Qué tal la sarta de tonterías que han esbozado en las últimas semanas para festejar el Bicentenario de la Independencia: que si un desfile de carros alegóricos con gente disfrazada de acuerdo a episodios de la historia de nuestro país, que si la actuación de acróbatas y bailarines (¿?), que si una regata… y eso porque entré a la página oficial, porque en realidad no se difunde nada.
Qué les parece la denominada ‘Estela de Luz’, que se pretendía fuera el monumento erigido en conmemoración del Bicentenario; no es posible que falte menos de un mes para que llegue la fecha y se esté anunciando que estará listo para fin de año… ¡¡pero de 2011!! (y nos consta: mi mamá y yo pasamos por ahí hace ocho días y estaba el terreno en pañales, apenas con mezcla encima…).
O qué tal la contratación de una empresa para que organice los festejos nacionales, como si no se estuvieran destinando recursos extraordinarios para sostener áreas creadas ex profeso en CONACULTA, la SEP y Cancillería (cabe señalar que esa empresa está encabezada por un australiano que le armó la inauguración de los Juegos Olímpicos a China hace dos años: imagínense lo que están cobrando para que la información de costos y otros detalles la esté reservando Presidencia por 15 años…).
Pero dos de las últimas ocurrencias han sido el colmo de los colmos: primero, el traslado de los restos de los insurgentes de la Columna de la Independencia al Castillo de Chapultepec, y no contentos con eso, del Castillo de Chapultepec a Palacio Nacional; y segundo, el ‘lanzamiento’ de la ‘canción del Bicentenario’.
Lo de los restos fue francamente absurdo, que para verificar identidades… ¿y qué tal si no eran de quienes se creía que eran, qué tal si en lugar de tener a Miguel Hidalgo se tenía el cráneo de un soberano desconocido para rendirle honores?... Pienso que el hecho de que se tengan esos huesitos en un monumento nacional es más una especie de acto de fe que un hecho comprobado.
Y qué decir de la mentada canción conmemorativa; ¿a quién se le ocurre que Alex Syntek, un cuate emergido de las filas de Televisa, que si bien tiene ciertas habilidades musicales para el género pop, no puede ser el intérprete de una melodía que supone trascender y celebrar 200 años de ser una nación libre y soberana?...
No cabe duda que, como bien dijo Enrique Krauze en una entrevista que le hizo el diario Milenio, el gobierno no supo (porque definitivamente no se conjuga el verbo en participio con la esperanza de que enderecen el barco: esto es causa perdida…) cómo ‘entrarle’ a los festejos del Bicentenario (además, ¿se dan cuenta que en ningún momento hablan del Centenario de la Revolución? Claro: eso suena a izquierda y a movimiento popular, algo que no va con el partido en turno, qué parcialidad…).
Primero critiqué un poco la serie ‘Discutamos México’ por considerar que sus programas eran casi eruditos, que suponen un conocimiento muy avanzado de la historia nacional que no todos tienen, lo cual me parecía excluyente, como dejar las celebraciones en el nivel de ‘alta cultura’, sólo para académicos e intelectuales. Pero viendo el escenario, eso hubiera sido mil veces mejor a convertir esto en un circo ‘televiso’, comercial, frívolo y pulguiento como lo están haciendo.
O como bien dice César, un gran festejo del Bicentenario hubiera sido destinar los millones de pesos que se gastarán en espectáculos de luces, sonido y oquedad tanto temática como emocional, en equipar escuelas y clínicas de salud, que buena falta hace: dotarlos de infraestructura y de condiciones que permitan a los usuarios o asistentes sentirse orgullosos de ser mexicanos y contar con un país verdaderamente digno y grandioso.
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