Siguiendo en la tónica del Día de Muertos, viendo que las madrugadas de 1 y 2 de noviembre caerían en domingo y lunes respectivamente, empecé a alborotarme para que fuéramos a ver las ofrendas en Mixquic, en la delegación Tláhuac, aun cuando siempre he sido de la idea que no hay que invadir ese tipo de manifestaciones culturales para evitar que se pierdan, porque lejos de preservarse, el turismo masivo llega a contaminarlas.
Pero bueno, había que sondear el panorama, por lo que ni tarda ni perezosa entré a internet para buscar información. Cuál va siendo mi sorpresa al encontrar un sitio electrónico exclusivo de las celebraciones en Mixquic: no de la UNESCO, ni de México Desconocido, ni del gobierno local, sino una onda súper comercial donde había la posibilidad de comprar playeras y postales alusivas a las tradiciones de muertos de Mixquic.
Mi segundo trago amargo fue ver la galería de fotos: para mí, un cementerio es un lugar sagrado, donde se va de manera ritual. Sin embargo, las imágenes, a pesar de mostrar el camposanto iluminado, incluían los andadores con ríos de gente; no locales, sino turistas que más allá de sentir suya esa tradición van porque ‘hay que ir’, o porque ‘lo recomendaba la guía turística’, o argumentos fáciles para justificar una presencia hueca en el lugar.
Por último, venía el apartado ‘Programa 2009’: para el 31 de octubre contemplaba un taller de elaboración de globos de Cantoya, la obra de teatro ‘Juanito y el castillo embrujado’ y Mario Iván Martínez haciéndola de ‘cuenta cuentos’. Para el 1 de noviembre, estarían el Grupo Performance de Mujeres de Tláhuac, la obra de teatro ‘La calaca pirulina’ y Óscar Chávez. Para el 2 de noviembre, el ballet folklórico Tloque Nahuake y Susana Harp con una sinfónica.
No dudo que los lugareños sigan teniendo bien firmes sus convicciones en torno a la muerte. Pero por lo que los oportunistas han hecho con Mixquic, con la preocupación de dónde estacionar el coche si íbamos y en clara abstención de contaminar aun más las tradiciones que nos han dado reconocimiento internacional, decidimos pasar la noche de muertos en la tranquilidad de nuestro hogar, con nuestra propia ofrenda y nuestros seres queridos que en realidad nunca se han ido.
Cómo me recordó todo esto a Cumbre Tajín, una bazofia disfrazada de festival cultural que inventaron algunos vivales – como la mafiosa Sari Bermúdez y sus secuaces – con la falsa promesa de preservar la cultura del Totonacapan (es decir, la zona norte de Veracruz, donde se estableció la ciudad totonaca de Tajín).
Pero lejos de contar con artesanos, danzantes y voladores de la región, el circo ese vende lectura de caracoles, temazcales y conciertos de agrupaciones e individuos como Botellita de Jerez, Willie Colón, Los Tigres del Norte, Fito Páez, Celso Piña y Moderatto, es decir, pura charlatanería esotérica aderezada con una mezcolanza musical.
Pero bueno, había que sondear el panorama, por lo que ni tarda ni perezosa entré a internet para buscar información. Cuál va siendo mi sorpresa al encontrar un sitio electrónico exclusivo de las celebraciones en Mixquic: no de la UNESCO, ni de México Desconocido, ni del gobierno local, sino una onda súper comercial donde había la posibilidad de comprar playeras y postales alusivas a las tradiciones de muertos de Mixquic.
Mi segundo trago amargo fue ver la galería de fotos: para mí, un cementerio es un lugar sagrado, donde se va de manera ritual. Sin embargo, las imágenes, a pesar de mostrar el camposanto iluminado, incluían los andadores con ríos de gente; no locales, sino turistas que más allá de sentir suya esa tradición van porque ‘hay que ir’, o porque ‘lo recomendaba la guía turística’, o argumentos fáciles para justificar una presencia hueca en el lugar.
Por último, venía el apartado ‘Programa 2009’: para el 31 de octubre contemplaba un taller de elaboración de globos de Cantoya, la obra de teatro ‘Juanito y el castillo embrujado’ y Mario Iván Martínez haciéndola de ‘cuenta cuentos’. Para el 1 de noviembre, estarían el Grupo Performance de Mujeres de Tláhuac, la obra de teatro ‘La calaca pirulina’ y Óscar Chávez. Para el 2 de noviembre, el ballet folklórico Tloque Nahuake y Susana Harp con una sinfónica.
No dudo que los lugareños sigan teniendo bien firmes sus convicciones en torno a la muerte. Pero por lo que los oportunistas han hecho con Mixquic, con la preocupación de dónde estacionar el coche si íbamos y en clara abstención de contaminar aun más las tradiciones que nos han dado reconocimiento internacional, decidimos pasar la noche de muertos en la tranquilidad de nuestro hogar, con nuestra propia ofrenda y nuestros seres queridos que en realidad nunca se han ido.
Cómo me recordó todo esto a Cumbre Tajín, una bazofia disfrazada de festival cultural que inventaron algunos vivales – como la mafiosa Sari Bermúdez y sus secuaces – con la falsa promesa de preservar la cultura del Totonacapan (es decir, la zona norte de Veracruz, donde se estableció la ciudad totonaca de Tajín).
Pero lejos de contar con artesanos, danzantes y voladores de la región, el circo ese vende lectura de caracoles, temazcales y conciertos de agrupaciones e individuos como Botellita de Jerez, Willie Colón, Los Tigres del Norte, Fito Páez, Celso Piña y Moderatto, es decir, pura charlatanería esotérica aderezada con una mezcolanza musical.
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