viernes, 21 de noviembre de 2008

La mediocridad declarada de la selección nacional

Sinceramente nunca pensé escribir nada en relación a la selección nacional de futbol soccer de nuestro país (y me refiero a ella en minúscula porque literalmente no está a la altura). Me parece que es perder el tiempo, que no vale la pena hacerlo. Sin embargo, luego de la vergonzosa afrenta del miércoles, perdiendo 1-0 por autogol contra Honduras - ¡para colmo Honduras, por Dios, eso ya fue un exceso…! –, en las eliminatorias rumbo al Mundial de Sudáfrica 2010, no podía pasar por alto la mediocridad que han demostrado.

Entrenadores van y entrenadores vienen. Que Lavolpe era un vividor fanático del feng shui… fuera!! Que Hugo no dio el ancho… fuera!! Y ahora el sueco, de nombre casi impronunciable y que muy a tono ni siquiera habla español, a quien yo ya hubiera despachado después de hacer papelazo tras papelazo en partidos oficiales, amistosos y donde se pare.

En cuanto a los jugadores, que si Cuauhtémoc Blanco ya no está para la selección, que si deben entrar los nacionalizados, que hay que darle oportunidad a las jóvenes ‘promesas’, que hay que renovar al equipo técnico de tajo porque está viciado… y nada funciona!!

Mucho se precian de que este o aquel juegan en la liga alemana, española, británica u holandesa. En teoría eso sucede porque su nivel es de primera y por eso llama la atención su trabajo en la cancha. Lo cierto es que de nada sirve al futbol mexicano que esos deportistas estén allá si no dan resultados al jugar en el contexto de la selección. Los únicos beneficiados son los mismos futbolistas por recibir ingresos en euros y porque de ahí se lanzan al escaparate publicitario de los contratos con las grandes marcas – como el antipático de Rafael Márquez y su permanente pleito con la regadera, ajt… –.

Retomo esto de la selección luego de pensar que esto va más allá de lo deportivo, de los directores técnicos que se forran de dólares sin comprometerse realmente con la causa, de la mafia de las televisoras que son propietarias de varios equipos: es simplemente cuestión de actitud.

Una cara positiva frente a cualquier situación hace la diferencia. Y lo positivo va acompañado de dinamismo, auto confianza, planeación, responsabilidad, tesón y trabajo en equipo.

La selección nacional presenta justamente el lado opuesto: lo negativo, lo mediocre, la falta de compromiso, el ‘ahí se va’, lo improvisado y todos los vicios que caracterizan la faceta más oscura del mexicano. Y es que podremos tener varias estrellitas mexicanas jugando en Europa, pero su individualismo no aporta nada a la selección como un conjunto.

Y abusan todos esos infelices vinculados a la selección porque saben que la gente siempre apoya. No estoy diciendo que debamos irle al equipo contrario, pero sí que seamos más exigentes, que hagamos una especie de ‘ley del hielo’ no viendo los partidos, no apoyando incondicionalmente a la selección, para que finalmente toque fondo y tome conciencia de que los aficionados merecen respeto y un buen nivel futbolístico. Porque más allá de ganar o perder, sus partidos se han vuelto simplemente patéticos. Ni más, ni menos.

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