viernes, 19 de junio de 2009

Discriminación de metro

En serio que la discriminación está tremenda en todos lados. Uno pensaría ‘Pobres los pobres porque los hacen menos’, ‘Pobres los negros porque les hacen el feo’, o ‘Pobres las mujeres porque las ningunean’, pero en realidad los grupos vulnerables ya no son los de siempre y la discriminación se extiende a nuevos segmentos de población. Verán por qué lo digo:

Hace unos días, César esperaba el metro en la estación Allende. Como marca la norma, aguardaba su turno para entrar al vagón mientras la gente desalojaba. Cuál fue su sorpresa cuando un fulano, por no querer esperar, se aventó y se le plantó en frente para ingresar salvajemente.

César le hizo notar su falta de civismo, a lo que el tipo primero guardó silencio (que es lo mejor que podía hacer), pero luego, envalentonado por la compañía de un amigo, decía en voz alta: ‘Yo me siento mucho porque tengo mi casa con alberca’, y tonterías por el estilo, aludiendo a que como César vestía traje, seguro era un pudientillo que, desde su miope óptica, nada tenía que hacer en el metro.

En otra ocasión me pasó algo similar: viajaba también en metro, el vagón iba llenísimo y yo estaba parada en la zona ‘entre asientos’ para no hacer mosca. De repente sentí un súbito empujón, volteé de reojo y me percaté que acababa de subir una micro ñora albondiguesca que se situó a mi espalda. Y empujaba, y empujaba, y empujaba, y yo ya estaba harta de tenerla incrustada, harta en serio, al grado que con toda la fuerza del lomo, le metí un empujón que le hizo reaccionar gritando indignadamente ‘Qué te pasa’, yo ‘Qué te pasa a ti, deja de empujar’.

Total que acabó lanzándome comentarios, disfrazados de plática con su amiga que sí iba sentada, tales como ‘Sí, esta gente no quiere que le toques la ropa que compra en Liverpool, o hasta en Palacio…’.

No lo puede uno creer… en serio que la discriminación se da hasta por lo que se come, por la música que escucha, por la forma de caminar, por el peinado, el color de piel, los ejercicios que practica, etcétera, etcétera.

Siendo sinceros, pienso que la discriminación siempre ha existido y tristemente existirá, pero está en uno no dejarse y hacer frente a los discriminadores, porque cada grupo al que hacen menos tiene suficientes armas para encararlos. Adicionalmente, esos últimos tienden a ser la gente más acomplejada, insegura y nefasta, que discrimina para que los demás no se percaten de lo que a ellos les hace sentir menos. Son blancos fáciles a combatir, así que no hay que hacerles mayor caso.

Y ahí les va otra, y esta es de tiempo atrás: cuando la huelga de la UNAM, dos fulanas se subieron al vagón para dormir a la gente con sus pseudo argumentos pro-paro. Uno es capaz de tolerar eso una o dos estaciones. Pero pasaban y pasaban las paradas y nada que se bajaban. Con la pena, que me sale el lado más ‘rebel’ y que les lanzo una: ‘Liberen a la Universidad’, y lo que empezó como un debate ideológico terminó en que ellas me dijeran ‘Tú, burguesa, vete a la Ibero’, y como no me dejé, de plano me vi claridosa y les dije ‘Y ustedes báñense, piojosas’, jajajaja. Eso sí, al día siguiente temía que las muy violentas me estuvieran esperando en el andén…).

1 comentario:

cecy dijo...

Mi querida Lety, concluyo: séquito de resentidos sociales.