20 de enero de 2009, Washington, D.C. Cerca de dos millones de personas expectantes en las calles a una temperatura de -7° C, emanando un calor humano que sobrepasaba cualquier pronóstico. Banderas y pendones colgando por doquier. Era la víspera de un hecho sin precedentes: la toma de posesión de Barack Obama, el primer presidente negro en la historia de Estados Unidos.
Desde su perfil biográfico, Obama parece salido de páginas mesiánicas: ¿qué familia blanca, estadounidense, apoyaría en los años cincuenta del siglo XX el matrimonio de su hija con un negro keniano?... Pues los abuelos de Obama lo hicieron, dando lugar a un hogar multicultural, respetuoso e incondicional, donde creció y se formó como el ser humano que es y que está llegando a la Casa Blanca.
Qué oratoria la de Obama, qué aplomo y qué forma de recordar y rendir homenaje a los grandes luchadores de los derechos sociales de los negros en ese país. Emulando a Abraham Lincoln, el nuevo presidente recorrió en tren la ruta Illinois-Washington, además de jurar sobre la misma Biblia que utilizó el presidente abolicionista en 1861. Y a la manera de Martin Luther King Jr., Obama desarrolló trabajo comunitario en claro exhorto a que la gente haga algo por el bienestar de los demás.
En serio que la llegada de Obama al poder es algo increíble, cuando hace menos de cincuenta años los negros ni siquiera podían sentarse en un autobús, estudiar en ciertas escuelas o comer en determinados establecimientos. En este momento se siente que la humanidad sí puede avanzar, que es posible un cambio (esperemos que no sólo de forma, sino también de fondo), que los ideales deben estar siempre a la mano porque no sabemos cuándo puedan concretarse.
Tal vez mañana EU termine la invasión a Irak, o promueva sanciones contra Israel por arrasar Gaza, o termine el embargo contra Cuba, o firme un nuevo protocolo ambiental que sustituya a Kyoto y en el cual se hagan responsables los estadounidenses de sus cuotas de contaminación al planeta…
Todos queremos a Obama. Todos parecemos vitorearlo a la voz de Yes we can (que es el mismísimo Sí se puede de nosotros, sólo que acá ‘no se ha podido’…). Todos tenemos puesta la esperanza en lo que haga ese hombre de apenas 47 años, que parece sostener sobre sus hombros la responsabilidad de salvar al mundo.
Todo ha sido tan emotivo que parece la cristalización del Imagine de John Lennon: el mundo como un lugar sin distinciones, sin países, sin diferencias. Ya no más uno solo, en aislamiento, sino todos unidos bajo los mismos ideales de paz y prosperidad para la humanidad. Sólo un cielo, todos soñadores.
Eso sí, cautela: no hay que olvidar que Barack Obama también es un hombre de carne y hueso, que se posiciona en un entorno dado y que intereses de partido, de grupo, de empresa, internos, externos, etc… incidirán en su desempeño. Pero definitivamente cuenta con el espaldarazo del mundo entero.
Por lo pronto, a soñar un poco más, que la era Obama está por comenzar.
Desde su perfil biográfico, Obama parece salido de páginas mesiánicas: ¿qué familia blanca, estadounidense, apoyaría en los años cincuenta del siglo XX el matrimonio de su hija con un negro keniano?... Pues los abuelos de Obama lo hicieron, dando lugar a un hogar multicultural, respetuoso e incondicional, donde creció y se formó como el ser humano que es y que está llegando a la Casa Blanca.
Qué oratoria la de Obama, qué aplomo y qué forma de recordar y rendir homenaje a los grandes luchadores de los derechos sociales de los negros en ese país. Emulando a Abraham Lincoln, el nuevo presidente recorrió en tren la ruta Illinois-Washington, además de jurar sobre la misma Biblia que utilizó el presidente abolicionista en 1861. Y a la manera de Martin Luther King Jr., Obama desarrolló trabajo comunitario en claro exhorto a que la gente haga algo por el bienestar de los demás.
En serio que la llegada de Obama al poder es algo increíble, cuando hace menos de cincuenta años los negros ni siquiera podían sentarse en un autobús, estudiar en ciertas escuelas o comer en determinados establecimientos. En este momento se siente que la humanidad sí puede avanzar, que es posible un cambio (esperemos que no sólo de forma, sino también de fondo), que los ideales deben estar siempre a la mano porque no sabemos cuándo puedan concretarse.
Tal vez mañana EU termine la invasión a Irak, o promueva sanciones contra Israel por arrasar Gaza, o termine el embargo contra Cuba, o firme un nuevo protocolo ambiental que sustituya a Kyoto y en el cual se hagan responsables los estadounidenses de sus cuotas de contaminación al planeta…
Todos queremos a Obama. Todos parecemos vitorearlo a la voz de Yes we can (que es el mismísimo Sí se puede de nosotros, sólo que acá ‘no se ha podido’…). Todos tenemos puesta la esperanza en lo que haga ese hombre de apenas 47 años, que parece sostener sobre sus hombros la responsabilidad de salvar al mundo.
Todo ha sido tan emotivo que parece la cristalización del Imagine de John Lennon: el mundo como un lugar sin distinciones, sin países, sin diferencias. Ya no más uno solo, en aislamiento, sino todos unidos bajo los mismos ideales de paz y prosperidad para la humanidad. Sólo un cielo, todos soñadores.
Eso sí, cautela: no hay que olvidar que Barack Obama también es un hombre de carne y hueso, que se posiciona en un entorno dado y que intereses de partido, de grupo, de empresa, internos, externos, etc… incidirán en su desempeño. Pero definitivamente cuenta con el espaldarazo del mundo entero.
Por lo pronto, a soñar un poco más, que la era Obama está por comenzar.
1 comentario:
Al menos en E.U.A. hay una esperanza, ojalá y acá pasara lo mismo, pero la verdad con los politiquillos que tenemos, lo dudo.
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