Hace apenas unos días que la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA) comenzó a reparar la fractura del bordo de La Compañía, en el Estado de México, y la tragedia no parece terminar para los afectados de la zona de Chalco, ya que, bajando las aguas producto de las inundaciones, la población ha podido ingresar a sus viviendas para constatar el grado de las afectaciones a su patrimonio.
Las escenas transmitidas por televisión son desoladoras, pues en cada casa están presentes restos de estufas y refrigeradores, colchones inservibles, sillas y mesas astilladas, visos de lo que fueron sillones y libreros, residuos de aguas negras en las paredes y una cantidad de lodo cuya remoción se adivina difícil.
Las semanas se están acumulando y la situación de los damnificados no mejora. ¿Por qué será, a qué se debe que durante las inundaciones de Valle Dorado la ayuda se dio de inmediato a los avecindados tratándose también de municipios mexiquenses?
La respuesta es simple: en Valle Dorado los afectados fueron personas de clase media y los de Chalco tienen menores ingresos. En pocas palabras, porque estos últimos son pobres y, para las autoridades, tal parece que eso del ‘determinismo social’ es una realidad: ‘naces pobre, creces pobre y mueres pobre, así que ¿para qué te ayudo?’...
En el primer caso, no pasó ni una semana para que los gobiernos federal, estatal y municipal acudieran a evaluar los daños y otorgaran cheques por 15 mil pesos a cada familia damnificada. Incluso, a nivel central, se solicitó al Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) el otorgamiento de 100 mil dólares (alrededor de un millón trescientos mil pesos) para apoyar a la población de Valle Dorado.
Eso no salió en las noticias – seguro por lo vergonzante que resulta estirar la mano ante un organismo que enfoca sus esfuerzos a los más necesitados –, pero me consta porque terminé haciendo el reporte final de utilización de recursos.
Lo anterior no es ejemplo único: también tuvimos el caso de los huracanes Stan y Wilma que en 2005 devastaron regiones de Quintana Roo y Chiapas; Cancún fue restaurado en menos de lo que canta un gallo con apoyos públicos y privados, en tanto que localidades como Huixtla (de donde son mis queridos tíos Héctor y Gil) continúa al día de hoy sin regularizar el servicio de agua. ¿Y eso por qué? Porque Cancún deja millones de pesos al año y Huixtla no.
Adicionalmente, y volviendo al caso Chalco, no cabe duda que aquí se es ‘candil de la calle y oscuridad de la casa’, porque en estos tiempos de austeridad gubernamental, no se escatimó en el envío de buques, aviones y toda clase de ayuda para los damnificados por el terremoto de Haití – que si bien es cierto por sentido de humanidad y solidaridad internacional había que aportarles algo, tampoco se trataba de ‘echar la casa por la ventana’, para quedar bien con quién… –.
Lo más absurdo es que, a más de un mes del sismo haitiano, todavía organizan el concierto ‘Un corazón musical por Haití’ (y los hipócritas artistillos televisos le hacen al cuento diciendo ‘sí, porque los hermanos de Haití nos necesitan’), y organizaciones como Fomento Social Banamex mantienen habilitadas sus cuentas para recibir donativos por la misma causa.
¿Y Chalco? Bien, gracias: ni una colecta, ni un pésame, ni una nada… y aun así volveríamos al dilema entre donar y no donar… (y ellos sí que son nuestros hermanos, directitos).
Las escenas transmitidas por televisión son desoladoras, pues en cada casa están presentes restos de estufas y refrigeradores, colchones inservibles, sillas y mesas astilladas, visos de lo que fueron sillones y libreros, residuos de aguas negras en las paredes y una cantidad de lodo cuya remoción se adivina difícil.
Las semanas se están acumulando y la situación de los damnificados no mejora. ¿Por qué será, a qué se debe que durante las inundaciones de Valle Dorado la ayuda se dio de inmediato a los avecindados tratándose también de municipios mexiquenses?
La respuesta es simple: en Valle Dorado los afectados fueron personas de clase media y los de Chalco tienen menores ingresos. En pocas palabras, porque estos últimos son pobres y, para las autoridades, tal parece que eso del ‘determinismo social’ es una realidad: ‘naces pobre, creces pobre y mueres pobre, así que ¿para qué te ayudo?’...
En el primer caso, no pasó ni una semana para que los gobiernos federal, estatal y municipal acudieran a evaluar los daños y otorgaran cheques por 15 mil pesos a cada familia damnificada. Incluso, a nivel central, se solicitó al Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) el otorgamiento de 100 mil dólares (alrededor de un millón trescientos mil pesos) para apoyar a la población de Valle Dorado.
Eso no salió en las noticias – seguro por lo vergonzante que resulta estirar la mano ante un organismo que enfoca sus esfuerzos a los más necesitados –, pero me consta porque terminé haciendo el reporte final de utilización de recursos.
Lo anterior no es ejemplo único: también tuvimos el caso de los huracanes Stan y Wilma que en 2005 devastaron regiones de Quintana Roo y Chiapas; Cancún fue restaurado en menos de lo que canta un gallo con apoyos públicos y privados, en tanto que localidades como Huixtla (de donde son mis queridos tíos Héctor y Gil) continúa al día de hoy sin regularizar el servicio de agua. ¿Y eso por qué? Porque Cancún deja millones de pesos al año y Huixtla no.
Adicionalmente, y volviendo al caso Chalco, no cabe duda que aquí se es ‘candil de la calle y oscuridad de la casa’, porque en estos tiempos de austeridad gubernamental, no se escatimó en el envío de buques, aviones y toda clase de ayuda para los damnificados por el terremoto de Haití – que si bien es cierto por sentido de humanidad y solidaridad internacional había que aportarles algo, tampoco se trataba de ‘echar la casa por la ventana’, para quedar bien con quién… –.
Lo más absurdo es que, a más de un mes del sismo haitiano, todavía organizan el concierto ‘Un corazón musical por Haití’ (y los hipócritas artistillos televisos le hacen al cuento diciendo ‘sí, porque los hermanos de Haití nos necesitan’), y organizaciones como Fomento Social Banamex mantienen habilitadas sus cuentas para recibir donativos por la misma causa.
¿Y Chalco? Bien, gracias: ni una colecta, ni un pésame, ni una nada… y aun así volveríamos al dilema entre donar y no donar… (y ellos sí que son nuestros hermanos, directitos).
1 comentario:
Y esta actitud no sólo es de los gobiernos y autoridades públicas, sino de la sociedad misma. ¿Dónde están los ciudadanos, las ONG's, la IP exigiendo a esas autoridades atender o tendiendo ellos mismos la mano a nuestros propios damnificados?
¡Qué acomplejados somos! Nos ostentamos ricos ante los que están peor que nosotros y nos averguenzan nuestros propios calcetines rotos, esos que siguen rotos por irresponsabilidad e incongruencia propias.
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