viernes, 14 de enero de 2011

Mercados cautivos de padres primerizos

Ahora que estamos adentrándonos en el mundo de los bebés, nos hemos dado cuenta que ha surgido una serie de necesidades absurdas que han creado todo un mercado de consumo para padres primerizos. No sé si por verdadera convicción, o porque ‘lo que hace la mano hace el de atrás’, o con la idea de que ‘el bebé lo vale todo’, pero muchísimas parejas caen en la tentación y terminan pagando fortunas por servicios que a mi juicio son cien por ciento prescindibles.

¿A qué me refiero? A los cursos psicoprofilácticos, a la música adaptada a los bebés y a las escuelas de estimulación temprana, a los cuales encuentro alternativas mejores, más divertidas, que te llenan más y con un costo infinitamente menor. Y es que habiendo generaciones y generaciones y generaciones de hombres y mujeres que han pasado los siglos y siglos y siglos de historia de la humanidad sin eso, ¿por qué habríamos de necesitarlo ahora?

Y no es que sea una conservadora o, peor aun, una retrógrada, sino que hay que reconocer que existen cosas que uno puede hacer por sí mismo y obteniendo mejores resultados gracias a la convivencia y el cariño que llevan consigo. He aquí mis argumentos:

Los cursos psicoprofilácticos suponen una preparación para el parto, mayor compenetración entre el padre y la madre (siempre y cuando asistan ambos) y el análisis de temas colaterales como el embarazo, la respiración al momento del alumbramiento, la anestesia y la lactancia, entre otros. Sus costos rondan entre los 5 y 7 mil pesos promedio por unos tres meses de clases, una o dos horas una vez por semana.

Sin embargo, hemos sabido que uno de los motivos más socorridos para tomarlos es intercambiar experiencias con otras parejas embarazadas, entablar amistades de ocasión y luego reunirse a tomar café para seguir hablando de sus problemas de infantes ya con los bebés en brazos. ¿Qué no bastaría con recurrir a un buen ginecólogo que resuelva las dudas que van surgiendo en el proceso, así como la consulta de libros serios que expliquen a detalle la evolución de nuestros hijos?

En el caso de la música adaptada a los bebés (que no tiene que ver con las obras creadas ex profeso para ellos), hace poco vimos en Mixup diversos CDs con melodías interpretadas especialmente para los chiquitines, destacando The Beatles, Coldplay, Madonna, U2 y Bob Marley. ‘¿A qué sonará eso?’, nos preguntábamos, y la respuesta la tuvimos en casa de unos amigos que tenían algunas de esas rolas ‘for babies’ en su acervo.

Qué chafón nos pareció escuchar Strawberry fields con dos o tres instrumentos que suenan a organito barato, pues si algo tiene la música es que se le disfruta tal como es en su forma original, esa que hace que nos guste. Simplificarla no sólo la arruina sino que implica menospreciar la capacidad de un bebé para sentirla per se.

En cuanto a las escuelas de estimulación temprana, se trata de lugares con diversas actividades y juegos didácticos que incluyen texturas, formas, colores y sonidos, de acuerdo a cada etapa de desarrollo de los bebés.

Pero lejos de cumplir exclusivamente su cometido, tal parece que esos recintos se han convertido en el escape perfecto de aquellas madres que quieren ‘descansar’ de su hijo un buen rato al día (que ahora cómo se quejan de cuidar a los pequeñitos…) o que lo único que les interesa es socializar con otras madres.

¿Qué no sería más fácil, enriquecedor y divertido hacerles uno mismo los ejercicios de estimulación en casa, en una alberca o en un jardín? El bebé no sólo avanzaría en su desarrollo psicomotor, sino que adicionalmente sentiría el amor y la dedicación de su madre, lo que le daría mayor seguridad en sí mismo.

En suma, ¿qué no sería mejor leer más para conocer las necesidades de nuestros hijos, qué no sería más conveniente saber más de sus etapas de crecimiento, qué no sería mejor dedicarles todo el tiempo que sea posible para dar continuidad al vínculo creado desde el vientre, y qué no sería más conveniente todo lo anterior con la ventaja adicional de ahorrarse unos buenos pesos?

(Ironía: los padres de hijos pequeños dicen –o se quejan– que se gasta mucho en pañales, que son elementos indispensables y cuya necesidad no se discute, pero nunca cuestionan los miles de pesos que gastan en cursos psicoprofilácticos, música adaptada para bebés o escuelitas de estimulación temprana…)

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