viernes, 13 de agosto de 2010

Talento urbano

La muerte del tamaulipeco Roberto Cantoral en días pasados me hizo pensar en los talentosos compositores que hemos tenido y a quienes aplaudimos la autoría de rolas como ‘La gloria eres tú’, ‘Delirio’, ‘Contigo aprendí’, ‘Noche de ronda’ y muchísimas más que siguen traspasando el tiempo para incorporarse al cancionero nacional.

Y no sólo eso, pues cuando va uno al extranjero no es raro percibir esos acordes conocidos que le enchinan a uno la piel de saberlos propios. Por ejemplo, a mi mamá y a mi nos tocó deleitarnos con ‘Cielito lindo’ en plena góndola, en Venecia, y César y yo disfrutamos de ‘Bésame mucho’ cuando caminábamos por una callejuela de Roma (y se ve que esa rola pega mucho por allá, porque nosotras también la oímos dos veces en las calles de Madrid).

Adicionalmente las interpretaciones eran buenas, lo que remite a esos talentos urbanos que se pueden encontrar donde menos se esperan y que le brindan a uno gratísimos instantes de solaz.

César dice que en el metro de París los artistas realizan pruebas para tener derecho a trabajar en esas instalaciones, y Marisse, colega del trabajo, dice que en el subterráneo de Nueva York es posible encontrar verdaderos maestros del jazz y de otros géneros alternativos.

Pero la Ciudad de México no es la excepción y también se lleva uno gratas sorpresas. En el pasaje que se ubica debajo de Avenida Reforma y que conduce a la estación Hidalgo del metro, es frecuente encontrar a algunos jóvenes que probablemente estudian en el Conservatorio u otra escuela de música y que van al metro a ensayar, con la posibilidad adicional de ganar un dinerito. A veces están con violín y flauta, otras con cello y contrabajo, y otras más hay hasta cuatro intérpretes, siempre acompañados de las notas de Vivaldi o Mozart.

En otra ocasión, hace ya unos años, iba sentada en un vagón lleno de gente, cuando de repente oí rolas de The Beatles en saxofón y armónica. Pensé ‘No sé qué disco pirata estén vendiendo ahora, pero suena muy bien’, y cuál fue mi sorpresa cuando me percaté que no era grabación, sino dos muchachos que tocaban en vivo y en directo.

Finalmente está el caso de un ñor que se sube al metro con guitarra y flauta para tocar música latinoamericana y una que otra melodía estadounidense (como ‘The sounds of silence’, que tanto le gusta a mi mamá). Suda y suda el pobre hombre de tanto esfuerzo, y la verdad toca bien, pero el problema es que ya se le hizo costumbre y tiro por viaje se lo encuentra uno y con el mismo repertorio (ah, y al final vende su disco y toda la cosa; como que ese ya no es tan espontáneo).

Justo reflexionaba sobre esos menesteres musicales cuando caminaba por el pasillo subterráneo del metro Hidalgo del que ya les hablé, en el momento que un niño como de ocho años tocaba un güiro y daba ‘el espectáculo de la tarde’. Cantaba tan mal el pobrecito… pero con su ritmo acapulqueño y la voz aguda, hizo que los 30 o 40 segundos que dura el tránsito por ese lugar fueran de lo más simpáticos!!

1 comentario:

cachis dijo...

Hola: Creo que tienes razón en que es muy padre ir por la calle y oír a algunos músicos callejeros. Recuerdo que cuando yo era niña siempre que veíamos a un cilindrero, mi mamá de inmediato sacaba alguna o algunas monedas y se las daba junto con un !muchas gracias!. Un día le pregunté ¿por qué le das las gracias? y ella me contestó porque este señor nos vende alegría