Por enésima vez, como cada año, diversos estados de la República Mexicana han resultado afectados por las inundaciones, producto de las lluvias que traen consigo los huracanes. De nuevo, las imágenes muestran pueblos anegados, personas caminando (o casi nadando) con el agua a la cintura y viviendas sepultadas por el lodo.
También como anualmente sucede, las autoridades salen al paso solicitando encarecidamente ‘la solidaridad que caracteriza al pueblo mexicano’ para que lleve víveres, ropa y donaciones en efectivo para ayudar ‘a los hermanos en desgracia’.
Definitivamente se parte el corazón al saber que toda esa gente conserva únicamente lo que lleva puesto, porque sus casas están inundadas y en ellas se perdió probablemente el trabajo de varios años o incluso de una vida. Pero también ya estuvo suave de que el gobierno ‘haga concha’ y se atenga a que la ciudadanía siempre coopera con esas causas.
¿Por qué si cada año sucede lo mismo, en los mismos lugares, no hacen algo más drástico para paliar los efectos de la temporada de inclemencias climáticas; por qué no reubicar los asentamientos humanos irregulares en zonas alejadas del peligro; por qué no invertir en mejoras en la infraestructura que permitan aprovechar esos flujos inmensos que buena falta hacen el resto del año en esas y otras regiones del país?...
Algo más: ¿por qué el gobierno envió toneladas y toneladas y toneladas de ayuda a Haití, en barcos y más barcos y más barcos de la Marina Nacional, a sabiendas de que en unos meses esa ayuda se necesitaría aquí mismo? Creo sinceramente en la cooperación internacional en sus diversas modalidades (de lo contrario no hubiera estudiado Relaciones Internacionales) como una forma noble para superar los problemas colectivos; sin embargo, ese despliegue de asistencia a los haitianos no correspondió a la capacidad real de nuestro país para colaborar con otros.
Y lo siento pero tengo otro cuestionamiento: ¿por qué no se suspenden algunos de los costosos ‘festejos’ del Bicentenario y esos millones los destinan a reconstruir áreas afectadas? La respuesta única es porque es más fácil ‘hacerle a la llorona’ e irse de gorra con las buenas intenciones del resto de la población.
Lo anterior me lleva a tomar una decisión radical: señores, lo siento muchísimo por los damnificados, pero ahora no pienso cooperar con los centros de acopio. Además, debido a que pertenezco al diminuto sector cautivo que paga impuestos en México (porque de la fuerza laboral quedan exentos los del sector informal y los llamados ‘ninis’, que suman varios millones en conjunto), cada quincena mi recibo de nómina viene bien rasurado para engrosar el erario público, del que salen los recursos para la atención a desastres naturales como los que se están registrando.
Adicionalmente, en la medida que sigamos como sociedad civil dando donativos cada vez que salgan a flote las ineficiencias gubernamentales, los funcionarios seguirán sin hacer la parte que les corresponde para que las personas vivan en condiciones dignas. En pocas palabras: hasta que no les llegue ‘el agua al cuello’ no harán la chamba por la que les pagan.
También como anualmente sucede, las autoridades salen al paso solicitando encarecidamente ‘la solidaridad que caracteriza al pueblo mexicano’ para que lleve víveres, ropa y donaciones en efectivo para ayudar ‘a los hermanos en desgracia’.
Definitivamente se parte el corazón al saber que toda esa gente conserva únicamente lo que lleva puesto, porque sus casas están inundadas y en ellas se perdió probablemente el trabajo de varios años o incluso de una vida. Pero también ya estuvo suave de que el gobierno ‘haga concha’ y se atenga a que la ciudadanía siempre coopera con esas causas.
¿Por qué si cada año sucede lo mismo, en los mismos lugares, no hacen algo más drástico para paliar los efectos de la temporada de inclemencias climáticas; por qué no reubicar los asentamientos humanos irregulares en zonas alejadas del peligro; por qué no invertir en mejoras en la infraestructura que permitan aprovechar esos flujos inmensos que buena falta hacen el resto del año en esas y otras regiones del país?...
Algo más: ¿por qué el gobierno envió toneladas y toneladas y toneladas de ayuda a Haití, en barcos y más barcos y más barcos de la Marina Nacional, a sabiendas de que en unos meses esa ayuda se necesitaría aquí mismo? Creo sinceramente en la cooperación internacional en sus diversas modalidades (de lo contrario no hubiera estudiado Relaciones Internacionales) como una forma noble para superar los problemas colectivos; sin embargo, ese despliegue de asistencia a los haitianos no correspondió a la capacidad real de nuestro país para colaborar con otros.
Y lo siento pero tengo otro cuestionamiento: ¿por qué no se suspenden algunos de los costosos ‘festejos’ del Bicentenario y esos millones los destinan a reconstruir áreas afectadas? La respuesta única es porque es más fácil ‘hacerle a la llorona’ e irse de gorra con las buenas intenciones del resto de la población.
Lo anterior me lleva a tomar una decisión radical: señores, lo siento muchísimo por los damnificados, pero ahora no pienso cooperar con los centros de acopio. Además, debido a que pertenezco al diminuto sector cautivo que paga impuestos en México (porque de la fuerza laboral quedan exentos los del sector informal y los llamados ‘ninis’, que suman varios millones en conjunto), cada quincena mi recibo de nómina viene bien rasurado para engrosar el erario público, del que salen los recursos para la atención a desastres naturales como los que se están registrando.
Adicionalmente, en la medida que sigamos como sociedad civil dando donativos cada vez que salgan a flote las ineficiencias gubernamentales, los funcionarios seguirán sin hacer la parte que les corresponde para que las personas vivan en condiciones dignas. En pocas palabras: hasta que no les llegue ‘el agua al cuello’ no harán la chamba por la que les pagan.
1 comentario:
Tu muy atinado comentario me trae a la memoria su famosa frase cada vez que vamos al supermercado: "Desea redondear", la cual me suena a burla y mi respuesta es siempre la misma: "Que redondee el gobierno".
En relación al ridículo espectáculo que el Gobiernito del no menos ridículo de Ebrard que se va a llevar a cabo en el Paseo de la Reforma, es indignante. Quien quiere festejar un Bicentenario con tanta algarabilla, cuando los impuestos suben, lo mismo la gasolina, que decir de la luz y el agua, y para rematarla no hay dinero que alcance cada vez que vamos a hacer nuestras compras semanales, y los pseudodelegados llenándose los bolsillos con la cuota del desmedido ambulantaje.
Apoyo mi querida Lety el no llevar ni un chicle a ningún centro de acopio.
Los mexicanos tenemos el país que queremos por no ser objetivos y permitir tanta desfachatez.
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