de decir ‘No gracias’ o porqué, pero lo cierto es que la comida es y seguirá siendo sagrada.

Si no, pregúntenle a los 10 millones de seres humanos en riesgo de morir literalmente de hambre en Somalia, Etiopía y Kenia, en el llamado ‘cuerno de África’, donde la peor sequía de los últimos 50 años en ese continente, las guerras intestinas por el poder entre grupos somalíes y la indiferencia internacional han provocado una situación que se ha desbordado a últimas fechas.

No es posible seguir viendo imágenes de personas que ya no tienen un gramo de carne en el cuerpo, que reflejan sombras enteramente mortecinas, cuya mirada se hunde ante la desesperación de no tener qué comer.

Y lo más lamentable es que de esa población un buen porcentaje son niños: de acuerdo al UNICEF, 2.23 millones de ellos padecen desnutrición crónica aguda y 720,000 están al borde de la muerte. Es decir, muchos de ellos no sobrevivirán y quienes lo hagan será con secuelas neurológicas y físicas que durarán el resto de su vida.

¡En serio que cómo duele ver esas caritas tristes de los pequeñines africanos! Si a uno le duele la cabeza, se le baja la presión o se pone de mal humor porque la hora de comer se le recorrió media hora o cuarenta y cinco minutos, cómo estarán ellos, que a su tierna edad menos entienden razones para soportar la falta de alimento en el estómago.

Por eso, debemos sentirnos infinitamente privilegiados de tener qué comer, de poder abrir el refrigerador y darnos el lujo de decir ‘¿qué se me antoja para cenar o desayunar?’, porque en ese contexto vaya que se trata de un lujo.

Y así, llegando a casa y viendo a mi chiquitina hermosa rozagante, llena de vida, con unos cachetitos que te comes a mordiditas, sus piernitas bien dadas y un color rosado que refleja un estado pleno de salud, me siento francamente privilegiada, y no me queda más que dar gracias, como siempre mil gracias a Dios por ser tan afortunada.

(Pregunta: ¿Alguien había oído hablar de esta tragedia en los medios nacionales? Por supuesto que no, pues ellos prefieren el amarillismo de las ejecuciones, las detenciones de la PGR y otras nimiedades que a nadie interesan, como la novia de Marcelo Ebrard o la grilla barata de los precandidatos a la presidencia en 2012, por ejemplo).

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