viernes, 15 de enero de 2010

La tragedia de Haití: el dilema de donar o no donar

Qué lacerantes son las imágenes que hemos visto a lo largo de esta semana en Haití, luego que un terremoto de 7.3 grados arrasara esa pobre isla caribeña – y el sentido de ‘pobre’ aplica en todos sentidos, siendo uno de los países más pobres del mundo, con 65% de la población desempleada, 80% bajo la línea de pobreza y un sistema político infestado de dictadores y saqueadores –.

Luego del sismo, tal pareciera que nada quedó en pie: ni la catedral, ni el Parlamento, ni el Palacio de Gobierno, ni los ministerios, ni la sede de la ONU, ni los hospitales, ni los hoteles, ni el aeropuerto, ni las casas, ni las miles de casas…

Ni qué decir de las tomas más dramáticas, aquellas que llevan consigo dolor y muerte; cuerpos apilados unos sobre otros, el llanto de aquel que se sabe solo en el mundo, o el andar pausado de quien huye a ninguna parte…

Tragedias como esas son las que sacuden a la humanidad entera y que, en un intento por hacer algo ante la impotencia de lo acontecido, une las buenas voluntades y se moviliza para llevar al caído un poco de lo que perdió, al menos en el plano material.

En México, el acopio para los damnificados no nos resulta extraño, ya que prácticamente desde el temblor de 1985 en el Distrito Federal parece que nos solidarizamos con ese tipo de causas, ya sea en territorio nacional o en otros países. Pero conforme pasa el tiempo, dadas la corrupción de quienes colectan y/o distribuyen la ayuda, uno se vuelve desconfiado y se pregunta: ¿dono o no dono?

En el caso de los donativos en especie, me ha entrado duda si en verdad llevaron lo que donamos a los tabasqueños, a los chiapanecos, a los quintanarroenses y hasta a los oriundos de Nueva Orleans cuando los huracanes hicieron de las suyas, debido a lo costoso que resultaba trasladar los víveres.

Además, he sabido que los ‘goberladrones’, digo, gobernadores utilizan la entrega de despensas en medio de desastre naturales como capital político – y lucrar con la desgracia ajena no es válido en ninguna circunstancia –.

O como cuando mi cuate Humbe, de Monitor, quien estuvo de voluntario durante el ’85, dijo haber constatado que decenas de casas de campaña y sleeping bags que donó el gobierno alemán a México fueron a parar a la casa del entonces presidente Miguel de la Madrid.

Y si se trata de depósitos en efectivo, ahí sí ni hablar: yo no le doy un peso al gobierno (y miren que ahí trabajo… jaja) ni a organismos internacionales que se la viven pagando viajes suntuosos a funcionarios que no aportan nada al país. Dudo mucho que si uno da dinero este llegue a las manos indicadas.

Pero luego de volver a ver los noticiarios y saber que la desesperación sigue aflorando entre los haitianos, que no hay comida, que siguen buscando desesperadamente vida entre los escombros y que toda la gente está tirada en la banqueta esperando ayuda, no cabe duda que donaremos un granito de arena para los hermanos en desgracia – y en la conciencia de los pillines quedará si no hacen lo correcto. Dios quiera que lo hagan… –

1 comentario:

Chity Taboada dijo...

Es cierto que la mayor tragedia de Haití son y han sido sus malos gobiernos corruptos que ya la habían hundido en la pobreza y en la ignorancia. El terremoto ha sido la puntilla a tan inhumano malhacer. Pero esperemos que algo de lo que damos llegue a manos de los que tanto necesitan.

Saludos desde España.