Les he de confesar algo: desde mis malestares del año pasado me he vuelto un poco ideática. Por el lado alimenticio, ya no como ensaladas fuera de casa por aquello de las amibas, ya no tomo jugos cítricos antes de los alimentos por si la gastritis, y procuro el menor picante posible para evitar cualquier inflamación estomacal.
Los hielos ‘de lejitos’: primero porque tienden a irritarme la garganta y porque, como dijeran en casa, no sabe uno con qué agua los hicieron… los helados los veo con reserva por los mismos motivos del agua, y los tamales pasaron a la historia luego de una indigestión marca diablo que tuve a consecuencia del Día de la Candelaria de este año.
En cuanto a mi cuerpo, ante cualquier señal atípica procedo de inmediato a la interpretación, de acuerdo a lo que he tenido o a lo que presumiblemente pudiera ser (eso sí, sin automedicación ni alguna barbaridad de esas): nuevo dolor de espalda media, seguro un vaivén gástrico; si es en espalda baja, seguro me excedí en el ejercicio; y si es dolor de cabeza, o se me bajó la presión o es hora de ponerse el suéter debido al frío provocado por el aire acondicionado de la oficina.
(Qué tal, todo un estuche de monerías, jaja!! Pero no crean que agobio al prójimo con tanta suposición: al rato pasa el síntoma y ya está).
Por todo lo anterior, cuando iniciamos en junio ‘la búsqueda de los Pollos’ (eso sonó a título de película, parecido al de la obra de Emilio Carballido ‘Silencio, pollos pelones, ya les van a echar su maíz, jaja!!), esperaba yo en cualquier momento el cuadro completo de la sintomatología de un embarazo: náuseas al despertar, vómito incontrolable, inflamación abdominal, cansancio permanente, mareos, ganas frecuentes de ir al baño, sensibilidad olfativa, sueño, apetito voraz, etc… etc… etc… pero nada de eso se presentaba.
Un día, el ciclo del mes no se presentó… pero los mentados síntomas tampoco. Teníamos nuestras dudas ante lo que estaba (o no) sucediendo. Siguieron pasando los días, 3, 4, una semana, y de una vez por todas recurrimos a los exámenes clínicos para que midieran la hormona HCG que nos daría la respuesta definitiva. Así, en menos de 36 horas, supimos que la próxima primavera seremos papás, YIPIYEI!!!!
Y al día de hoy los síntomas siguen prácticamente sin manifestarse (eso sí: para nada estoy en huelga de hambre, sino que mi hambre está de huelga porque no tengo nada de apetito… pero que conste que como bien!!).
Epílogo: El cuerpo humano es una máquina perfecta, por lo que siempre hay que hacer caso de lo que está indicando. Hace un año, la presencia de sensaciones atípicas como un dolor de espalda permanente me indicó que algo no andaba bien en alguna parte. Ahora, la ausencia de un proceso habitual nos llevó a sospechar que un nuevo proceso había iniciado!!!!
Los hielos ‘de lejitos’: primero porque tienden a irritarme la garganta y porque, como dijeran en casa, no sabe uno con qué agua los hicieron… los helados los veo con reserva por los mismos motivos del agua, y los tamales pasaron a la historia luego de una indigestión marca diablo que tuve a consecuencia del Día de la Candelaria de este año.
En cuanto a mi cuerpo, ante cualquier señal atípica procedo de inmediato a la interpretación, de acuerdo a lo que he tenido o a lo que presumiblemente pudiera ser (eso sí, sin automedicación ni alguna barbaridad de esas): nuevo dolor de espalda media, seguro un vaivén gástrico; si es en espalda baja, seguro me excedí en el ejercicio; y si es dolor de cabeza, o se me bajó la presión o es hora de ponerse el suéter debido al frío provocado por el aire acondicionado de la oficina.
(Qué tal, todo un estuche de monerías, jaja!! Pero no crean que agobio al prójimo con tanta suposición: al rato pasa el síntoma y ya está).
Por todo lo anterior, cuando iniciamos en junio ‘la búsqueda de los Pollos’ (eso sonó a título de película, parecido al de la obra de Emilio Carballido ‘Silencio, pollos pelones, ya les van a echar su maíz, jaja!!), esperaba yo en cualquier momento el cuadro completo de la sintomatología de un embarazo: náuseas al despertar, vómito incontrolable, inflamación abdominal, cansancio permanente, mareos, ganas frecuentes de ir al baño, sensibilidad olfativa, sueño, apetito voraz, etc… etc… etc… pero nada de eso se presentaba.
Un día, el ciclo del mes no se presentó… pero los mentados síntomas tampoco. Teníamos nuestras dudas ante lo que estaba (o no) sucediendo. Siguieron pasando los días, 3, 4, una semana, y de una vez por todas recurrimos a los exámenes clínicos para que midieran la hormona HCG que nos daría la respuesta definitiva. Así, en menos de 36 horas, supimos que la próxima primavera seremos papás, YIPIYEI!!!!
Y al día de hoy los síntomas siguen prácticamente sin manifestarse (eso sí: para nada estoy en huelga de hambre, sino que mi hambre está de huelga porque no tengo nada de apetito… pero que conste que como bien!!).
Epílogo: El cuerpo humano es una máquina perfecta, por lo que siempre hay que hacer caso de lo que está indicando. Hace un año, la presencia de sensaciones atípicas como un dolor de espalda permanente me indicó que algo no andaba bien en alguna parte. Ahora, la ausencia de un proceso habitual nos llevó a sospechar que un nuevo proceso había iniciado!!!!
1 comentario:
Mi querida Lety antes que nada reciban muchos abrazos y felicitaciones por ese bebé y también a tu mami porqué se va a estrenar como abuelita. El cuerpo es sabio y sabe como, cuando y porqué son las cosas. Disfruta esta nueva etapa de tu vida.
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