Hace ocho días, finalizando la jornada laboral, notificaron que habría un evento conmemorativo de las fiestas patrias en el Colegio Militar y que la asistencia (por no decir ‘cuota’) por nuestra Subsecretaría tenía que ser de al menos 35 funcionarios. Si bien es cierto esas prácticas corporativas no son buenas, porque lo verdaderamente democrático sería hacer extensiva la invitación y que vaya quien guste, no sonaba mal conocer las instalaciones militares, pues no debe ser fácil entrar ahí.
Así, el lunes pasado llegué a la oficina a las 7 de la mañana, pues ahí esperaban los cinco autobuses que nos condujeron (por no decir ‘acarrearon’) al lugar de la cita.
El Colegio está enclavado en un área boscosa del sur de la Ciudad de México y posee grandes dimensiones; entra uno y hay avenidas, edificios e innumerables áreas verdes, y así seguimos hasta que finalmente llegamos a una explanada enorme donde se desarrollaría la actividad cívico militar a la que nos invitaron.
Estaba lloviendo, tupidito, pero con la pena nos bajaron de los autobuses y procedimos a colocarnos en las gradas, siendo los primeros en ocuparlas a pesar de que estaban mojadísimas y heladas por ser de metal. Lo bueno fue que, conociendo mis rumbos, llevé una blusa ‘de punto’ con cuello alto y manga larga, además de una gabardina con capucha, así que la lluvia me hizo ‘lo que el viento a Juárez’. Adicionalmente repartieron lunch, el cual procedimos a consumir con presteza para utilizar el contenedor de unicel como asiento.
Eran las 9 de la mañana, así que no debía tardar en empezar, aunque el lugar seguía prácticamente vacío… Sin embargo, como la rola de Joaquín Sabina, nos dieron las 10 y las 11, y fueron pasadas las 12 horas que empezó el evento, luego de que una chaviza escolar, familias enteras de los militares y funcionarios de otras dos Secretarías de Estado se instalaron.
No había ninguna alta autoridad, ni tampoco sabíamos a ciencia cierta cuál sería el programa de actividades, pero las siguientes dos horas pudimos presenciar un excelente espectáculo organizado por los militares: todo empezó con el lanzamiento de salvas distribuidas en cuatro bloques, lanzadas al pie de una bandera monumental y con el toque acompasado de tambores y cornetas.
Posteriormente, cientos de personas caracterizadas representaban los principales acontecimientos históricos de nuestro país, pasando por la lucha por la Independencia, la firma de los Tratados de la Soledad, la invasión estadounidense y el desempeño de los Niños Héroes, la invasión francesa con la Batalla de Puebla, la captura de Maximiliano de Habsburgo y la Presidencia itinerante de Benito Juárez, el porfiriato, la Revolución Mexicana acompañada de las facciones maderista, villista, zapatista y carrancista, la participación del Escuadrón 201 en la Segunda Guerra Mundial y finalmente el ejército mexicano de la actualidad.
Cada escena estaba acompañada de escenarios cambiantes de acuerdo a la ocasión, vestuario impecable, música alusiva, caballos y la narración de un maestro de ceremonias. Mención aparte merecen un ‘mural humano’ formado por cientos de militares que levantaban cartones de colores mientras estaban apostados en gradas al fondo de la escenificación; el carruaje de Benito Juárez; la escena en que Juan Escutia se envuelve en la bandera nacional y se arroja desde el Castillo de Chapultepec; y un verdadero tren de vapor que lució espectacular a lo largo de la explanada llevando sombrerudos y adelitas, todo un espectáculo.
Para cerrar, presenciamos algunas maniobras de helicópteros, aviones acrobáticos y el vuelo de cinco naves que pintaron el cielo de verde, blanco y rojo bajo los asombrados ojos de los espectadores.
Ya cuando vendrían a la explanada los estudiantes del Colegio, la lluvia regresó, esta vez con mayor intensidad, lo que nos obligó a más de uno a salir en estampida. Como no dejaban salir, nos colocamos bajo las gradas, muchos con la lonchera-asiento de unicel ahora en la cabeza para evitar la caída de agua tan directa.
El hombre del micrófono ya importaba un cuerno, pero se alcanzó a escuchar que anunciaba el lanzamiento de las últimas salvas de la ocasión. Para finalizar, se tocaron cuatro estrofas del Himno Nacional (las que se interpretan en los concursos de coros escolares, que son buenísimas), que no cantamos por estar más preocupados porque de las gradas caían botellas de agua, dulces y el lodo de los zapatos provocado por el aguacerito…
Pero todo fue parte de la diversión, no tengo una sola queja, pues realmente valió la pena haber presenciado ese evento en conmemoración de las fiestas patrias (y con la ventaja adicional de que al llegar a la oficina, cerca de las 5 de la tarde, a falta de alimento y debido a que la mayoría seguía hasta con los calcetines mojados, nos dieron el resto de la jornada libre, YUPI!!!!).
Lo único que me pregunto es: ¿por qué no se presentó ese mismo acto como festejo oficial del Bicentenario en el Zócalo para beneplácito de todos los mexicanos, por qué si de todas formas se iba a montar el espectáculo militar –con los gastos y la logística que eso implica– no se aprovechó la erogación de recursos, por qué fue necesario pagarle a un extranjero para que nos organizara una celebración de medio pelo que en buena medida fue ajena a nuestra idiosincrasia?...
Así, el lunes pasado llegué a la oficina a las 7 de la mañana, pues ahí esperaban los cinco autobuses que nos condujeron (por no decir ‘acarrearon’) al lugar de la cita.
El Colegio está enclavado en un área boscosa del sur de la Ciudad de México y posee grandes dimensiones; entra uno y hay avenidas, edificios e innumerables áreas verdes, y así seguimos hasta que finalmente llegamos a una explanada enorme donde se desarrollaría la actividad cívico militar a la que nos invitaron.
Estaba lloviendo, tupidito, pero con la pena nos bajaron de los autobuses y procedimos a colocarnos en las gradas, siendo los primeros en ocuparlas a pesar de que estaban mojadísimas y heladas por ser de metal. Lo bueno fue que, conociendo mis rumbos, llevé una blusa ‘de punto’ con cuello alto y manga larga, además de una gabardina con capucha, así que la lluvia me hizo ‘lo que el viento a Juárez’. Adicionalmente repartieron lunch, el cual procedimos a consumir con presteza para utilizar el contenedor de unicel como asiento.
Eran las 9 de la mañana, así que no debía tardar en empezar, aunque el lugar seguía prácticamente vacío… Sin embargo, como la rola de Joaquín Sabina, nos dieron las 10 y las 11, y fueron pasadas las 12 horas que empezó el evento, luego de que una chaviza escolar, familias enteras de los militares y funcionarios de otras dos Secretarías de Estado se instalaron.
No había ninguna alta autoridad, ni tampoco sabíamos a ciencia cierta cuál sería el programa de actividades, pero las siguientes dos horas pudimos presenciar un excelente espectáculo organizado por los militares: todo empezó con el lanzamiento de salvas distribuidas en cuatro bloques, lanzadas al pie de una bandera monumental y con el toque acompasado de tambores y cornetas.
Posteriormente, cientos de personas caracterizadas representaban los principales acontecimientos históricos de nuestro país, pasando por la lucha por la Independencia, la firma de los Tratados de la Soledad, la invasión estadounidense y el desempeño de los Niños Héroes, la invasión francesa con la Batalla de Puebla, la captura de Maximiliano de Habsburgo y la Presidencia itinerante de Benito Juárez, el porfiriato, la Revolución Mexicana acompañada de las facciones maderista, villista, zapatista y carrancista, la participación del Escuadrón 201 en la Segunda Guerra Mundial y finalmente el ejército mexicano de la actualidad.
Cada escena estaba acompañada de escenarios cambiantes de acuerdo a la ocasión, vestuario impecable, música alusiva, caballos y la narración de un maestro de ceremonias. Mención aparte merecen un ‘mural humano’ formado por cientos de militares que levantaban cartones de colores mientras estaban apostados en gradas al fondo de la escenificación; el carruaje de Benito Juárez; la escena en que Juan Escutia se envuelve en la bandera nacional y se arroja desde el Castillo de Chapultepec; y un verdadero tren de vapor que lució espectacular a lo largo de la explanada llevando sombrerudos y adelitas, todo un espectáculo.
Para cerrar, presenciamos algunas maniobras de helicópteros, aviones acrobáticos y el vuelo de cinco naves que pintaron el cielo de verde, blanco y rojo bajo los asombrados ojos de los espectadores.
Ya cuando vendrían a la explanada los estudiantes del Colegio, la lluvia regresó, esta vez con mayor intensidad, lo que nos obligó a más de uno a salir en estampida. Como no dejaban salir, nos colocamos bajo las gradas, muchos con la lonchera-asiento de unicel ahora en la cabeza para evitar la caída de agua tan directa.
El hombre del micrófono ya importaba un cuerno, pero se alcanzó a escuchar que anunciaba el lanzamiento de las últimas salvas de la ocasión. Para finalizar, se tocaron cuatro estrofas del Himno Nacional (las que se interpretan en los concursos de coros escolares, que son buenísimas), que no cantamos por estar más preocupados porque de las gradas caían botellas de agua, dulces y el lodo de los zapatos provocado por el aguacerito…
Pero todo fue parte de la diversión, no tengo una sola queja, pues realmente valió la pena haber presenciado ese evento en conmemoración de las fiestas patrias (y con la ventaja adicional de que al llegar a la oficina, cerca de las 5 de la tarde, a falta de alimento y debido a que la mayoría seguía hasta con los calcetines mojados, nos dieron el resto de la jornada libre, YUPI!!!!).
Lo único que me pregunto es: ¿por qué no se presentó ese mismo acto como festejo oficial del Bicentenario en el Zócalo para beneplácito de todos los mexicanos, por qué si de todas formas se iba a montar el espectáculo militar –con los gastos y la logística que eso implica– no se aprovechó la erogación de recursos, por qué fue necesario pagarle a un extranjero para que nos organizara una celebración de medio pelo que en buena medida fue ajena a nuestra idiosincrasia?...
1 comentario:
Lety!..que padre, me hubiera encantado poder ver ese espectáclo que como bien dices,¿que necesidad de contratar a un extranjero? mejor ese dinero se pudo haber destinado a infraesctructura. Algo que ayudara al paía, pero ni modo eso no lo decidimos nosotros.
¿Como estas? ¿Como va tu embarazo?
Besos
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