Muchos vimos aquella película titulada ‘Evil wears Prada’ o ‘El diablo viste a la moda’, donde la directora de una revista, personificada por Meryl Streep, era el azote de las personas que colaboraban con ella. Sus excesos, prepotencia y faltas de respeto llegaban a tal grado que los espectadores verdaderamente nos indignamos en cada escena.
¿Ficción? Nada de eso, sencillamente un relato de realidad que hemos vivido más de uno – y tristemente en más de una ocasión – que en lo personal denomino ‘jefismo’, esa actitud adoptada por un superior ante sus subalternos para demostrar poder y jerarquía de manera equivocada.
Aquel que presenta rasgos ‘jefistas’, a quien se denomina ‘jefito’, grita, maldice, adopta el sarcasmo como lengua materna y exige cual si fuera diva, rockstar o vedette en boga (incluyendo aquello de una suite presidencial con veinte botellas de agua, una canasta con frutas exóticas y un fulano en la puerta para que esté al pendiente las 24 horas del día de lo que se le pueda ofrecer. Y no dudo que haya jefitos que pidan alfombra roja…).
¿Cuáles son las características de tan peculiares personajes? Ejemplifiquemos con un hipotético (o no tanto) viaje de trabajo, cuya organización logística queda plagada de oportunidades para que el jefito en cuestión despliegue todas sus rabietas, argucias, malos modos y excesos.
- Deben volar en clase ejecutiva. ¿Cómo creer que esos personajes van a codearse con la plebe en clase económica, cómo van a compartir el asiento con un x? Ellos viajan siempre en business porque sólo ahí les atienden como (creen que) merecen.
- Alguien debe documentarlos en el aeropuerto. El jefito no puede hacer los trámites aéreos por sí mismo porque, de hacerlo, pensarían que son ‘don nadie’. De esa manera envían un emisario de avanzada para que documente por ellos.
- La habitación de hotel no debe oler a cigarro. Cuidado con no cerciorarse de que ‘la suite’ no tuviera reminiscencias de tabaco porque a su regreso, el jefito arremete contra los responsables de ‘tan grave omisión’.
- Alguien debe realizar el registro ante los organizadores de un evento. Aquí se repite la historia de la documentación en el aeropuerto: ¿quién osaría pensar que el jefito va a pasar como un cualquiera al solicitar un gafete?...
- Debe esperarlos una comitiva de recepción en la puerta. Así hayan estado decenas de veces en el mismo recinto, los jefitos pretenden tener siempre a alguien que los reciba en la puerta para conducirlos al lugar donde se desarrollará un evento al que asisten.
- El personificador debe tener la ‘etiqueta’ correspondiente. Para los jefitos, más vale ser doctor (de doctorado, aunque sea en ciencias ocultas) que señor, así que nunca puede faltar en el cartoncito con su nombre ‘la etiqueta’ de Lic., Mtro. o Dr., porque sin ella parece que no son nada.
Lo que no saben esos jefitos es que son la burla general, que lejos de respeto lo único que inspiran a los demás es lástima por la inseguridad y el complejo de inferioridad que cargan.
¿Ficción? Nada de eso, sencillamente un relato de realidad que hemos vivido más de uno – y tristemente en más de una ocasión – que en lo personal denomino ‘jefismo’, esa actitud adoptada por un superior ante sus subalternos para demostrar poder y jerarquía de manera equivocada.
Aquel que presenta rasgos ‘jefistas’, a quien se denomina ‘jefito’, grita, maldice, adopta el sarcasmo como lengua materna y exige cual si fuera diva, rockstar o vedette en boga (incluyendo aquello de una suite presidencial con veinte botellas de agua, una canasta con frutas exóticas y un fulano en la puerta para que esté al pendiente las 24 horas del día de lo que se le pueda ofrecer. Y no dudo que haya jefitos que pidan alfombra roja…).
¿Cuáles son las características de tan peculiares personajes? Ejemplifiquemos con un hipotético (o no tanto) viaje de trabajo, cuya organización logística queda plagada de oportunidades para que el jefito en cuestión despliegue todas sus rabietas, argucias, malos modos y excesos.
- Deben volar en clase ejecutiva. ¿Cómo creer que esos personajes van a codearse con la plebe en clase económica, cómo van a compartir el asiento con un x? Ellos viajan siempre en business porque sólo ahí les atienden como (creen que) merecen.
- Alguien debe documentarlos en el aeropuerto. El jefito no puede hacer los trámites aéreos por sí mismo porque, de hacerlo, pensarían que son ‘don nadie’. De esa manera envían un emisario de avanzada para que documente por ellos.
- La habitación de hotel no debe oler a cigarro. Cuidado con no cerciorarse de que ‘la suite’ no tuviera reminiscencias de tabaco porque a su regreso, el jefito arremete contra los responsables de ‘tan grave omisión’.
- Alguien debe realizar el registro ante los organizadores de un evento. Aquí se repite la historia de la documentación en el aeropuerto: ¿quién osaría pensar que el jefito va a pasar como un cualquiera al solicitar un gafete?...
- Debe esperarlos una comitiva de recepción en la puerta. Así hayan estado decenas de veces en el mismo recinto, los jefitos pretenden tener siempre a alguien que los reciba en la puerta para conducirlos al lugar donde se desarrollará un evento al que asisten.
- El personificador debe tener la ‘etiqueta’ correspondiente. Para los jefitos, más vale ser doctor (de doctorado, aunque sea en ciencias ocultas) que señor, así que nunca puede faltar en el cartoncito con su nombre ‘la etiqueta’ de Lic., Mtro. o Dr., porque sin ella parece que no son nada.
Lo que no saben esos jefitos es que son la burla general, que lejos de respeto lo único que inspiran a los demás es lástima por la inseguridad y el complejo de inferioridad que cargan.
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