viernes, 5 de diciembre de 2008

La víspera navideña en la Ciudad de México

El gobierno del Distrito Federal se inspiró y la víspera navideña se instaló en las inmediaciones del Centro Histórico. Por segundo año consecutivo hay una pista de hielo en el Zócalo, con sus respectivas gradas a los lados para que la gente pueda observar a los patinadores.

La novedad es que pusieron un árbol de Navidad enorme, con más de doscientas mil luces y adornos anaranjados, toboganes y, al parecer, una villa donde la gente puede jugar con nieve natural.

En los noticiarios pasaban algunas escenas de lo que fue la inauguración por parte de autoridades y patrocinadores y lo cierto es que lució muchísimo: el árbol a todo lo que daba, los edificios históricos de los alrededores con esa maravillosa iluminación que le ponen cada año con nochebuenas, estrellas y campanas en luces de colores, y la pista enmarcada por fuegos artificiales.

Dejando a un lado si el evento inaugural de la pista fue un montaje televiso de pacotilla o si el hecho de colocar todo eso es mero populismo, lo cierto es que hay que darse una vuelta por esos lares para ver lo contenta que está la gente con esas instalaciones. El año pasado César y yo pasamos por ahí algunas veces y el ambiente era festivo, cordial, 100% familiar, sin el acelere de costumbre.

Sí son varios millones los que se invierten, pero hay que recordar que parte de la función del gobierno es procurar el bienestar de la población y ese bienestar incluye el entretenimiento.

Es muy probable que buena parte de las personas que van a patinar al Zócalo no puedan pagar los 65 pesos que cuesta una hora en una pista privada, y menos sumarle 45 pesos por contar con la asesoría de un profesor de patinaje, y menos si va toda la familia porque los 110 pesos se multiplican por 3, 4 o 5. En el Zócalo tienen todo eso y la posibilidad de ir diariamente o incluso varias veces en un mismo día sin costo alguno.

Si no fuera por la pista de hielo y la villa instalados en el Centro Histórico, sería muy difícil que esa gente conociera el patinaje y la nieve. Lo mismo pasó con las playas públicas: suena medio folclórico y todo que las pongan, pero la verdad es que mucha gente no conocería siquiera la arena si no fuera por esos sitios (con todo y el chapopote que pusieron para ‘impermeabilizar’ el interior de las albercas…).

Contar con esa gama de actividades inverno-navideñas en el Zócalo genera mayor convivencia familiar y un sano esparcimiento, lo que tiende a fomentar una mejor ciudadanía – aunque eso sea temporal…–, al tiempo que se rescata el espacio público. Y no dudo que uno que otro vaguillo se entretenga en patinar en lugar de hacer maldades.

Y los que no nos cansamos de admirar el Centro Histórico de la Ciudad de México, podemos aprovechar para darnos una vuelta por ahí, disfrutar la iluminación y luego tomar un buen chocolate con churros en El Moro, o un capuchino con pastel en Los Azulejos, mmm!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

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