Últimos días de 2009. Una sensación extraña pareció apoderarse de la gente, indicando que una especie de acabose estaba por llegar. Sálvese quien pueda: a comprar lo que había que comprar antes del 16% de IVA (qué bruto, en mi vida había visto tanta gente en los centros comerciales. Es más: sólo pasamos en coche frente a Perisur y había fila para entrar al estacionamiento), a terminar con cualquier pendiente (desde subir un dobladillo o cortarse el pelo hasta visitar nuevos lugares o ver las pelis que se te habían pasado hace años) y a almacenar víveres como si el mundo llegara al límite.
La cuenta final se acercaba… Cinco, cuatro, tres, dos, uno… Y al llegar las doce de la noche del 31 de diciembre… la cosa siguió su curso, ya que fuera de los avisos de alza de precios y los impuestos truculentos, todos seguimos en pie, sobreviviendo a la influenza AH1N1, a la crisis económica, a ‘Juanito’ el de Iztapalapa (ya basta de ese tipo…) y a una que otra ‘piedrita en el arroz’ que no impide disfrutar el menú del día a día.
Y aquí estamos, empezando el dos mil diez, el tan llevado y traído año del Bicentenario, ese que ha creado tantas expectativas y que ha puesto en la mesa la discusión interrogantes que tienen que ver con nuestra forma de ser como mexicanos, con nuestros valores nacionales, con el rumbo de este país.
En el mismo sentido, como cada enero, será el momento de pensar hacia dónde vamos como personas, qué queremos y cómo podemos ser mejores (eso sí, nada de ‘propósitos de Año Nuevo’ que no hacen más que bajar la moral a quienes los formulan, porque en un noventa y tantos por ciento terminan por no cumplirse. Lo mejor es cambiar de hábitos justo en el instante en que se contempla esa posibilidad, afirmando aquello de ‘no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy’ para hacer ejercicio, bajar de peso, ahorrar, leer, etc… etc…).
A pesar de que no será fácil por la coyuntura nacional e internacional, debemos ver el MMX (a propósito, ¿todavía enseñarán los números romanos en la escuela…? Porque me late que ya no es tan común, lo mismo que saber manuscrita o conjugar los verbos con el pronombre ‘vosotros’) como una oportunidad para actuar y no sólo suspirar, para caminar y no para quedarse esperando o lamentarse; que las cosas no queden por uno, que nunca conozcamos el ‘hubiera’.
Pero no nos pongamos dramáticos, porque de lo que se trata es de festejar la dicha de estar vivos, de poder iniciar un año más disfrutando y compartiendo con nuestros seres queridos. Además, en 2010 se cumplen cien años del nacimiento de mi queridísimo Abuelín (para mi ese es el verdadero centenario, como de que no!!), es el año posterior a mi operación de vesícula (o sea que estoy de estreno, jaja!! Y aunque hay que seguir la máxima ‘todo con medida’, bienvenidos como siempre el chocolate y un buen vaso de leche con pastel, jajaja) y es tiempo del ‘ahora o nunca’.
Tengan fe, mucha fe en que MMX será un súper año para todos, lleno de amor, salud, trabajo y dinero, y, por qué no, vacaciones, buena música y una que otra buena sorpresita, ya verán!!
La cuenta final se acercaba… Cinco, cuatro, tres, dos, uno… Y al llegar las doce de la noche del 31 de diciembre… la cosa siguió su curso, ya que fuera de los avisos de alza de precios y los impuestos truculentos, todos seguimos en pie, sobreviviendo a la influenza AH1N1, a la crisis económica, a ‘Juanito’ el de Iztapalapa (ya basta de ese tipo…) y a una que otra ‘piedrita en el arroz’ que no impide disfrutar el menú del día a día.
Y aquí estamos, empezando el dos mil diez, el tan llevado y traído año del Bicentenario, ese que ha creado tantas expectativas y que ha puesto en la mesa la discusión interrogantes que tienen que ver con nuestra forma de ser como mexicanos, con nuestros valores nacionales, con el rumbo de este país.
En el mismo sentido, como cada enero, será el momento de pensar hacia dónde vamos como personas, qué queremos y cómo podemos ser mejores (eso sí, nada de ‘propósitos de Año Nuevo’ que no hacen más que bajar la moral a quienes los formulan, porque en un noventa y tantos por ciento terminan por no cumplirse. Lo mejor es cambiar de hábitos justo en el instante en que se contempla esa posibilidad, afirmando aquello de ‘no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy’ para hacer ejercicio, bajar de peso, ahorrar, leer, etc… etc…).
A pesar de que no será fácil por la coyuntura nacional e internacional, debemos ver el MMX (a propósito, ¿todavía enseñarán los números romanos en la escuela…? Porque me late que ya no es tan común, lo mismo que saber manuscrita o conjugar los verbos con el pronombre ‘vosotros’) como una oportunidad para actuar y no sólo suspirar, para caminar y no para quedarse esperando o lamentarse; que las cosas no queden por uno, que nunca conozcamos el ‘hubiera’.
Pero no nos pongamos dramáticos, porque de lo que se trata es de festejar la dicha de estar vivos, de poder iniciar un año más disfrutando y compartiendo con nuestros seres queridos. Además, en 2010 se cumplen cien años del nacimiento de mi queridísimo Abuelín (para mi ese es el verdadero centenario, como de que no!!), es el año posterior a mi operación de vesícula (o sea que estoy de estreno, jaja!! Y aunque hay que seguir la máxima ‘todo con medida’, bienvenidos como siempre el chocolate y un buen vaso de leche con pastel, jajaja) y es tiempo del ‘ahora o nunca’.
Tengan fe, mucha fe en que MMX será un súper año para todos, lleno de amor, salud, trabajo y dinero, y, por qué no, vacaciones, buena música y una que otra buena sorpresita, ya verán!!
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