viernes, 7 de agosto de 2009

Zelaya y el ‘bananerismo’ centroamericano

Qué tal todo el rollo este del golpe de Estado en Honduras: no cabe duda que es una de las situaciones más bizarras, atípicas y retrógradas que se han registrado en lo poco que va de este siglo, pues el término ‘golpe de Estado’ remite a las dictaduras militares que azotaron Centro y Sudamérica de los años cincuenta hasta los años noventa del siglo pasado, regímenes prepotentes y bananeros que hicieron historia.

Pero ahora, en la llevada y traída era de las democracias y con el civismo y el diálogo como banderas mundiales, no sólo suena raro sino absurdo un golpe de Estado a estas alturas, y más absurda es la forma como han sucedido los eventos en el caso hondureño. Hagamos el recuento para ver la tragicómica situación:

Todo empezó cuando las fuerzas militares de Honduras, apoyadas por los poderes legislativo y judicial así como la derecha y los empresarios, tomaron la casa presidencial para capturar al presidente Manuel Zelaya y conducirlo a Costa Rica, con el argumento de que había violado la Constitución, motivo por el cual sería sustituido por Roberto Micheletti (y de eso hay que tomar nota adicional para dormir siempre con buena piyama, como dijera Lita, porque uno nunca sabe un temblor, incendio o contingencia… todos fuimos testigo del lamentable estado en que Zelaya fue sacado de su cama, con una triste camiseta usada, todo desarrapado…).

Indignación absoluta, repudio total: por unanimidad, la comunidad internacional se manifestó en contra del gobierno de facto, del régimen golpista que no tenía motivo alguno para remover a quien fuera electo por voto popular. No importa si es un remedo de Fox, si pretendía consultar a la población para reelegirse o si era un mal bicho (sólo los hondureños lo saben); lo cierto es que hasta que terminara su mandato, como lo dicta su Carta Magna, no podían removerlo de la presidencia.

En foros y reuniones multilaterales, tanto organizaciones financieras como países de la magnitud económica de Estados Unidos y los que forman la Unión Europea, amenazaron a Honduras con cortarle el flujo económico y comercial por atentar contra el estado de derecho. La protesta internacional a favor del orden y el respeto a la ley, siempre como pronunciamiento y nunca atentando contra la soberanía del Estado hondureño, fue la constante. Todo bien hasta entonces…

Sin embargo, quien no supo estar a la altura fue el propio Zelaya, pues en lugar de hacer una campaña digna desde el exterior, con declaraciones inteligentes y actuando como el presidente que sigue siendo – aunque sea en el exilio –, se envalentonó y tomó una actitud tan patética como pretender entrar a Honduras a como diera lugar: primero con el incivil de Hugo Chávez y la mafiosa argentina Cristina Kirchner, luego por la frontera nicaragüense, con el respaldo de Daniel Ortega, otro resabio del pasado guerrillero de la región centroamericana.

También se dice que está azuzando a la población para que lo apoye ‘desde adentro’ enfrentándose a los militares hondureños (y yo me pregunto, ¿y quién los va a apoyar a ellos, acaso pagando con su vida van a lograr algo? Yo creo que no, y si bien es plausible que la gente ‘ya no se deje’ y exija sus derechos, lo cierto es que el pueblo tiende a ser usado para fines personales de los políticos de esas contiendas).

Lo más reciente fue la visita oficial de Zelaya a nuestro país, la cual era importantísima para él porque México es para Centroamérica lo que EU es para nosotros, es decir, un gigante del que dependen económica, social y hasta políticamente, así que el espaldarazo que diera el Estado mexicano a la causa zelayense era fundamental.

Pero ni eso supo manejar, pues lejos de conformarse con tener foro federal (Calderón lo recibió con los honores de su investidura) y local (Ebrard hasta le dio las llaves de la ciudad) para exponer su causa, Zelaya se vio convenenciero y habló de unos con otros para quedar bien según el caso (y por eso salió ‘por patas’, con la ley mordaza aplicándosele en pleno aeropuerto).

Que Zelaya dé gracias a Dios de que los golpistas no lo mataron y que deje de hacer el ridículo, dejando a su país en el más bananero y tercermundista de los papeles.

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