viernes, 9 de enero de 2009

Día de Reyes

Un año nuevo empieza: nuevos bríos, pilas bien puestas y muchos proyectos cargados en las maletas del ‘recién llegado’. Y con los primeros días vienen también los Reyes Magos, esa tradición tan especial que año con año dibuja las sonrisas de niños y adultos.

Las Escrituras señalan que la celebración gira en torno a la adoración a la que fue sujeto el Niño Jesús por parte de los Reyes Magos. En ese contexto, un mago era un sacerdote o sabio persa o babilonio que se dedicaba al estudio de la astronomía y la astrología.

De acuerdo a estudios recientes realizados en la Pontificia Universidad Gregoriana, en la antigua astrología, Júpiter era considerado la estrella del Príncipe del mundo, la constelación de Piscis simbolizaba el final de los tiempos y, en Oriente, Saturno se tomaba como la estrella de Palestina. Así, cuando Júpiter se encontrara con Saturno en la constelación de Piscis, significaría que 'el Señor del final de los tiempos’ aparecería ese año en Palestina.

Es muy probable que esas conjunciones se dieran al momento del nacimiento de Jesús, los Reyes Magos lo supieron y de esa manera se justifica que hayan realizado un viaje de miles de kilómetros desde Oriente hacia Jerusalén para rendir homenaje al Mesías.

Aunque el Evangelio no señala número, nombres o raza de los famosos personajes, la Iglesia indica que fueron tres sabios, de nombre Melchor, Gaspar y Baltasar, quienes llevaron oro, incienso y mirra para adorar al recién nacido.

En nuestro tiempo, continúa la tradición de entregar regalos en conmemoración a esa noche de Epifanía o manifestación, en la cual los Reyes Magos conocieron y llevaron obsequios a Jesús. Todo empieza con la redacción de una cartita para que Melchor, Gaspar y Baltasar estén al tanto del regalo que quieren recibir los pequeñines. Esa carta se coloca en el árbol de Navidad y de repente, ¡zaz! los Reyes van por ella para saber qué regalar la mañana del 6 de enero.

Pero de unos años a la fecha, un nuevo rito se ha extendido: la de enviar la carta a los Reyes Magos a través de un globo. De esta manera, no es extraño que cientos de miles de globos de todos colores enmarquen cada esquina de la ciudad. ¡Qué especial es ver a los niños eligiendo su globo para posteriormente soltarlo con la cartita amarrada, con un sinfín de ilusiones surcando los cielos!

Y qué decir de la Rosca de Reyes: es padrísimo ver que no importa la situación socioeconómica, ni la edad, ni nada, porque todos disfrutamos de una buena rebanada de rosca, expectantes ante la aparición de la figura del Niño Jesús (que no ‘mono’ ni ‘muñeco’, jaja) para ver quién auspiciará los tamales del 2 de febrero, Día de la Candelaria – en su momento veremos qué onda con esa celebración –.

Pero volviendo al punto, no seamos tímidos: tomemos un globo, lancémoslo al cielo y pidamos un deseo el 5 de enero de cada año: tengan la certeza de que los deseos de Reyes SIEMPRE se cumplen, lo dice la voz de la experiencia!!!!

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